EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El general Chris Donahue, el último militar en pisar suelo afgano en 2021, ha dimitido como comandante del Ejército de Estados Unidos en Europa y África tras chocar con el secretario de Defensa Pete Hegseth.
- ¿Quién está detrás? Donahue, un general de cuatro estrellas con más de veinte despliegues en el extranjero, presentó su carta de renuncia después de semanas de tensiones en el Pentágono.
- ¿Qué impacto tiene? Su salida es la última de una veintena de altos mandos que han abandonado el Departamento de Defensa bajo Hegseth, y despierta inquietud entre los aliados de la OTAN, incluida España, sobre la estabilidad del mando en el flanco oriental.
El general Chris Donahue, el último soldado estadounidense en abandonar Afganistán durante la caótica evacuación de Kabul en 2021, ha presentado su dimisión como jefe del Ejército de Estados Unidos en Europa y África. La renuncia, adelantada por el Washington Examiner, se produce tras enfrentamientos con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y será efectiva a partir de julio. Donahue, un veterano de más de dieciséis años en el mando de operaciones especiales, deja un vacío en un teatro militar crítico para la seguridad europea.
Un general curtido en el terreno y la imagen de la retirada de Afganistán
Donahue no es un burócrata de uniforme. Participó en combate en todos los rangos, desde capitán, y acumuló más de veinte despliegues en el extranjero. Pero fue su imagen en la oscuridad verdosa de las gafas de visión nocturna —la del último militar en subir al avión de la Operación Centinela de la Libertad— lo que lo convirtió en un rostro reconocible. Esa fotografía, cargada de simbolismo para la historia militar reciente de Estados Unidos, le otorgó un aura de general con las botas bien puestas.
Sin embargo, su perfil de combatiente probado no bastó para mantenerlo en el cargo. Según la información de la CBS citada por el Washington Examiner, las tensiones con Hegseth fueron subiendo de tono hasta hacer insostenible su continuidad. El Pentágono, que ya ha visto más de 20 salidas de alto nivel en esta administración, suma otra baja de calado.
Un Pentágono en plena sacudida: más de 20 relevos en la era Hegseth
La marcha de Donahue eleva a más de dos docenas los altos cargos del Departamento de Defensa que han dimitido o han sido desplazados desde que Hegseth asumió la cartera. El secretario del Ejército, John Phelan, el exjefe del Estado Mayor Conjunto, Charles Q. Brown, y el exjefe de Estado Mayor del Ejército, Randy George, son algunos de los nombres que ya habían abandonado el barco. La renovación, impulsada por la Casa Blanca, busca alinear la cúpula militar con las prioridades estratégicas de la Administración.
Esta sacudida ha puesto en alerta a los legisladores demócratas. Los senadores Elissa Slotkin (Míchigan) y Mark Kelly (Arizona) han cuestionado la purga, al considerar que puede debilitar la cohesión del mando justo cuando la OTAN refuerza su flanco este. La salida de un general con experiencia directa en el teatro europeo y africano no es un relevo cualquiera.
Más de dos docenas de altos mandos del Pentágono han dejado sus puestos en lo que va de administración; el pulso entre el secretario Hegseth y los uniformados ha abierto una brecha inédita en la cúpula militar.
La Lógica de Washington
Desde dentro de la Casa Blanca, la lógica de estas dimisiones en cadena se explica con un argumento de coherencia política. Donald Trump llegó a su segundo mandato con la promesa de poner fin a lo que consideraba una deriva ideológica en las fuerzas armadas —una agenda progresista, en sus palabras— y de devolver al Pentágono a un enfoque de dureza sin concesiones. Los relevos, por tanto, no son un accidente: responden a la voluntad de rodear al presidente de mandos que compartan la visión doctrinal de la Administración y de apartar a quienes encarnan un legado de la era Biden o se resisten a ella.
El precedente histórico al que se asoma Washington tiene paralelismos con la relación entre Trump y el general James Mattis durante el primer mandato o, mirando más atrás, con los choques de Harry Truman y Douglas MacArthur. Siempre que una Casa Blanca percibe que un general con estrella acumula más peso público que el secretario de Defensa, las costuras institucionales saltan. En este caso, la gota que colmó el vaso parece haber sido la resistencia de Donahue a ciertas directrices de Hegseth, aunque los detalles siguen sin confirmarse oficialmente.
Para España, la sucesión de salidas en la cúpula del Pentágono introduce una dosis de incertidumbre en el flanco sur de la OTAN. Madrid contribuye con tropas a misiones reforzadas en el Báltico y mantiene buques en el Mediterráneo oriental; cualquier vacilación en la cadena de mando estadounidense, el principal garante de la disuasión, repercute directamente sobre la planificación de defensa española. El Ministerio de Defensa, por el momento, no ha emitido comentarios, pero fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com reconocen que se sigue el caso con atención. La proyección es clara: a partir de julio, con el puesto vacante, Estados Unidos deberá nombrar un sustituto que devuelva estabilidad al teatro y envíe señales de calma a los aliados europeos.

