EE.UU. agota casi todos sus misiles ATACMS y PrSM en la guerra con Irán

Las fuentes hablan de un agotamiento «casi total» de los ATACMS y de los más modernos PrSM. El Pentágono garantiza la capacidad operativa, pero el desgaste limita la herramienta de disuasión frente a Rusia y, sobre todo, China.

Estados Unidos ha consumido «prácticamente todos» sus misiles tácticos de largo alcance ATACMS y los más modernos PrSM durante los cinco meses de guerra contra Irán, según tres fuentes conocedoras de los datos de inventario. El desgaste ha alcanzado un extremo que hasta ahora no se había revelado y que está generando un intenso debate en el seno de la Administración Trump sobre la capacidad de disuasión frente a futuras crisis.

La guerra, lanzada conjuntamente con Israel en febrero de 2026, iba a ser breve, según la predicción inicial del presidente Donald Trump. Sin embargo, la prolongación del conflicto ha forzado al Mando Central (CENTCOM) a recurrir intensivamente a estas armas de precisión, clave para atacar blancos fuertemente defendidos sin poner en riesgo a los pilotos. Cada misil —cuyo coste supera el millón de dólares— ha sido consumido a un ritmo que los analistas consideran alarmante.

Las fuentes, que hablaron bajo condición de anonimato, no quisieron precisar cuántos misiles ATACMS y PrSM quedan, pero dos de ellas afirmaron que se ha empleado «prácticamente todo» el arsenal de estos sistemas basados en tierra. La información circula desde hace una semana en conversaciones tensas dentro del Gobierno sobre si Estados Unidos puede seguir golpeando Irán sin arrasar unas reservas que también son vitales para disuadir a Pekín y Moscú.

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Un cuarto informante aseguró que CENTCOM ha tenido que reabastecerse con suministros de otras regiones del mundo, aunque el Estado Mayor del Ejército se enfrenta a la cruda realidad de haber vaciado sus depósitos de misiles tácticos de ataque terrestre. El Pentágono, por boca de su portavoz Sean Parnell, sostuvo que «el Ejército de Estados Unidos es el más poderoso del mundo y tiene todo lo necesario para actuar en el momento y el lugar que elija el presidente».

Más allá de la munición ofensiva, otros sistemas defensivos también han sufrido una merma significativa. Un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) estima que entre febrero y julio se gastó el 65 % de los interceptores Patriot y que las reservas de interceptores antimisiles THAAD han caído al menos un 38 %. Dos de las fuentes confirmaron que las cifras del CSIS coinciden con los datos internos.

La Marina tampoco ha salido indemne: uno de los informantes reveló que se ha consumido poco menos de la mitad del suministro mundial de misiles de crucero Tomahawk. Estos misiles, lanzados desde destructores y submarinos, han sido la principal herramienta de la Armada para atacar blancos muy protegidos sin arriesgar pilotos. Raytheon, el fabricante, negocia ya un contrato plurianual con el Pentágono para acelerar la producción, pero los plazos industriales son lentos.

El consumo de misiles de precisión ha sido tan intenso que, según dos fuentes, se han utilizado «virtualmente todos» los ATACMS y PrSM disponibles en el arsenal del Ejército.

La decisión de vaciar el arsenal de largo alcance responde, según una de las fuentes, a la voluntad de la Administración Trump de evitar métodos de ataque más arriesgados, como el uso de aviones tripulados para lanzar bombas. Esta cautela es comprensible ante un adversario como Irán, pero deja al descubierto la dependencia de misiles cuya producción no se ha adecuado a un conflicto de desgaste.

Trump, en una declaración remitida por la Casa Blanca, afirmó que Estados Unidos tiene «muchas más municiones que nadie en el mundo» y que las empresas de defensa están produciendo «más que nunca», ampliando plantas y equipos a niveles récord. Lockheed Martin, que fabrica los ATACMS y PrSM además del sistema antimisiles THAAD, no respondió a las preguntas sobre las declaraciones del presidente ni sobre los niveles de suministro.

Equilibrio de Poder

La erosión de los inventarios de misiles de precisión altera el tablero estratégico en tres frentes. Para Moscú, la noticia llega en un momento en que los ATACMS suministrados a Ucrania ya han demostrado su letalidad. Si las reservas estadounidenses escasean, el flujo hacia Kiev podría resentirse, aunque la propia guerra con Irán compite por los mismos recursos. China, por su parte, observa cómo el arma más eficaz para superar sus densas defensas antiaéreas se consume en Oriente Medio, abriendo una ventana de oportunidad en el Indo-Pacífico. En Europa, el vacío de capacidades estadounidenses reabre el debate sobre la necesidad de una base industrial y tecnológica de defensa autónoma, precisamente cuando se debate elevar el gasto al 5 % del PIB.

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Para España, el impacto es indirecto pero estratégico. La proyección de fuerza estadounidense desde las bases de Rota y Morón depende de un arsenal suficiente. Unas Fuerzas Armadas estadounidenses desgastadas en Oriente Próximo reducen la capacidad de respuesta ante crisis en el Mediterráneo o el Sahel, donde nuestro país tiene intereses vitales. Además, el episodio subraya la urgencia de que los socios europeos —incluida España— dispongan de sus propias reservas de munición de precisión, como los misiles Taurus o SCALP, y aceleren proyectos como el Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS). La guerra de Irán ha sido una prueba de fuego: una campaña de desgaste consume misiles mucho más rápido de lo que las fábricas pueden reponerlos, y la doctrina del «justo a tiempo» no sirve para la artillería del siglo XXI.

A diez años vista, el actual episodio anticipa una carrera por reconstituir los arsenales que dará forma a la industria de defensa. La transición del ATACMS al más moderno PrSM —que se producirá a gran escala a partir de 2027— será insuficiente si no se multiplica la capacidad de producción. La tentación de recurrir a soluciones más baratas, como los drones, no eliminará la necesidad de contar con municiones de precisión que penetren defensas avanzadas. La pregunta que queda en el aire es si Washington podrá mantener su paraguas de disuasión extendida sobre sus aliados mientras rellena sus arsenales vacíos. La próxima Cumbre de la OTAN, con el espinoso objetivo del 5 % sobre la mesa, será el escenario donde se medirá si Europa ha captado el mensaje.