Aliança Catalana avanza en las encuestas a lomos de la inseguridad en Cataluña

El partido de Sílvia Orriols capitaliza el malestar ciudadano ante el auge de los delitos violentos. Los últimos sondeos apuntan a una transferencia de voto desde Junts, especialmente en el área metropolitana de Barcelona.

El auge de la violencia callejera —tiroteos, apuñalamientos, ajustes de cuentas entre bandas— está ensanchando la base electoral de Aliança Catalana. Según fuentes del partido independentista de extrema derecha, el discurso de Sílvia Orriols conecta con un votante que percibe que el Govern de Illa ‘mira hacia otro lado’ ante la inseguridad. Los últimos sondeos internos sitúan a la formación en disposición de dar la campanada tanto en las municipales como en las próximas autonómicas, capitalizando el malestar ciudadano.

El discurso de la inseguridad: de Ripoll al área metropolitana de Barcelona

Jordi Aragonès, número 3 de Aliança y considerado su ideólogo, ha sido el encargado de afinar el mensaje. En un encuentro con simpatizantes, vinculó el aumento de los delitos violentos con lo que él llama ‘inmigración descontrolada’ y aseguró que las ‘ejecuciones, tiroteos y apuñalamientos’ devuelven a Cataluña a una época de pistolerismo que él sitúa entre 1917 y 1923, ‘con un muerto cada cinco días’. Aragonès, próximo alcaldable en Barcelona, reclamó ‘más mano dura, endurecer las normativas y equipar mejor a las policías autonómicas y locales’.

Fuentes de AC, consultadas por este diario, defienden que su discurso sobre la seguridad es ‘de los más antiguos’ y acusan veladamente a Junts per Catalunya de haberse sumado a él ‘en competencia directa’. ‘Desde un principio alertamos de que la masificación y el desborde poblacional eran una de las causas del aumento delincuencial’, subrayan. Ponen el foco en un dato: más de la mitad de los reclusos en las cárceles catalanas son extranjeros, un porcentaje muy superior al peso de la población foránea. ‘Es un hecho objetivo que la población autóctona no es la que más delitos comete’, remachan.

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El politólogo Guillem Espaulella añade un matiz: ‘Mientras los delitos cometidos mayoritariamente por autóctonos caen y estiran a la baja la media global, la violencia foránea encadena incrementos sostenidos’. El argumento ha ganado un fichaje inesperado: Brahim Yaabed, escritor mauritano, excoordinador de Inmigración de CDC y exresponsable de la Fundación CatDem. Yaabed, que fue fichado por Jordi Pujol, acusa a la antigua Convergència de haberlo aislado por defender ‘aulas de acogida para aprender el idioma’ y alertar de la ‘proliferación de mezquitas salafistas’. Hoy respalda a Orriols: ‘Todo lo que dice ella ya lo decía yo hace más de dos décadas’.

El trasvase de voto: de Junts a Aliança Catalana

Arnau Liesa, alcaldable de AC en Figueres, ha asegurado esta semana que ‘la primera batalla del Islam político en Cataluña la tendremos en Figueres’ y que alcaldes de Junts viajan a Ripoll para aprender las ‘recetas Orriols’. Su receta es directa: ‘Hacer la vida imposible a quien no cumpla las normas para que marchen a otros lugares’. Liesa alerta de que la mafia marsellesa ‘está comenzando a comprar pisos’ en determinadas zonas de la ciudad.

Un estudio del Instituto de Ciencias Políticas y Sociales que citan fuentes de la formación confirma que el trasvase de votos entre Junts y Aliança Catalana no responde al procés, sino a la demanda de respuestas sobre problemas actuales, fundamentalmente la inmigración. ‘Son los votantes que dan más importancia a esta circunstancia los que muy probablemente cambiarán su voto’, recoge el informe.

La inseguridad ya no es solo un problema de Barcelona: se ha convertido en el principal campo de batalla electoral en Cataluña.

Lectura política: un nuevo actor que tensiona el tablero

El crecimiento de Aliança Catalana introduce un factor de presión imprevisto para la legislatura. Aliança es abiertamente independentista y compite con Junts y la CUP por un electorado que además exige firmeza en seguridad. Su ascenso obliga a Junts a radicalizar el discurso para no perder votantes, lo que a su vez dificulta los puentes con el PSC y con el Gobierno de Pedro Sánchez. La consejera de Interior, Nuria Parlon, se enfrenta al reto de pacificar las calles con un discurso más contundente, pero sin dar oxígeno a la extrema derecha.

En el plano autonómico, una irrupción fuerte de AC en las municipales de 2027 o en unas eventuales catalanas anticipadas podría convertirla en llave de gobierno, obligando a los partidos tradicionales a fijar cordones sanitarios o, por el contrario, a normalizar pactos puntuales. Mientras tanto, el Govern de Salvador Illa mantiene silencio público, pero fuentes de Moncloa reconocen que el deterioro de la percepción de seguridad en Cataluña es un asunto ‘que preocupa’ y que podría condicionar futuras negociaciones presupuestarias con los grupos independentistas.

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La próxima cita con las urnas —las municipales— medirá hasta qué punto el discurso de Orriols ha calado fuera de su feudo de Ripoll. Figueres, el área metropolitana de Barcelona y algunos barrios de la capital son los termómetros que marcarán la diferencia.