Bruselas propone una reforma del mercado de emisiones de la UE que ha recortado un 50% las emisiones industriales

La iniciativa reduce el ritmo de descarbonización anual del 4,4% al 3,7% hasta 2035 y prolonga las asignaciones gratuitas a grandes contaminantes. Organizaciones ecologistas denuncian una cesión al lobby industrial que sumaría 2.000 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera.

La Comisión Europea ha propuesto una reforma del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (EU ETS) que, pese a haber recortado un 50 % las emisiones industriales desde 2005, rebaja el ritmo de descarbonización y prolonga las asignaciones gratuitas a los grandes contaminantes. La iniciativa, que aún debe negociarse con el Consejo y el Parlamento, ha encendido las alarmas de los ecologistas, que la califican de ‘cesión al lobby industrial’ mientras la propia Comisión admite que el nuevo calendario permitiría emitir 2.000 millones de toneladas adicionales de CO2.

El ETS es el buque insignia climático de la UE. Cubre unas 10.000 refinerías, centrales eléctricas e instalaciones industriales que representan el 40 % de las emisiones del bloque. El sistema fija un tope de derechos de emisión que se reduce año a año, obligando a las empresas a comprar los permisos que necesitan o a pagar fuertes multas. Desde su creación, ha inspirado modelos similares desde California hasta Corea del Sur.

El mercado de carbono que cambió la política climática global

El principio es sencillo: cada año la cantidad de derechos disponibles mengua, forzando a la industria a invertir en tecnologías limpias o a pagar un precio creciente por contaminar. Hasta ahora, la senda oficial apuntaba a que los sectores cubiertos alcanzaran las emisiones netas cero en 2039, con un recorte lineal del 4,4 % anual.

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Los resultados hablan por sí solos: en casi dos décadas, el ETS ha contribuido a reducir un 50 % las emisiones industriales de la UE, según los datos de la Comisión. Un reciente documento de trabajo lo definió como la ‘política climática de mayor impacto del mundo’.

Sin embargo, el pasado julio la Comisión presentó un paquete de enmiendas que, según expertos y ONG, desdibuja esa trayectoria. Wijnand Stoefs, responsable de política de la UE en Carbon Market Watch, comparó el día de la propuesta con un ‘humo negro, acre y alquitranado’ saliendo de la sede del Ejecutivo comunitario.

La letra pequeña de la propuesta: menos recorte y más gratis

El cambio más sustancial es la velocidad de descarbonización. En lugar de mantener el recorte del 4,4 % anual hasta 2039, Bruselas plantea una reducción del 3,7 % anual entre 2031 y 2035, y de apenas el 1,7 % a partir de entonces. La justificación oficial es ‘aliviar a la industria’ sin incumplir el objetivo de reducir un 90 % las emisiones totales de la UE respecto a 1990 para 2040.

Pero la cifra que más preocupa es el carbono extra que se colaría en la atmósfera. Según una estimación citada por Grist, la nueva senda permitiría a las empresas cubiertas emitir unos 2.000 millones de toneladas de CO2 más que el plan anterior. Con un presupuesto de carbono mundial que apenas deja margen —los científicos calculan que solo podemos emitir otros 80.000 millones de toneladas para tener dos tercios de probabilidades de limitar el calentamiento a 1,5 °C—, cada tonelada adicional cuenta.

‘No se trata solo de dónde estaremos en 2040, sino de lo que ocurra entre 2030 y 2040’, advirtió Sven Harmeling, responsable de clima de Climate Action Network Europe. ‘Hay distintas maneras de llegar a 2040 con más o menos emisiones acumuladas’.

EU ETS

Además, la Comisión propone mantener las asignaciones gratuitas para determinadas empresas, especialmente aquellas que podrían deslocalizarse para eludir el coste del carbono. Históricamente, muchas compañías han recibido más derechos de los que necesitaban, lo que les ha permitido vender los excedentes y embolsarse miles de millones de euros. Grandes nombres como la acerera ArcelorMittal y la química BASF presionaron activamente para conservar esos privilegios.

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Rebajar el ritmo de recorte ahora equivale a cargar la factura climática sobre la próxima década y sobre otros sectores, como la agricultura o la construcción.

La negociación no ha hecho más que empezar. La propuesta debe pasar ahora por el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo, y algunos ministros de Medio Ambiente ya han prometido ‘luchar con uñas y dientes’ contra un ETS debilitado. Las normas definitivas se esperan para principios de 2027.

Análisis: un precedente peligroso para otros mercados de carbono

El ETS europeo lleva años siendo el referente mundial de los sistemas de comercio de emisiones. Si Bruselas cede a las presiones de la industria pesada, el mensaje para California, Washington, Quebec o Corea del Sur será inequívoco: se puede aflojar el ritmo sin que nadie pague un coste político.

Ya hay señales en esa dirección. En mayo, California amplió las asignaciones gratuitas a las refinerías de petróleo. La lógica es siempre la misma: permisos más baratos, más gratis y más flexibilidad para usar créditos de compensación. El resultado neto es un precio del carbono artificialmente bajo que no desincentiva la contaminación.

Milan Elkerbout, del centro de estudios Resources for the Future, matiza que otros sistemas tienen estructuras lo bastante distintas como para no copiar al pie de la letra la reforma europea. Pero admite que alinear los mercados con el ETS podría elevar su ambición, no rebajarla. Stoefs es más tajante: ‘Si la UE diluye el ETS, los demás sistemas harán lo mismo’.

El episodio revela la tensión permanente entre la ambición climática y la protección de los sectores intensivos en energía. La transición energética es rentable —la energía renovable es hoy la fuente más barata de nueva capacidad—, pero requiere que las señales de precio no se adulteren con exenciones que solo aplazan la factura. Y en juego no está solo la credibilidad del mercado de carbono europeo, sino la del conjunto de la política climática global.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: El ETS actual ha demostrado que un mercado de carbono bien diseñado puede recortar un 50 % las emisiones industriales en 20 años.
  • Modelo que cambia: La propuesta de Bruselas, si sale adelante, debilitaría el ritmo de descarbonización y sentaría un precedente para que otros países suavicen sus sistemas de comercio de emisiones.
  • Para las próximas generaciones: Cada tonelada adicional de CO2 que se emita entre 2030 y 2040 eleva el riesgo de superar el umbral de 1,5 °C, con consecuencias climáticas irreversibles para quienes heredarán el planeta.