Apple vende su circuito secreto de pruebas en Arizona a Waymo por 220 millones

Apple ingresa solo 220 millones de dólares, apenas un 2% de los 10.000 millones que consumió el Apple Car. Waymo se hace con la instalación para acelerar las pruebas de sus robotaxis.

Apple vende su circuito secreto de pruebas en Arizona a Waymo por 220 millones de dólares. La operación desmantela el último activo físico del Proyecto Titan, el coche autónomo que Apple canceló en febrero de 2024 tras acumular pérdidas cercanas a los 10.000 millones.

Claves de la operación

  • La venta apenas araña un 2% de la inversión total. Apple destinó 10.000 millones de dólares al desarrollo del Apple Car durante más de una década; los 220 millones obtenidos son testimonio del fiasco financiero.
  • Waymo gana un campo de pruebas de 22 km2 a precio de saldo. La instalación incluye un simulador urbano, pistas de alta velocidad y zonas de estrés térmico, perfecta para escalar las pruebas de su flota de robotaxis en plena expansión.
  • El circuito operaba bajo una sociedad pantalla registrada en Delaware. Route 14 Investment Partners LLC era la titular oficial, una práctica común de Apple para ocultar sus movimientos inmobiliarios en proyectos ultrasecretos.

Un proyecto de 10.000 millones que apenas recupera el 2%

El Proyecto Titan nació alrededor de 2014 con la ambición de revolucionar la movilidad eléctrica y autónoma. Apple acumuló más de 2.000 empleados y gastó 10.000 millones de dólares sin llegar a ver un solo vehículo comercial. En febrero de 2024, la compañía tiró la toalla y redirigió sus recursos hacia inteligencia artificial y tecnologías de conducción para terceros, pero el terreno seguía ahí.

La venta por 220 millones apenas supone un 2% del desembolso total. Un retorno paupérrimo para uno de los proyectos más ambiciosos y secretos de Silicon Valley. De hecho, Apple ya había comprado la parcela por 125 millones en 2021, según documentos de Route 14, por lo que la plusvalía bruta ronda los 95 millones. Una rentabilidad inferior a la de un bono del Tesoro en el mismo periodo.

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El complejo, situado en el municipio de Surprise, cuenta con una pista oval de 6,4 kilómetros, una réplica urbana de 465.000 metros cuadrados y un área dinámica para pruebas extremas. Un ‘parque temático’ secreto donde Apple ensayó la movilidad autónoma que nunca lanzó.

Waymo ya opera en varias ciudades y maneja una flota cercana a los 4.000 vehículos. Este nuevo centro le permitirá crear escenarios de circulación imposibles de replicar en la vía pública, desde condiciones de calor extremo hasta simulación de tráfico denso con peatones virtuales.

Apple tiró la toalla tras una década de gasto sin resultados. Waymo se queda lo mejor del botín por una fracción ínfima de su valor.

Waymo recoge el guante: por qué el circuito es una ganga estratégica

La compra refuerza la posición de Waymo, líder en robotaxis en Estados Unidos, y le otorga capacidad para formar conductores de seguridad y depurar sus sistemas de inteligencia artificial en entornos extremos. La instalación se suma a otros campos como el Castle Proving Ground de California y el Transportation Research Center de Ohio. Pero con 22 km2, el de Arizona los empequeñece.

Además, el precio de 220 millones es asequible para una filial de Alphabet que ha superado ya los 10.000 millones de inversión acumulada desde su escisión del proyecto de coche autónomo de Google. Waymo se ahorra años de construcción y permisos al heredar un circuito ya operativo y adaptado a pruebas de conducción autónoma.

El legado tecnológico: ni coche, pero sí sensores e IA

La cancelación del Apple Car desplazó a más de 2.000 ingenieros, pero no toda la inversión se ha evaporado. Los avances en visión artificial, fusión de sensores y cartografía digital se han repartido por otras divisiones de la compañía, especialmente en el equipo de Apple Intelligence y en las futuras gafas de realidad mixta. No es difícil imaginar que el trabajo en detección de obstáculos y procesamiento de entornos complejos acabe integrado en los próximos dispositivos de la manzana.

Sin embargo, la venta del circuito marca un punto de no retorno. Apple abandona cualquier ambición de fabricar un vehículo y deja el terreno libre para que Alphabet, a través de Waymo, lidere la conducción autónoma de consumo. La rentabilidad de ese liderazgo sigue siendo dudosa: Waymo aún no es rentable y depende del músculo financiero de su matriz.

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En España, la apuesta por la automoción autónoma se concentra en proyectos públicos y consorcios europeos, sin un actor privado con la escala de Waymo. La venta de Apple recuerda que ni siquiera los gigantes tecnológicos con caja infinita garantizan el éxito en un sector tan regulado y complejo como el del automóvil. La pregunta que queda en el aire es si Apple, tras cerrar esta puerta, se arrepentirá cuando los robotaxis sean una realidad cotidiana en las ciudades. Por ahora, ha preferido facturar 220 millones y olvidar una década de extravíos.