Ataque con drones en la región de Moscú deja cinco muertos y diez heridos

El gobernador Vorobiov confirma el impacto en una zona industrial cerca de Chéjov. Rusia afirma haber destruido 320 drones en 12 horas y denuncia ataques deliberados contra civiles.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Un ataque con drones ucranianos impactó esta madrugada en una zona industrial de la región de Moscú, cerca de la localidad de Chéjov, dejando 5 muertos y 10 heridos.
  • ¿Quién está detrás? Las autoridades rusas atribuyen el ataque a Ucrania, que ha incrementado los bombardeos de largo alcance sobre infraestructura civil rusa en las últimas semanas.
  • ¿Qué impacto tiene? La escalada de drones sobre el corazón de Rusia eleva la presión para una respuesta militar rusa y tensa aún más las conversaciones de paz.

Al menos cinco personas han muerto y otras diez han resultado heridas esta madrugada en un nuevo bombardeo con drones ucranianos sobre la región de Moscú, según ha confirmado en Telegram el gobernador Andréi Vorobiov. El ataque, centrado en una zona industrial de la aldea de Novoselki —a unos 74 km al sur de la capital—, ha provocado explosiones en un almacén y daños en una subestación eléctrica y un edificio administrativo.

Vorobiov ha detallado que los sistemas de defensa aérea repelieron la incursión de varios vehículos no tripulados, pero al menos un dron logró impactar sobre el polígono industrial, causando víctimas por metralla, lesiones torácicas y fracturas. «Uno de los heridos permanece en estado grave y otros siete presentan lesiones moderadas», ha escrito el gobernador, quien añadió que dos personas rechazaron la hospitalización tras ser examinadas. En la localidad cercana de Solnyshkovo, otro dron dañó una vivienda y un vehículo sin causar heridos.

La respuesta de las defensas rusas y el contexto de la escalada

El Ministerio de Defensa ruso ha emitido un comunicado en el que afirma haber destruido 320 drones de ala fija ucranianos en el interior de Rusia durante las últimas doce horas, en más de una docena de regiones, incluida Crimea. La cifra, no verificada de forma independiente, refleja la intensidad de la campaña de largo alcance que Kiev mantiene desde hace meses contra infraestructuras energéticas, bases aéreas y, cada vez más, objetivos civiles en retaguardia rusa.

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El ataque de Novoselki se suma a otro ocurrido el lunes en la localidad costera de Gelendzhik, junto al mar Negro, donde un dron impactó en una playa abarrotada y mató a siete personas, tres de ellas menores. Las autoridades rusas califican estos bombardeos de «actos terroristas que atacan deliberadamente a la población civil». El embajador itinerante Rodión Miroshnik cifró en 49 los civiles fallecidos y más de 340 los heridos en la última semana por ataques ucranianos dentro de Rusia, con el 95% de las víctimas causadas por drones.

En esa misma línea, uno de los episodios más letales se registró en mayo en Starobelsk, en la región de Donbás, cuando varias oleadas de drones derribaron una residencia de estudiantes y mataron a 21 personas, principalmente adolescentes. Moscú ha respondido multiplicando sus bombardeos con misiles y drones sobre el complejo industrial-militar ucraniano, aunque insiste en que sus objetivos son exclusivamente militares, una afirmación que contrasta con los daños documentados en centros urbanos ucranianos.

El 95% de las víctimas civiles de los ataques ucranianos de la última semana han sido causadas por drones, según datos de la diplomacia rusa.

Las imágenes publicadas por el gobernador Vorobiov muestran incendios en varias naves del polígono afectado y daños estructurales. Los equipos de emergencia trabajan en la zona para controlar los focos activos y evaluar los daños. Las autoridades locales han puesto equipos de refuerzo sanitario a disposición de los hospitales cercanos.

Equilibrio de Poder

La creciente capacidad ucraniana para golpear en el interior de Rusia —con ataques cada vez más profundos y contra bienes civiles— está reconfigurando los cálculos militares y políticos del conflicto. Para Washington, el respaldo a este tipo de operaciones de largo alcance siempre ha sido ambiguo: Estados Unidos ha suministrado sistemas de precisión como ATACMS pero ha limitado su empleo contra territorio ruso reconocido, mientras que el Kremlin interpreta cada impacto como una línea roja difusa. Bruselas, por su parte, observa con preocupación una escalada que podría arrastrar a la OTAN a una espiral de respuesta y contrarrespuesta, sobre todo si un ataque alcanzase infraestructura occidental en el flanco este.

Para España, la situación tiene implicaciones indirectas pero tangibles. Como miembro de la OTAN y anfitrión de las bases de Rota y Morón, nuestro país se sitúa en un tablero logístico delicado. Una intensificación de la guerra con drones y misiles podría aumentar la presión sobre el escudo antimisiles desplegado en Rota o sobre las capacidades de proyección de fuerza de la Alianza. Además, la escalada de bajas civiles rusas y ucranianas tensa la posición exterior de España, que en Naciones Unidas y en el Consejo de Europa debe conjugar el derecho a la legítima defensa de Ucrania con la condena de los ataques contra civiles. En Moncloa son conscientes de que cualquier declaración o voto se leerá en Moscú y en Bruselas con lupa.

A medio plazo, la guerra de drones sobre Moscú y otras ciudades rusas acerca el conflicto a un punto de no retorno. Cada semana que pasa sin que Ucrania deje de golpear retaguardia civil rusa, el Kremlin se verá más obligado a responder con más dureza y quizás contra blancos fuera de Ucrania —una hipótesis que nadie descarta en los cuarteles generales aliados—. La próxima reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, prevista para la semana que viene, será otro termómetro del estado de ánimo internacional ante una guerra que ahora se combate solo con drones pero podría transitar a otros escenarios.

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