Von der Leyen desafía a Costa y pide a la UE preparar negociaciones con Rusia

La presidenta de la Comisión insta a los Veintisiete a abrir un canal diplomático con Moscú, mientras el presidente del Consejo Europeo defiende su polémica maniobra. La división interna evidencia las tensiones sobre el papel de la UE en el conflicto ucraniano.

Ursula von der Leyen ha lanzado un órdago a António Costa: la presidenta de la Comisión Europea pide a los Veintisiete que empiecen a preparar un mandato para negociar con Rusia, una iniciativa que desafía la polémica maniobra del presidente del Consejo Europeo, que ya ha abierto un canal diplomático con el Kremlin sin consultar a la mayoría de los líderes. La división interna que se ha aireado en la cumbre de Bruselas de este jueves refleja la profunda fractura de la UE sobre el papel que debe jugar en el final de la guerra de Ucrania. Y, de paso, pone en cuestión el delicado equilibrio institucional entre las dos máximas figuras comunitarias.

La tormenta desatada por Costa: una llamada a Moscú que no estaba en el guión

El terremoto diplomático se desencadenó a comienzos de esta semana, cuando se supo que António Costa había ordenado a su jefe de gabinete que contactara con Yuri Ushakov, asesor sénior de Vladímir Putin. Según la información recabada por Euronews, la llamada se produjo antes de la cumbre y solo fue comunicada a un pequeño círculo de líderes. El resto se enteró por los medios el miércoles, lo que desató un torrente de recriminaciones en la sala del Consejo Europeo.

Varios Estados miembros del flanco oriental —con Polonia y los países bálticos al frente— insistieron en que la respuesta no debía ser abrir canales con Moscú, sino redoblar las sanciones para obligar a Putin a hacer concesiones reales. “No se negocia en caliente las concesiones territoriales”, fue la línea roja que, según fuentes diplomáticas, repitieron varios jefes de gobierno. La polémica llegó justo cuando Bruselas debate el decimocuarto paquete de sanciones, aún pendiente de aprobación.

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Para acallar las críticas, Costa explicó que no se trataba de negociaciones formales, sino de una vía diplomática acorde al marco institucional de la UE. “Represento a los 27 Estados miembros”, subrayó durante el encuentro del jueves. Su defensa, sin embargo, choca con la realidad de los Tratados: las garantías de seguridad y las cuestiones territoriales son competencia exclusiva de los Estados miembros. La coalición de voluntarios liderada por Francia y Reino Unido insiste en que esas conversaciones corresponden a cada país, no a un representante de la UE.

Von der Leyen, entre el respaldo a Costa y el mensaje a Kiev

En medio de la tormenta, Ursula von der Leyen echó esta semana un capote al presidente del Consejo, pero con matices. En la reunión privada con los líderes, la jefa del Ejecutivo comunitario aseguró que las sanciones están surtiendo efecto —citó indicadores de una economía rusa que pierde fuelle y una inflación que repunta— y que el curso de la guerra está girando a favor de Ucrania. Con esos datos sobre la mesa, sostuvo que es el momento de “prepararse y estudiar un mandato para negociar con Rusia”.

Eso sí, la presidenta alemana añadió un condicionante esencial: “Kiev debe seguir al volante del proceso diplomático”. Una frase que busca tranquilizar a Volodímir Zelenski y a los halcones del Este, que temen que Bruselas acabe imponiendo una paz que suponga pérdidas territoriales para Ucrania. Este viernes, en rueda de prensa, Von der Leyen fue aún más explícita: “Nuestro continente está en riesgo, y por eso Europa debe ser uno de los arquitectos de una paz justa y duradera”.

Sus palabras llegan en un momento delicado. Zelenski ha reiterado que la única forma de poner fin a la guerra es debilitar aún más a Rusia y que un alto el fuego sin garantías de seguridad no será suficiente. Mientras tanto, Putin sigue sin dar señales de querer sentarse a la mesa. La figura de un negociador europeo, por ahora, es puramente hipotética.

La maniobra de Costa ha abierto un canal con Moscú que, por primera vez desde el inicio de la guerra, sitúa a la Unión Europea en el centro del tablero diplomático sin el paraguas de Washington.

El Eje del Poder Europeo

En esta redacción observamos que la crisis desatada por Costa y la respuesta de Von der Leyen reavivan una vieja disputa: ¿quién define la política exterior de la UE? El presidente del Consejo Europeo tiene mandato en sanciones y activos congelados, pero no en garantías de seguridad. Sin embargo, su iniciativa ha puesto sobre la mesa una realidad incómoda: la UE necesita un interlocutor único ante Moscú si aspira a ser algo más que un espectador en las negociaciones de paz.

El pulso entre los bloques es evidente. Los países del Este, liderados por Polonia, exigen mantener la presión máxima sobre Rusia. Los Estados bálticos consideran cualquier gesto diplomático como una claudicación. En el otro extremo, Francia y Alemania parecen inclinarse por explorar vías de diálogo, aunque con recelos sobre el papel de Costa, que se ha lanzado en solitario.

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Para España, la crisis tiene lecturas de doble filo. Por un lado, Moncloa ha defendido históricamente una solución diplomática y se ha alineado con los que piden mantener abierta la puerta al diálogo. Por otro, la fractura interna debilita la posición negociadora de la UE y pone en riesgo la unidad que tanto costó construir tras el 24 de febrero de 2022. El recuerdo de las divisiones en 2014, cuando las sanciones a Rusia por Crimea se aprobaron in extremis y con enormes tensiones, planea sobre el debate. La pregunta es si los Veintisiete serán capaces de llegar a un consenso o si, como en aquella ocasión, el bloqueo de un solo Estado miembro puede retrasar decisiones cruciales.

A diez años vista, la UE se enfrenta a un dilema estratégico: o construye una política exterior autónoma, con un mando único y un ejército disuasorio, o seguirá dependiendo de los vaivenes de Washington y de la voluntad de Putin. La guerra de Ucrania ha demostrado que la UE puede aprobar sanciones y enviar ayuda, pero no tiene capacidad para imponer la paz. Lo que está en juego es si Bruselas está dispuesta a asumir el coste de convertirse en un actor geopolítico de verdad. La próxima cumbre de octubre será el primer test.