Un hilo de Reddit ha devuelto a la actualidad una herida ecológica que sigue abierta bajo el hormigón de Ciudad de México. La desecación del sistema de lagos que rodeaba la antigua Tenochtitlan, iniciada tras la conquista española, se ha convertido en uno de los ecocidios más comentados en redes. Y, como suele ocurrir con la historia, la polémica digital ha reabierto el viejo debate sobre el legado de España en América.
Indignómetro
Nivel de impacto para España: 8/10. La viralización de este relato toca directamente la imagen histórica del país en un momento en el que las relaciones con México, principal socio comercial e inversor español en Latinoamérica, son especialmente estratégicas. Miles de empresas españolas dependen de un clima de confianza que no entiende de simplificaciones digitales.
La joya hidráulica que deslumbró a Hernán Cortés
Cuando los conquistadores llegaron al valle en el siglo XVI, se encontraron con una de las obras de ingeniería más sofisticadas de su tiempo. La capital azteca flotaba sobre una red de cinco lagos interconectados —Texcoco, Chalco, Xochimilco, Zumpango y Xaltocan— regulada por diques y albarradones que los indígenas manejaban con precisión. Aquella visión maravilló a los recién llegados. El problema no fue el desprecio, sino la incomprensión.
Las lluvias torrenciales provocaron inundaciones catastróficas que la infraestructura nativa, pensada para otra escala demográfica, ya no podía contener. La respuesta de las autoridades virreinales no fue inmediata ni unívoca: se debatió durante décadas y las primeras obras de drenaje, como el Tajo de Nochistongo, no empezaron hasta avanzado el siglo XVII. Aquel tajo —una cicatriz abierta en la tierra— buscaba desviar las aguas hacia el río Tula y proteger a la ciudad del fango. Fue el primer paso de una guerra contra el agua que dura ya cinco siglos.
Un desagüe que se convirtió en herida crónica
Con el tiempo, la estrategia se radicalizó. A lo largo del siglo XIX y buena parte del XX, los gobiernos del México independiente apostaron por la desecación total de los lagos mediante colosales obras como el Gran Canal del Desagüe. El objetivo era ganar suelo para la expansión urbana y, sobre todo, eliminar las inundaciones que periódicamente asolaban la capital. Pero el remedio resultó peor que la enfermedad.
Al vaciar los lagos, el lecho del antiguo Texcoco se transformó en un desierto de sales que, durante décadas, provocó tormentas de polvo alcalino que dañaron gravemente la salud respiratoria de los habitantes. La biodiversidad endémica, aislada durante milenios por las cadenas volcánicas que rodean el valle, se desplomó. El caso más simbólico es el del ajolote (Ambystoma mexicanum), anfibio sagrado para los aztecas y prodigio de regeneración celular, cuyo hábitat natural ha quedado reducido a los últimos y contaminados canales de Xochimilco.
La tragedia continúa bajo nuestros pies. La Ciudad de México se hunde a un ritmo de entre 30 y 50 centímetros al año en varias zonas, un fenómeno de subsidencia provocado por la extracción masiva de agua de los acuíferos subterráneos. La arcilla que antes estaba comprimida por el agua colapsa, rompe tuberías, agrieta monumentos y deja a millones de personas en la paradoja de sufrir sequía mientras las lluvias anegan barrios enteros.
La Ciudad de México no se construyó sobre un lago seco por capricho: cada obra de drenaje fue una respuesta desesperada a inundaciones que amenazaban con borrarla del mapa.
Qué se juega España cuando la historia se reduce a un meme
El relato que se ha hecho viral en Reddit contiene una verdad ecológica indudable, pero tiende a embutirla en el marco simplista de la leyenda negra: el colonizador español como agente de destrucción deliberada y antinatura. La realidad, como casi siempre, exige más párrafos que un tuit. La desecación del valle no fue una decisión caprichosa de un virrey, sino un proceso acumulativo que abarca cuatro siglos y en el que participaron —y perseveraron— los gobiernos del México republicano.
Conviene recordar que otras metrópolis europeas transformaron ecosistemas con la misma contundencia —los holandeses drenaron el mar, los británicos desecaron pantanos en la India— sin que se les cuelgue un estigma inmutable. El caso mexicano duele porque se superpone al final trágico de una civilización, pero reducir ese dolor a una maldad intrínseca de España es, además de históricamente inexacto, estéril para encarar los problemas ambientales que comparten ambas orillas del Atlántico.
Hoy, empresas e instituciones españolas colaboran con las mexicanas en proyectos de gestión del agua y restauración de humedales. Ese es el relato de futuro que conviene alimentar, sin que ello signifique negar las cicatrices del pasado.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: La desecación del Valle de México comenzó en el siglo XVI tras la conquista española y se prolongó durante siglos con obras cada vez más agresivas como el Tajo de Nochistongo y el Gran Canal del Desagüe.
- Datos importantes: El hundimiento actual de la ciudad alcanza hasta 50 cm al año; el ajolote está al borde de la extinción. La inversión española en México supera los 100.000 millones de euros acumulados.
- Resumen: La polémica obliga a España a defender su legado con matices históricos, separando la responsabilidad colonial de las decisiones posteriores del México independiente, sin caer en el simplismo de la leyenda negra.

