Adiós a las dudas: 4 años usando la freidora de aire y esto es lo que opinamos

Tras cuatro años y tres modelos, confirmo que la airfryer ha cambiado mi cocina: ahorro de aceite, limpieza fácil y patatas crujientes sin freír. Pero el espacio en la encimera y la falsa sensación de 'comida sana' son aspectos que debes tener en cuenta.

Todavía recuerdo el día que probé por primera vez unas patatas en una freidora de aire. Era un cumpleaños familiar, y mi cuñada, entusiasta de los gadgets de cocina, insistió en que probara. Salieron crujientes, cremosas, casi sin aceite. Aquella noche, antes de acostarme, compré mi primera freidora de aire online. Han pasado cuatro años, y aquí estoy para contarte qué ha pasado desde entonces.

En 2022, cuando el boom de las airfryer aún sonaba a moda pasajera, me resistía. Defendía el horno de toda la vida y me negaba a sumar otro trasto a la cocina. Pero aquella prueba con las patatas cambió el guion. Esto es lo que he aprendido en estos años.

El secreto del éxito

  • Horno en miniatura: La airfryer hace prácticamente lo mismo que un horno grande pero en un espacio menor. Calienta mucho más rápido y no caldea la cocina, algo clave en verano cuando puedes sacarla a la terraza.
  • Cambio de mentalidad: He pasado de freír a ‘hornear’ sin apenas notarlo. Las patatas, los nuggets o las verduras ganan en textura sin bañarse en aceite. No es lo mismo que una fritura clásica, pero el paladar se acostumbra y lo agradece.
  • Limpieza y seguridad: Después de hacer patatas, basta con pasar un papel de cocina. Y su facilidad de uso la convierte en un electrodoméstico ideal para mayores o para que los chavales empiecen a cocinar sin riesgo de salpicaduras.

A eso se suman pequeñas ventajas que, según cada casa, pueden ser decisivas. En mi caso, el ahorro de aceite ha sido notable: de consumir unas siete garrafas de 5 litros al año, he bajado a cuatro. La factura se nota. Y aunque no ahorre mucho tiempo frente a un horno —precalentar es más rápido, pero el cocinado en sí no difiere tanto—, la comodidad de no tener que vigilar la sartén es un plus. Eso sí, el ahorro energético no es tan evidente si vienes de usar poco el horno grande, como era mi situación.

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La verdad incómoda

No todo es perfecto. El primer contra es obvio: una freidora de aire grande ocupa un buen trozo de encimera. Si tienes la cocina justa, piensa dónde la guardarás. El segundo, para los apasionados de la repostería: la mayoría de las airfryer carecen de opción sin ventilador, lo que penaliza según qué masas y bizcochos. La mayoría de los platos dulces, sin embargo, sale decente si ajustas tiempos.

Y luego está el desgaste. Las rejillas antiadherentes, con el uso, se van pelando. Limpiarlas a mano es inevitable, y los repuestos son desproporcionadamente caros en relación al precio de la máquina. Me he visto comprando una rejilla nueva por un tercio de lo que costó el aparato.

Además, la fiebre airfryer ha traído un efecto secundario peligroso: muchos creen que, al no usar aceite, los preparados congelados o precocinados se convierten en saludables. Error. Siguen siendo ultraprocesados, con sus grasas y azúcares. A mí me pasó con algunos rebozados de pollo comerciales: antes no los compraba y ahora he coqueteado con ellos, convenciéndome de que ‘al horno valen’. No. El consejo es el de siempre: cocina en crudo.

La freidora de aire no es mágica: ocupa espacio, tiene límites y no convierte la comida basura en saludable. Pero lo que hace bien, lo hace muy bien.

Modelos y usos recomendados

Con los años he tenido tres freidoras, y no porque se estropearan: las he ido regalando a la familia. Mi último modelo, con cesta de 7,5 litros, vidrio transparente y función ahumador, es más silencioso y me permite ver el interior. Si vas a comprar una, mi consejo es que cojas la mayor capacidad posible (6,5 litros o más) y que te fijes en el ruido. No merece la pena para familias grandes, porque un horno con función airfryer les cunde más. De hecho, algunos hornos modernos incorporan un modo airfryer que, con la bandeja perforada, consigue resultados muy parecidos sin ocupar más espacio.

¿Y si eres un purista de las frituras? Olvídate: ninguna freidora de aire iguala el sabor de una fritura en aceite bien hecha. Pero para el día a día, yo no volvería atrás. Cuatro años después, sigo pensando que fue una estupenda compra. Eso sí, con los pies en la tierra.