La exposición de Graciela Iturbide en Madrid que rompe todos los estereotipos de México

Graciela Iturbide, la primera mexicana en ganar el Premio Princesa de Asturias de las Artes, lleva a Madrid una retrospectiva de 45 años en la Casa de México. Una muestra gratuita que incomoda, sorprende y no se parece a ninguna otra cosa que hayas visto sobre el país azteca.

La primera mexicana en recibir el Premio Princesa de Asturias de las Artes expone ahora mismo en Madrid, y sus fotografías no hacen lo que el espectador espera: no halagan, no exotizan, no decoran. Graciela Iturbide lleva cinco décadas encuadrando un México que oscila entre lo ritual y lo cotidiano, entre la vida y la muerte, y la muestra Cuando habla la luz lo demuestra con 115 obras en blanco y negro. El acceso es gratuito, y eso no debería hacerte pensar que es un evento menor.

La exposición, ubicada en la Fundación Casa de México en España (calle Alberto Aguilera 20, Chamberí), estuvo abierta del 20 de junio al 14 de septiembre de 2025 como sede oficial de PhotoEspaña. Para quienes la visitaron en verano, fue un mazazo visual difícil de sacudir. Para quienes la descubran ahora a través de su obra y de los recursos que dejó, sigue siendo una puerta abierta a la mirada más honesta que se haya visto sobre la cultura mexicana en España en mucho tiempo.

Graciela Iturbide y la fotografía que no pide permiso

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Graciela Iturbide no prepara sus fotos. Dispara cuando algo la sorprende, y luego espera en el cuarto oscuro para saber si acertó. Esa filosofía, que la propia fotógrafa describió como «un ritual y un modo de vida» durante la inauguración madrileña, impregna cada una de las 115 piezas reunidas en esta retrospectiva. La muestra abarca desde 1972 hasta 2017 y fue comisariada por Juan Rafael Coronel Rivera en colaboración con Fomento Cultural Banamex.

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Lo que se ve en las salas no es el México de los folletos. Están las mujeres zapotecas de Juchitán con una dignidad que aplasta; está La mujer ángel cruzando el desierto de Sonora con una radio a cuestas; está el baño de Frida Kahlo, documentado con la intimidad de quien entra de puntillas a un espacio sagrado. La mirada de Iturbide transforma lo ordinario en algo que no puedes dejar de mirar, aunque a veces incomode. Especialmente cuando incomoda.

Graciela Iturbide, la primera mexicana con el Princesa de Asturias

El Premio Princesa de Asturias de las Artes que recibió Graciela Iturbide en 2025 no llegó por acumulación de méritos; llegó porque el jurado reconoció algo difícil de ignorar: una mirada que no muestra lo que ve, sino lo que siente. Fue la candidatura propuesta por el embajador de España en México, y para la fotografía latinoamericana fue un hito histórico. El festival PhotoEspaña, que celebra su cita anual en Madrid durante los meses de verano, eligió la Casa de México como sede oficial para la retrospectiva, un gesto que conectó simbólicamente el galardón con la obra en vivo.

Iturbide nació en Ciudad de México en 1942, la mayor de trece hermanos. Empezó estudiando cine en la UNAM, pero fue Manuel Álvarez Bravo —maestro de la fotografía mexicana— quien la redirigió hacia la cámara fija. Desde entonces, ha expuesto en el Centre Pompidou de París, el Getty Museum de Los Ángeles y la Barbican Art Gallery de Londres, entre otros. Antes del Princesa de Asturias ya tenía el Premio Hasselblad 2008, la distinción más importante de la fotografía a nivel mundial.

La obra que pone patas arriba los clichés de México

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La serie Juchitán de las Mujeres, capturada entre 1979 y 1988 en Oaxaca, es probablemente el ejemplo más poderoso de por qué Graciela Iturbide resulta tan perturbadora para el espectador acostumbrado a los estereotipos. Las mujeres zapotecas que aparecen en esas imágenes no son víctimas ni curiosidades folclóricas: son figuras de autoridad, de misterio, de una normalidad que desestabiliza al que mira desde fuera. Iturbide nunca exotiza; retrata con precisión, y esa es precisamente la diferencia que separa a un gran fotógrafo de un buen turista con cámara.

La exposición en PhotoEspaña incluyó también imágenes de la serie El baño de Frida, donde Graciela Iturbide documentó la reapertura de un cuarto en la Casa Azul de Coyoacán que guardaba objetos personales de Frida Kahlo. El resultado no es homenaje, sino algo más extraño y más valioso: un diálogo entre dos mujeres, dos épocas y dos formas de habitar el mundo a través de objetos que sobrevivieron a sus dueñas.

Una exposición que cambia cómo ves la fotografía

Qué hace diferente a Graciela Iturbide

Iturbide trabaja exclusivamente en blanco y negro, y no es nostalgia: es decisión. El blanco y negro elimina el ruido del color y obliga a la textura, la luz y la composición a cargar con todo el peso del significado. Sus series se completan en lustros, no en semanas. Esa duración no es lentitud; es compromiso con los sujetos fotografiados, con los que Iturbide construye relaciones antes de levantar la cámara.

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Por qué incomoda al espectador convencional

Hay algo en su obra que resiste la digestión fácil. No hay un mensaje explícito, ni una denuncia obvia, ni una narrativa lineal que guíe al espectador de la mano. Graciela Iturbide opera en el umbral entre la realidad más cruda y una especie de gracia espontánea, como la definió el propio jurado del Princesa de Asturias. Esa ambigüedad es lo que la hace grande, y también lo que hace que algunos salgan de sus exposiciones sin saber muy bien qué les ha pasado.

Lo que no deberías perderte de Cuando habla la luz

Si tuvieras que quedarte con cuatro imágenes o series para entender a Graciela Iturbide, estas serían las más reveladoras:

  • Nuestra Señora de las Iguanas (1979): una mujer con iguanas enroscadas en la cabeza que parece un autorretrato de México entero.
  • La mujer ángel (1979): una figura solitaria en el desierto de Sonora con una radio, entre dos mundos.
  • El baño de Frida (2006): la intimidad de Kahlo filtrada por la mirada de otra mujer que sabe lo que es habitar un México que no te pide permiso para ser raro.
  • Juchitán de las Mujeres (1979-1988): nueve años fotografiando una comunidad matriarcal zapoteca, la serie que redefinió qué puede hacer el documentalismo fotográfico.

Graciela Iturbide y el futuro de la fotografía documental

PhotoEspaña lleva más de veinticinco años siendo el principal escaparate internacional de la fotografía en España, y la elección de Graciela Iturbide como figura central de su edición 2025 no es casual. El festival está apostando por fotógrafos que pongan la autenticidad por encima del espectáculo visual, una tendencia que en 2026 parece consolidarse frente a la saturación de imágenes digitales y generadas por inteligencia artificial. La fotografía analógica, lenta, comprometida y sin filtros, recupera su valor precisamente cuando todo lo demás se puede fabricar en segundos.

El consejo para quien quiera seguir el rastro de Iturbide es sencillo: busca el libro Cuando habla la luz, editado por Fomento Cultural Banamex, y compáralo con lo que ves en Instagram cualquier día de la semana. La distancia entre los dos mundos te explicará mejor que cualquier crítica lo que esta fotógrafa ha conseguido en cincuenta años de trabajo, y por qué su llegada a Madrid fue, para los aficionados a la fotografía seria, uno de los eventos culturales más importantes del año.