Retirada Israel Líbano: EE.UU. ordena desocupar el sur tras el pulso de Katz

El Departamento de Estado advierte de que una presencia militar permanente es incompatible con el acuerdo marco del 26 de junio. Washington presiona a Netanyahu mientras Katz defiende los denominados cinturones de seguridad en Líbano, Siria y Gaza.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Departamento de Estado ha exigido a Israel que cumpla su palabra y retire las tropas de los aproximadamente 600 kilómetros cuadrados que ocupa al sur del Líbano.
  • ¿Quién está detrás? La administración Trump presiona al Gobierno de Netanyahu tras las declaraciones del ministro de Defensa, Israel Katz, partidario de una presencia militar permanente.
  • ¿Qué impacto tiene? La ocupación israelí interfiere directamente en las conversaciones de paz entre Washington y Teherán y reabre la fractura entre la Unión Europea y Oriente Próximo.

Estados Unidos ha ordenado a Israel retirar sus tropas del sur del Líbano, según el portal Axios. La orden llega después de que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, prometiera una presencia militar permanente en la zona.

La exigencia de Washington se apoya en el acuerdo marco mediado por Estados Unidos y firmado el 26 de junio. Aquel pacto contemplaba la retirada israelí del territorio ocupado a cambio del desarme de Hezbolá y de la conversión del ejército libanés en la única fuerza armada del país.

La orden de Washington y el pulso con Katz

Durante una visita al territorio ocupado, Katz declaró que las FDI están ‘en las zonas de seguridad del Líbano, Siria y Gaza para quedarse’. El ministro añadió que había ordenado al Estado Mayor preparar todos los pasos necesarios para una estancia prolongada sobre el terreno y que, ‘bajo ninguna circunstancia’, Israel se retiraría de esa zona de seguridad.

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El Departamento de Estado respondió con una advertencia inusualmente directa. ‘Una presencia militar israelí permanente en el sur del Líbano es incompatible con los compromisos asumidos en el acuerdo marco y no se alinea con la paz y la seguridad a largo plazo de ambos países’, señaló un portavoz al periodista Barak Ravid.

Netanyahu ya había abierto la puerta a la anexión parcial. En una entrevista con Fox News, el primer ministro sostuvo que algunas aldeas cristianas del sur del Líbano ‘han pedido ser anexionadas a Israel porque las protegemos de los fanáticos de Hezbolá’. Más de una decena de líderes cristianos locales calificaron esas afirmaciones de ‘completamente fabricadas’ y ‘ajenas a la realidad’.

La ocupación abarca unos 600 kilómetros cuadrados, incluida una franja al norte del río Litani. Las FDI han demolido decenas de aldeas y han provocado el desplazamiento forzoso de más de 1,2 millones de civiles libaneses.

La línea roja no es el terreno ocupado, sino la transformación de una posición militar temporal en un proyecto de soberanía permanente.

La permanencia militar israelí ha interferido además en las conversaciones de paz entre Washington y Teherán. El memorando de entendimiento del 17 de julio pedía el cese ‘inmediato y permanente’ de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano. Israel no ha acatado esa cláusula.

Un acuerdo marco al borde del colapso

El acuerdo del 26 de junio se sostiene sobre una secuencia frágil: primero la retirada israelí, después el desarme de Hezbolá y la reconstrucción del monopolio militar del Estado libanés. La decisión de Katz invierte el orden y convierte la retirada en una concesión negociable, no en una obligación.

tropas de Israel en Líbano

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La administración Trump ha evitado, por ahora, condicionar la ayuda militar a Israel. Pero la brecha entre el discurso del Pentágono y la realidad sobre el terreno alimenta la percepción de que Washington tolera la ocupación mientras negocia con Teherán.

Equilibrio de Poder

El pulso coloca a la administración Trump en una posición incómoda. Por un lado, necesita a Israel como pilar regional y como contrapeso a Irán; por otro, el acuerdo marco era su principal activo diplomático para justificar la desescalada en Oriente Próximo y para liberar recursos hacia la competencia con China. Si Netanyahu consolida los ‘cinturones de seguridad’ en Líbano, Siria y Gaza, la credibilidad de Washington como mediador queda tocada.

Moscú observa la fractura con interés. Una crisis prolongada entre Estados Unidos e Israel debilita al socio prioritario de Washington y complica cualquier acuerdo con Teherán. Para la Unión Europea, el riesgo es una nueva ola de desplazados hacia el Mediterráneo oriental y la reapertura de la misión UNIFIL, de la que España forma parte.

Para España, el escenario tiene una lectura directa. El contingente español desplegado en la misión de Naciones Unidas en el Líbano queda expuesto a una zona de seguridad israelí ampliada. Cualquier nueva escalada entre Hezbolá y las FDI eleva el riesgo de incidentes sobre el terreno y presiona la frontera sur europea, ya tensionada por el Sahel y el Magreb. España mantiene unos 650 militares en la FPNUL, la misión desplegada entre el Litani y la Línea Azul; un cambio en las reglas de enfrentamiento los convierte en piezas de un choque ajeno.

El precedente histórico pesa. La ocupación israelí de 1982 a 2000 desembocó en la retirada unilateral de Ehud Barak y en la consolidación de Hezbolá. La resolución 1701 de la ONU, aprobada tras la guerra de 2006, estableció el sur del Litani como zona desmilitarizada. La promesa de Katz de quedarse ‘indefinidamente’ es la enésima erosión de ese marco.

El riesgo inmediato es que las palabras de Katz se traduzcan en obras. Si las FDI inician fortificaciones permanentes o amplían la zona de amortiguación al norte del Litani, la retirada dejará de ser una opción diplomática y se convertirá en una línea de frente. La próxima señal llegará desde la revisión del acuerdo marco y desde la reacción de la comunidad internacional en Naciones Unidas.