Vox ha logrado que el Parlamento andaluz apruebe un posicionamiento sobre Ceuta que reafirma la soberanía española, con el respaldo del PP.
La Cámara andaluza ha dado luz verde a la proposición no de ley registrada por el Grupo Parlamentario VOX, una PNL (Proposición No de Ley, un instrumento que fija la posición política del Parlamento sin valor normativo directo), en una jornada que ha terminado con un cruce de insultos entre los grupos. Se trata del primer posicionamiento de la legislatura sobre la crisis de la ciudad autónoma.
El debate lo abrió la diputada de Vox María Eiberle con una frase que resume el tono del nuevo curso político: ‘¡Aquí no cabe la moderación!’. La dirigente andaluza planteó la discusión como un pulso entre ‘los invasores y los españoles’ y sostuvo que la izquierda andaluza ‘pertenece a la mafia del traidor Sánchez’.
Qué propone Vox y con qué argumentos
La iniciativa de Vox conjuga dos facetas. La primera reafirma la soberanía española de Ceuta y Melilla y el rechazo a las pretensiones de Marruecos sobre territorio español. La segunda condena las declaraciones de ministros marroquíes sobre las dos ciudades autónomas.
El texto original incorporaba además la crítica a la tibieza del Gobierno de Pedro Sánchez en el conflicto con el reino alauita y la petición de cese del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Los grupos de la izquierda cercenaron ambos puntos en el trámite previo, de manera que la Cámara se ha pronunciado solo sobre las partes de mayor consenso.
La votación obliga a la izquierda andaluza a retratarse sobre la soberanía de Ceuta, un terreno donde el rechazo en bloque resulta difícil de sostener.
Qué respaldo tiene la iniciativa y cómo responde la izquierda
La iniciativa ha salido adelante con los votos de PP y Vox, que suman 68 diputados de 109 en la Cámara andaluza. El PSOE de María Jesús Montero, Por Andalucía y Adelante Andalucía lo han rechazado. La semana anterior, esos mismos grupos habían vetado una iniciativa similar del PP, con el argumento de que era un subterfugio para atizar al Ejecutivo central.
Durante la sesión, la segunda del Pleno tras las elecciones del 17 de mayo, el ambiente ha derivado en un estallido de insultos. El vicepresidente primero de la Junta y consejero de Turismo y Justicia, Manuel Gavira, ha llamado ‘puteros’ a los socialistas después de que estos calificaran a Vox de partido de ‘machistas y racistas’. La presidenta de la Cámara, la popular Ana Mestre, ha ordenado borrar del diario de sesiones los calificativos cruzados, mientras el PSOE ha elevado un escrito de queja por su supuesta falta de imparcialidad.
El coordinador federal de Izquierda Unida y portavoz de Por Andalucía, Antonio Maíllo, ha comparado el discurso de Vox con ‘los nazis’ y ha reprochado a Eiberle que llevara ‘un crucifijo colgado del cuello’ olvidando la ‘compasión cristiana’. También ha afeado a la formación que no mencionara a los migrantes fallecidos en el mar.
La estrategia de Vox en el pulso con el PP
La maniobra encaja en la estrategia de Vox de instalar la crisis de Ceuta en todas las instituciones a su alcance. El mismo jueves, el Parlamento Europeo debatía una iniciativa impulsada por populares y grupos conservadores para denunciar la ‘instrumentalización de los migrantes irregulares’ como ‘herramienta de guerra híbrida’ y defender que la ‘soberanía e integridad territorial de Ceuta y Melilla deben respetarse’.
En paralelo, la situación en la ciudad autónoma sigue sin resolverse. Alrededor de 3.000 menores permanecen hacinados en Ceuta y las comunidades gobernadas por el PP, incluida Andalucía, se han negado a acogerlos de forma provisional. El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, tampoco ha activado el convenio bilateral firmado con el PP andaluz en 2024 para contingencias migratorias.
Para Vox, el posicionamiento andaluz es un paso más en su ofensiva por la soberanía y en su presión al PP por la derecha. El precedente de 2019, cuando la irrupción de Vox en el Parlamento andaluz inauguró el primer Gobierno de Juanma Moreno, anticipa el tono bronco de una legislatura marcada por las próximas elecciones generales. El reto para el PP es sostener ese frente común sin perder el perfil moderado que reivindica, mientras la izquierda trata de rentabilizar cada exceso verbal. La próxima cita parlamentaria medirá si el entendimiento se consolida.
