Santiago Abascal aparca el discurso del procés en Catalunya y sitúa la inmigración en el centro del mensaje de Vox. El presidente de la formación arrancó este jueves en Lleida una visita de dos días que cierra este viernes en Barcelona bajo un marco explícito: ‘civilización o barbarie’.
El líder de Vox, acompañado del secretario general, Ignacio Garriga, trasladó a la sociedad catalana que el debate identitario sobre su encaje con España ya no tiene razón de ser. En sus declaraciones a los medios, defendió que ‘la discusión entre catalanes, castellanos o vascos —recordando que él lo es— ya no cabe’ en la escena política. Lo que afronta Catalunya, sostuvo, es otra cosa: una elección entre civilización y barbarie.
Qué defiende Abascal y por qué deja atrás el discurso del procés
Para la dirección de Vox, el eje del mensaje es nítido: la política migratoria. Abascal enmarcó el momento actual como una ‘elección entre la prosperidad o la ruina, una amenaza de supervivencia’ y situó ese dilema por encima del antiguo eje territorial. La lectura del partido es que el votante catalán ya no dirime su voto en clave de encaje con España, sino en clave de orden, seguridad y servicios públicos.
El presidente de Vox enumeró las consecuencias que, a su juicio, arrastra esa situación: el colapso sanitario, las dificultades de acceso a la vivienda, la bajada de salarios y la inseguridad ciudadana. Como ejemplo inmediato citó la pelea registrada el miércoles en Lleida entre personas de origen pakistaní, que se saldó con cinco heridos. También se refirió a la crisis de Ceuta para advertir de que ‘Catalunya, Melilla, Valencia y cada vez más regiones’ comparten, según su diagnóstico, una misma amenaza, que describió como invasión migratoria.
Los tres pilares sobre los que se construye el discurso son la prioridad nacional, la desregulación y la remigración (la devolución o expulsión de inmigrantes en situación irregular, un término que la formación reivindica como propio). El GPVOX quiere trasladar esas tres ideas a pie de calle, con actos de pequeño formato en distintos barrios de los municipios del área metropolitana de Barcelona.
El marco elegido no es cosmético: desplaza el eje territorial por el migratorio y lleva la batalla al terreno donde Vox cree que el PSOE es más vulnerable.
Qué recorrido tiene ese mensaje y con quién compite por ese voto
La apuesta no se juega en solitario. En el horizonte inmediato, Aliança Catalana no tiene previsto, en principio, presentarse a las elecciones generales, lo que despeja parte del flanco por el que Vox quería competir. La frontera electoral, en cambio, está en el PP: la dirección asume que una parte del electorado que persigue procede del espacio popular, aunque insiste en que su objetivo real son los feudos socialistas.
Los sondeos que maneja la formación alimentan ese cálculo. Vox aspira a lograr seis escaños por Catalunya en las próximas generales, frente a los dos que obtuvo en 2023. La dirección considera que ese resultado sería determinante para facilitar un cambio político en España, y de ahí que la comunidad pase a ser territorio prioritario en su estrategia de cara al próximo ciclo electoral.
El terreno elegido es el área metropolitana, el llamado cinturón rojo que el partido dice querer convertir en verde. El diagnóstico interno apunta a un electorado permeable: votantes ‘hijos’ del tradicional votante socialista, ahora críticos con la inmigración y preocupados por la inseguridad, que pueden sentirse abandonados por el PSOE. Ese trasvase, y no el antiguo debate sobre el encaje de Catalunya, es lo que Vox mide en cada acto de barrio.

La lectura estratégica: por qué Vox juega Catalunya contra el feudo de Sánchez
Hay un cálculo de fondo que explica el cambio de énfasis. Catalunya es el territorio donde Pedro Sánchez ha construido buena parte de su mayoría, y erosionarlo tiene un valor doble: resta apoyos al PSOE y tensa al PP, obligado a defender un espacio que Vox le disputa por la derecha.
No es una maniobra nueva. Las rupturas de los gobiernos de coalición autonómicos con el PP dejaron una relación marcada por la desconfianza mutua. En ese marco, cada elección se convierte en una forma de fijar precio a futuras investiduras.
El riesgo para Vox está en la dispersión del voto útil y en la capacidad del PP de capitalizar el mismo descontento. La contradicción del adversario, subrayada por la dirección del partido, es que el PSOE gobierna Catalunya con un discurso sobre inmigración que sus propios votantes metropolitanos discuten, mientras sus socios de investidura marcan la agenda territorial. Ahí es donde la formación sitúa la oportunidad.
Con el acto central de este viernes en Barcelona concluye una gira que Vox quiere replicar en más territorios. La formación llega con un mensaje unificado, el de la prioridad nacional frente a la inmigración irregular, y con la vista puesta en un ciclo electoral en el que Catalunya deja de ser un problema identitario para convertirse en un campo de batalla electoral. La incógnita, que solo resolverán las urnas, es si ese desplazamiento de eje basta para arrebatar al PSOE lo que considera su terreno más sólido.
