El PP europeiza la crisis de Ceuta y tensa el pulso con Vox por el relato migratorio de la derecha. La ofensiva desplegada en Bruselas por Alberto Núñez Feijóo ha roto el guion del Gobierno, que aspiraba a reducir el conflicto a una emergencia humanitaria y a un problema de gestión.
Según la información publicada este jueves por Libertad Digital, la maniobra ha convertido la ciudad autónoma en un asunto de dimensión internacional y deja al descubierto la competencia interna de la derecha. El PP y Vox pugnan por capitalizar el descontento con la política migratoria ante un Ejecutivo que ha perdido la iniciativa.
La Comisión Europea reafirmó esta semana su compromiso con Ceuta por ser frontera europea, en palabras de su presidenta, Úrsula von der Leyen, después de que el comisario europeo Magnus Brunner reclamara la devolución rápida de los inmigrantes. El Parlamento Europeo decide este mismo jueves si responsabiliza a Marruecos y si califica lo ocurrido como ataque híbrido. Es una etiqueta que el Ejecutivo de Pedro Sánchez rechaza por su coste diplomático.
El diagnóstico de Vox: Ceuta es frontera exterior y el apaciguamiento se ha agotado
El argumentario que Vox mantiene desde el primer día de la crisis descansa en una premisa que Bruselas ha acabado asumiendo en parte: Ceuta no es una contingencia local, sino la frontera terrestre de la Unión Europea con Marruecos. El partido sostiene que Rabat ha convertido la presión migratoria en un instrumento de negociación permanente y que la respuesta del Gobierno, basada en la contención y en el silencio diplomático, ha funcionado como un incentivo.
La calificación de ataque híbrido que discute la Eurocámara encaja con ese diagnóstico y exige, a juicio de la formación, una respuesta de Estado y no un reparto de culpas entre administraciones. De ahí que reclame a Bruselas un papel activo en la vigilancia del perímetro —la agencia europea de fronteras, Frontex, entró tarde en escena— y que exija al Gobierno algo más que gestionar la emergencia.
En paralelo, Vox presiona para que el PP no se quede en el reparto de menores entre comunidades autónomas, una competencia que la ley atribuye a la Delegación del Gobierno y, por tanto, al Ejecutivo central. El partido entiende que el problema de fondo no es logístico, sino político, y que la respuesta debe fijarse en Bruselas y en Madrid al mismo tiempo.
Bruselas ha acabado validando parte del diagnóstico que Vox sostiene desde el primer día: Ceuta es frontera europea y el problema no se resuelve repartiendo menores.
Qué busca Feijóo en Bruselas y dónde están los límites de su operación
El PP ha construido su ofensiva europea con una agenda propia. Feijóo ha visitado Ceuta tres veces desde el inicio de la crisis. Volverá el próximo lunes, acompañado esta vez por el presidente del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, y este mismo jueves se reúne con el comisario Brunner.
El Gobierno ha respondido con contraprogramación y con un rosario de errores de comunicación. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, se reunió en Bruselas con las mismas autoridades europeas que habían recibido al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, que volvió a señalar a Marruecos y a reclamar ayuda a Europa. El Ejecutivo intentó después derivar la presión hacia las comunidades del PP, mientras Bruselas pedía que no hubiera traslados a la península.
A eso se suma un retraso de un mes en la activación del Consejo de Seguridad Nacional, la petición de intervención de Frontex y la movilización de las ayudas europeas, un calendario que el PP ha convertido en argumento. El Gobierno admite ahora que estudia instalar carpas para acoger a 10.000 inmigrantes, una cifra que contradice sus propios mensajes y el plazo de tres meses que se dio para resolver la crisis.
Los límites de la operación del PP son evidentes. Señalar a Rabat incomoda al Ejecutivo porque las relaciones diplomáticas son competencia del Gobierno central, y coloca al PP en un terreno que Vox venía ocupando desde antes. Queda una pregunta incómoda para los populares: si Europa puede corregir a Marruecos, ¿por qué el Gobierno no ha traducido esa presión en resultados?
Qué se juega Vox en el pulso por el relato
El precedente más cercano es la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que se desatascó con la mediación europea cuando el PP y el PSOE aceptaron a Bruselas como garante. El PP busca ahora el mismo amparo institucional para desgastar a Sánchez, y esa vía le permite reivindicar un perfil presidencialista sin entrar en el terreno donde Vox tiene ventaja: el diagnóstico duro sobre inmigración y soberanía.
Vox afronta el tramo final de la crisis con una lectura doble. Le conviene que la Comisión Europea y la Eurocámara hablen de frontera exterior y de ataque híbrido, porque acredita el marco que el partido instaló antes que nadie. Le incomoda, en cambio, que el PP capitalice el giro: si Feijóo aparece como el político que ha llevado el asunto a Bruselas, Vox pierde la propiedad de un relato que considera suyo.
De ahí que el partido vaya a redoblar la presión en las próximas semanas. La cuarta visita de Feijóo a Ceuta, prevista para el lunes 21 de septiembre junto a Weber, será el primer termómetro, con la votación de la Eurocámara ya en marcha. Vox no tiene intención de bajarse del diagnóstico que Bruselas ha empezado a asumir. El ciclo electoral que viene pondrá precio a cada posición en la derecha.

