Judith Piquet ha destituido al teniente de alcalde de Vox, Víctor Acosta, por pérdida de confianza tras siete meses de bloqueo presupuestario. La decisión, comunicada este fin de semana por el Gobierno municipal, supone el fin del pacto de gobernabilidad que ambas formaciones mantenían en un ayuntamiento donde el PP no tiene mayoría absoluta.
Acosta conserva la Presidencia del Organismo Autónomo Ciudad Deportiva Municipal, responsabilidad que ha manifestado su intención de mantener para seguir fiscalizando la gestión. Pero deja de poder sustituir a la alcaldesa y se queda sin las funciones de coordinación que llevan aparejadas cualquier tenencia de alcaldía.
Siete meses de bloqueo: así se secó el margen de la confianza
Según fuentes municipales, el desencuentro arranca en diciembre de 2025, cuando el proyecto de Presupuestos para 2026 se entregó al Grupo Municipal Vox para su estudio. Desde entonces, el partido de Acosta no ha querido sentarse a negociar ni las inversiones previstas, ni las prioridades para la ciudad. La condición que puso sobre la mesa, el acceso directo a la contabilidad municipal, era una exigencia que ningún concejal de la Corporación, incluida la propia regidora, tiene reconocida. Los servicios técnicos del Ayuntamiento, los funcionarios con habilitación nacional e incluso el Consejo de Transparencia de la Comunidad de Madrid avalaron que el procedimiento seguido era el correcto, lo que dejó a Vox sin argumentos técnicos para mantener el pulso.
El siguiente paso del Ejecutivo fue una modificación presupuestaria de casi 68 millones de euros para garantizar la continuidad de los servicios públicos y ejecutar inversiones programadas. En comisión, los ediles de Vox respaldaron la propuesta, pero días después, de forma unilateral y mediante una nota de prensa, anunciaron que votarían en contra. Y así lo hicieron en el Pleno, tumbando actuaciones que, recalcan desde el PP, afectaban a todos los barrios de la ciudad. «: la justificación del cese según el PP
El punto de no retorno llegó cuando Acosta difundió una nota en la que, sin identificar expedientes ni responsables concretos, insinuaba la posible existencia de irregularidades y delitos en el seno del equipo de gobierno. El Ayuntamiento entiende que esas manifestaciones son incompatibles con la confianza institucional que exige el cargo de teniente de alcalde. «No resulta coherente mantener esa responsabilidad cuando quien la desempeña manifiesta públicamente que no confía en el Gobierno del que forma parte», insisten.
Una cosa es discrepar políticamente —subrayan las mismas fuentes—, y otra muy distinta lanzar acusaciones sin aportar pruebas. La Tenencia de Alcaldía conlleva funciones de representación, coordinación y eventual sustitución de la alcaldesa, un umbral incompatible con quien ha perdido la confianza de sus compañeros y además ha sido denunciado penalmente. En mayo, Acosta fue objeto de una denuncia por presuntos delitos de acoso sexual, acoso laboral, amenazas y revelación de secretos, confirmada por la dirección regional de Vox, que abrió un análisis jurídico del caso. Aunque la denuncia no forma parte del expediente de cese, sí añade un contexto de desgaste acumulado que ha acelerado la ruptura.
La paciencia del PP se agotó cuando la discrepancia política se transformó en deslealtad pública.
Por qué Alcalá se la juega en la estabilidad de sus gobiernos de coalición
Alcalá de Henares, con sus más de 200.000 habitantes, es uno de los municipios de la Comunidad de Madrid donde la estabilidad de los pactos de gobierno resulta más determinante. El precedente más cercano se encuentra en Móstoles, donde otra coalición PP-Vox saltó por los aires en 2023 por diferencias en la gestión de los fondos europeos. También en Torrelodones o San Fernando de Henares los pactos municipales han mostrado una fragilidad endémica y la Comunidad de Madrid no dispone de un marco autonómico que refuerce la gobernabilidad de las minorías. Sin mayoría absoluta y con un socio ya fuera del gobierno, el presupuesto de 2027 queda en el aire y las inversiones proyectadas para el Distrito II —cuyo presidente sigue siendo Acosta— pueden paralizarse si el edil decide ejercer un bloqueo sistemático.
En este contexto, la alcaldesa ha insistido en que mantiene su «voluntad de estabilidad, diálogo y colaboración con los concejales de Vox» para recuperar las inversiones bloqueadas y cumplir los compromisos con los vecinos. Pero la herida es profunda. La rueda de prensa que el propio Acosta ha convocado para para este lunes promete más capítulos de una crisis que, con casi toda seguridad, no ha tocado fondo. Cosas que pasan en 2026.
