La dirección nacional de Vox ha activado esta semana un proceso disciplinario que culmina con la expulsión de la concejal en el Ayuntamiento de Madrid, Carla Toscano, y del que fuera su jefe de filas en la capital, Javier Ortega Smith. Ambos han anunciado que llevarán su salida del partido a los tribunales al entender que el procedimiento ha sido irregular. La cúpula de Santiago Abascal, sin embargo, sitúa la medida en el terreno de la disciplina interna y de la defensa de la coherencia en una de las señas de identidad irrenunciables de la formación: su apoyo sin fisuras al Estado de Israel.
El pilar estratégico de Vox: el respaldo a Israel y la disciplina interna
La postura de Vox respecto a Israel no es un elemento accesorio de su política exterior, sino un eje vertebrador desde los tiempos en los que Rafael Bardají diseñó las líneas maestras de las relaciones internacionales del partido. En la actualidad, Jorge Buxadé, eurodiputado y principal referencia en la Eurocámara, ha votado a favor de Israel en el 99 % de las resoluciones y medidas referentes a Oriente Medio, según el informe de la Coalición Europea por Israel. Un compromiso que el propio Santiago Abascal escenificó con su visita a Jerusalén en plena ofensiva militar israelí, en un gesto que muy pocos líderes europeos se atrevieron a realizar.
La dirección de Vox sostiene que la cohesión en la agenda exterior es fundamental para que el partido sea percibido como un actor fiable y predecible, tanto ante aliados internacionales como ante los electores. En este sentido, cualquier declaración pública que contradiga la línea oficial supone, en la práctica, una quiebra de la disciplina que el Comité Ejecutivo Nacional está decidido a atajar. Fuentes del partido consultadas por Moncloa.com insisten en que no se trata de un simple debate de opiniones, sino de la obligación de todos los cargos públicos de alinearse con una estrategia que cuenta con el respaldo mayoritario de la militancia.
A esta tesis se suma el hecho de que el partido conservador Likud, del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, solicitó su ingreso como observador en Patriotas por Europa —el grupo que comparten Le Pen, Orbán y Abascal— durante la cumbre organizada por Vox en Madrid en febrero de 2025. Ese respaldo institucional demuestra, a juicio de la cúpula, el acierto de mantener una posición clara y sin matices.
Las consecuencias de las disidencias: expulsiones y reacciones judiciales
La expulsión de Carla Toscano ha sido la gota que ha colmado una serie de desavenencias que se arrastraban desde hacía meses. La ya exconcejala publicó en sus redes sociales un mensaje que denunciaba el “asedio incesante” que sufren los cristianos en localidades como Taybeh (Cisjordania) por parte de colonos israelíes, una crítica que la dirección interpretó como un ataque directo a la línea oficial. El tuit, además, fue republicado por la cuenta del grupo municipal de Vox en Madrid, controlado por Javier Ortega Smith, y por otros exdirigentes como Víctor González, lo que evidenció la existencia de un sector que cuestionaba la subordinación a la agenda del Gobierno de Netanyahu.
La respuesta del partido no se ha hecho esperar: tanto Toscano como Ortega Smith han sido apartados mediante un procedimiento que la afectada califica de “ilegal” y “sin garantías”. El Comité de Garantías de Vox —cuya composición ha sido puesta en duda por la propia Toscano, que señala la presencia de Marcela Reigía, hermana de la vicepresidenta de Acom— ha tramitado los expedientes de forma acelerada. La dirección del partido defiende la legalidad del proceso y recuerda que los estatutos permiten sancionar las conductas que perjudiquen la imagen pública de la formación.
Más allá de los recursos ante la justicia ordinaria, las expulsiones han provocado un terremoto en el grupo municipal de la capital, que queda descabezado a apenas unos meses de que se reactive el calendario electoral. No obstante, la dirección nacional confía en que la reorganización del grupo en el Ayuntamiento de Madrid permita recomponer la actividad sin que el mensaje político se vea contaminado por el ruido interno.
Vox se ha consolidado como el partido europeo que más ha votado a favor de Israel: una posición que la dirección considera irrenunciable.
¿Qué busca Vox con estos movimientos? Lectura estratégica
Analizar estas expulsiones como meras purgas sería simplificar una operación que, en el fondo, busca blindar uno de los principales activos de la formación en el tablero internacional. Vox quiere presentarse ante sus socios de Patriotas por Europa y ante el Gobierno israelí como un interlocutor monolítico y predecible, sin fisuras que puedan ser aprovechadas por adversarios políticos o mediáticos. La conexión con ACOM, la principal organización de la sociedad civil que defiende los intereses de Israel en España, es vista por la cúpula como una colaboración natural y, en ningún caso, como una injerencia externa, a pesar de las acusaciones vertidas por los expulsados.
La decisión de prescindir de figuras con tanto peso orgánico como Toscano y Ortega Smith demuestra que la dirección de Santiago Abascal está dispuesta a asumir costes internos con tal de preservar la coherencia estratégica. De hecho, fuentes del partido recuerdan que en otras formaciones europeas de la derecha alternativa, las discrepancias sobre Israel han provocado auténticas crisis de identidad, y que Vox ha sabido sortear ese riesgo manteniendo una línea nítida desde sus orígenes. La apuesta pasa ahora por demostrar que, incluso después de estas salidas, el partido sigue siendo la voz más clara en la defensa de Israel dentro del arco parlamentario español.
