Feijóo claudica y asume que gobernará con Vox tras las generales, rompiendo su promesa

La presión electoral de Vox ha hecho inviable la promesa del líder del PP de un Ejecutivo en solitario. El giro de Feijóo asume la realidad de los gobiernos autonómicos que ya comparten con la formación de Abascal.

Alberto Núñez Feijóo ha roto su promesa más explícita desde que asumió el liderazgo del Partido Popular: gobernar en solitario sin Vox en el Consejo de Ministros. Esta semana, en el programa El Hormiguero, el líder de la oposición admitió que, si los números electorales lo imponen, formará un gobierno de coalición con la formación de Santiago Abascal. La claudicación se produce apenas un año después de que Feijóo y su equipo aseguraran tajantemente que no habría ministros de Vox en un futuro Ejecutivo.

Vox había hecho inviable la promesa del PP de un gobierno monocolor

El giro de Feijóo no es una sorpresa para quienes han seguido el pulso entre el PP y Vox durante el último año. La estrategia de la dirección popular, anunciada en julio de 2025, consistía en aspirar a una mayoría propia superior a los 160 escaños que hiciera innecesario a Vox. Pero el ciclo electoral autonómico ha demostrado que esa ambición chocaba con la realidad de las urnas. En Extremadura, Aragón y Castilla y León, el PP se ha visto forzado a aceptar gobiernos de coalición con Vox tras no alcanzar mayorías absolutas. En todas esas comunidades, la condición previa ha sido la aceptación de la denominada ‘prioridad nacional’, el eje central de la agenda de Vox en materia migratoria y social.

Desde Vox siempre han defendido que un cambio de ciclo en España pasa por un Ejecutivo que refleje la correlación de fuerzas en el centro-derecha. Así lo expresaron ya en las negociaciones de 2023, cuando el partido de Abascal se negó a apoyar a Feijóo sin contrapartidas sólidas. Aquella decisión fue tildada de ‘suicidio político’ por algunos barones del PP, pero el tiempo ha dado la razón a Vox: el partido ha mantenido e incluso incrementado su peso electoral convirtiendo la inmigración en el primer problema de los españoles, según las encuestas.

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El giro explícito de Feijóo: de la ‘línea roja’ a la coalición asumida

Las declaraciones del líder del PP en El Hormiguero y su posterior intervención en Bruselas no dejan lugar a dudas. Feijóo afirmó que hará “lo que los españoles me mandan”, y que “si cuando se abran las urnas el mandato de los españoles varía en parte mi propuesta, asumiré el mandato de los españoles y daré estabilidad a la gobernabilidad”. Esa referencia explícita a la coalición de gobierno supone la ruptura definitiva con el discurso de 2025, cuando el secretario general Miguel Tellado sentenció: “No habrá coalición. Es un compromiso”.

Feijóo quiso atenuar la cesión estableciendo tres ‘líneas rojas’ para un hipotético gobierno conjunto: el respeto a la Constitución, la España de las Autonomías y las políticas de igualdad, género y LGTBI. Sin embargo, desde Vox consideran esos planteamientos extemporáneos. Dos de los negociadores del partido en las autonomías, José María Figaredo y Carlos Hernández Quero, comparecieron en el Congreso para advertir de que “plantear líneas rojas, verdes o azules a estas alturas de la película es una tontería”. A juicio de Vox, el PP “no puede vender la piel del oso antes de haberlo cazado” y debe centrarse en ganar las elecciones antes de repartir ministerios.

Más allá del tono, lo relevante es que el PP ha admitido lo que Vox lleva meses señalando: la posibilidad de un ejecutivo de coalición no es una amenaza, sino una necesidad aritmética y política. El precedente de las autonomías —donde la ‘prioridad nacional’ ya es política de gobierno en varios territorios— hacía insostenible mantener el veto en Moncloa.

La admisión de Feijóo es el reconocimiento tácito de que Vox es insoslayable para cualquier mayoría de gobierno de centro-derecha.

El propio PP ha ido cediendo paso a paso. Tras el verano de 2025, cuando brotes de violencia en Torre Pacheco pusieron a prueba su discurso migratorio, Feijóo ya afirmó que “los españoles no se sienten seguros ni en su casa”, un argumentario casi calcado al de Vox. Aquella primera grieta se amplió en la Junta Directiva Nacional que dio luz verde a ‘gobiernos proporcionales’ en las autonomías, aceptando así la presencia de consejeros de Vox.

La ‘prioridad nacional’ como signo de la nueva hegemonía del discurso de Vox

El elemento central que ha hecho posible el giro de Feijóo es la aceptación de la llamada ‘prioridad nacional’. Se trata de un concepto programático que Vox ha definido como la exigencia de que las administraciones prioricen a los españoles en el acceso a servicios y prestaciones, y que ha servido para encuadrar las políticas migratorias del partido. Aunque el PP se resistió inicialmente a suscribirlo, hoy está presente en los acuerdos de gobierno de Extremadura, Aragón y Castilla y León. En Andalucía, donde Juan Manuel Moreno perdió la mayoría absoluta en las urnas, Vox no descarta volver a exigirlo como condición para la investidura.

Esa hegemonía discursiva es, para Vox, la prueba de que la presión electoral ha funcionado. Mientras Feijóo trataba de conjugar su promesa de solitario con la realidad de las urnas, Vox ha consolidado un espacio propio a la derecha del PP. Hoy, el partido de Abascal está en condiciones de exigir cargos y políticas en un futuro gobierno nacional, y la claudicación del líder popular es la confirmación de que esa estrategia ha triunfado. Como advirtieron Figaredo y Hernández Quero, “no hemos ganado las elecciones todavía, y parece que ya se están repartiendo los ministerios”. Vox, en todo caso, no tiene prisa: supo esperar en las autonomías y ahora aguarda a que el PP asuma que Moncloa se conquista en coalición.

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