Trump firma dos órdenes ejecutivas para acelerar la computación cuántica comercial y la criptografía post-cuántica en el gobierno federal

El presidente firma dos decretos históricos para lanzar el programa de desarrollo de un ordenador cuántico federal y ordena la migración de todos los sistemas del gobierno a criptografía resistente a futuros ataques cuánticos. La medida sitúa a Estados Unidos a la cabeza de una c

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El presidente Donald Trump ha firmado este 23 de junio dos órdenes ejecutivas (decretos presidenciales) para impulsar la computación cuántica comercial y ordenar la migración de los sistemas federales a criptografía resistente a futuros ordenadores cuánticos.
  • ¿Quién está detrás? La iniciativa la coordina la Casa Blanca a través del asistente de Ciencia y Tecnología, en colaboración con los departamentos de Energía, Defensa (Secretario de Guerra), Comercio, la Fundación Nacional de Ciencia (NSF) y los servicios de inteligencia.
  • ¿Qué impacto tiene? Para España, el movimiento acelera la carrera cuántica global y presiona a la Unión Europea a adoptar estándares similares, con implicaciones para la ciberseguridad de empresas como Santander, BBVA o Indra y para la diplomacia tecnológica bilateral.

Donald Trump ha firmado hoy dos órdenes ejecutivas que colocan a Estados Unidos en la vanguardia de la próxima revolución tecnológica: la computación cuántica comercial y la criptografía a prueba de ordenadores cuánticos. Los decretos, detallados por la Casa Blanca, buscan mantener la supremacía estadounidense frente a competidores como China y acelerar la aplicación práctica de unas tecnologías que transformarán desde la investigación científica hasta la seguridad nacional.

La primera orden ejecutiva crea el programa QC-ADDS (Esfuerzo para el Desarrollo de Aplicaciones y Ciencia Descubierta con Computación Cuántica), cuyo objetivo es entregar al menos un ordenador cuántico a escala de utilidad a un centro del Departamento de Energía y ponerlo a disposición de la comunidad científica. Washington no parte de cero: en 2018, el propio Trump firmó la Ley Nacional de Iniciativa Cuántica, que duplicó la inversión federal en I+D cuántica. Ahora, la orden ejecutiva da un plazo de 90 días para definir las especificaciones técnicas del ordenador cuantico y de 180 días para explorar modelos de colaboración con el sector privado.

En paralelo, el Departamento de Defensa (bajo la autoridad del Secretario de Guerra) identificará al menos tres proyectos de sensores cuánticos de próxima generación para desplegarlos antes del 30 de septiembre de 2028, y todas las agencias relevantes desarrollarán planes quinquenales para acelerar la maduración comercial de sensores y redes cuánticas. La intención es clara: pasar del laboratorio al campo de batalla y al mercado en el menor tiempo posible.

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Así es el plan para domar el ordenador cuántico federal

El corazón de la orden es el esfuerzo QC-ADDS. En los próximos tres meses, el Secretario de Energía deberá publicar las características técnicas que debe tener el ordenador cuántico para realizar aplicaciones científicas transformadoras, aquellas que superen con creces las capacidades de la supercomputación clásica actual. Luego, en seis meses, se estudiarán acuerdos con empresas privadas y posibles compromisos de compra anticipada para atraer inversión. La pieza clave será la creación, por parte de Energía, de un centro nacional de evaluación de sistemas cuánticos que certifique los rendimientos reales de cada máquina.

La apuesta no es solo científica: el Pentágono quiere asegurarse de que los ordenadores cuánticos comerciales no abran brechas de seguridad. La orden instruye al Director de Inteligencia Nacional y al Secretario de Guerra a analizar las implicaciones de seguridad nacional del escalado comercial, incluida la migración a la criptografía post-cuántica. De hecho, uno de los puntos más sensibles es la protección de la tecnología: se ampliará el equipo de contrainteligencia cuántica (QCPT) y se coordinará con el FBI, el Departamento de Estado y el Departamento de Seguridad Nacional para blindar el ecosistema cuántico frente a ciberataques y robo de propiedad intelectual.

La computación cuántica no es ciencia ficción: el plazo para la primera entrega se mide en meses, no en décadas, y la carrera ya ha empezado.

Cadena de suministro y criptografía: el blindaje de la ventaja americana

La segunda orden ejecutiva se centra en reforzar las cadenas de suministro nacionales de componentes cuánticos y en iniciar la transición de los sistemas federales hacia la criptografía post-cuántica — aquella resistente a ataques de ordenadores cuánticos capaces de romper los cifrados actuales en segundos. El Departamento de Comercio liderará un análisis de vulnerabilidades en las cadenas de suministro y promoverá estándares privados; mientras, Defensa y la NSF lanzarán convocatorias para premios y centros de fabricación cuántica en territorio estadounidense. Además, se reactivará el Comité Asesor de la Iniciativa Cuántica Nacional para estimular la producción de tecnologías habilitadoras.

criptografía post-cuántica

Para España, estas medidas suponen un doble mensaje. Por un lado, la aceleración estadounidense presiona a la Unión Europea para que actualice su propia Estrategia Cuántica y adelante la migración a criptografía post-cuántica en sectores estratégicos. Firmas españolas como Santander, BBVA o Telefónica, que manejan datos financieros y de clientes en infraestructuras cifradas, verán cómo los estándares de seguridad se endurecen de forma inminente. Por otro, la ambición de Washington abre oportunidades de cooperación: empresas como GMV e Indra, con capacidades en sistemas espaciales y ciberseguridad, podrían beneficiarse de alianzas con los centros cuánticos estadounidenses que se pondrán en marcha.

La Lógica de Washington

El presidente Trump no improvisa. En 2018, ya firmó la Ley Nacional de Iniciativa Cuántica, que duplicó la inversión federal. Hoy, con China avanzando en comunicaciones cuánticas y computación, la orden ejecutiva sigue la misma lógica que llevó a Reagan a lanzar la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) en 1983: usar el poder de compra y la coordinación gubernamental para acelerar tecnologías críticas que el mercado por sí solo tardaría décadas en desplegar. La Casa Blanca entiende que el dominio cuántico será el equivalente al dominio nuclear en el siglo XXI: quien lo posea dictará las reglas económicas y de seguridad global.

Para España, la lección es clara: la ventana de oportunidad para participar en el ecosistema cuántico americano es estrecha pero real. La apuesta de Trump por los compromisos de compra anticipada y los centros de evaluación abre la puerta a colaboraciones internacionales, siempre que las empresas europeas ofrezcan componentes o servicios fiables y no controlados por competidores estratégicos. La Moncloa y Bruselas deberán decidir si se alinean con los estándares de seguridad cuántica de Washington o mantienen un enfoque autónomo, con el riesgo de quedar rezagados en la protección de sus propias infraestructuras críticas. La próxima revisión de la Estrategia Cuántica Nacional española y los fondos europeos del programa Quantum Flagship serán los primeros indicadores de hacia dónde sopla el viento.

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Ficha del Caso

  • El caso: Donald Trump ha promulgado dos órdenes ejecutivas para acelerar la computación cuántica comercial y ordenar la migración de los sistemas federales a criptografía resistente a ataques cuánticos. Se fijan plazos perentorios y se crea una estructura de colaboración público-privada sin precedentes.
  • Datos clave: El programa QC-ADDS busca entregar al menos un ordenador cuántico de escala útil; 90 días para las especificaciones técnicas y 180 para los modelos de asociación. Paralelamente, se refuerzan las cadenas de suministro y se amplía el equipo de contrainteligencia cuántica (QCPT).
  • Para España: La medida presiona a la UE para acelerar sus propios estándares cuánticos y afecta a los plazos de migración post-cuántica de bancos, telecos y empresas de defensa españolas. A la vez, abre vías de cooperación tecnológica con los nuevos centros cuánticos estadounidenses.