EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Pentágono envió un memorándum a los principales contratistas de defensa exigiendo acelerar la producción de armamento ante el agotamiento de arsenales por la guerra con Irán.
- ¿Quién está detrás? El subsecretario de Guerra, Steve Feinberg, firmó la orden, confirmada por el portavoz del Pentágono Sean Parnell.
- ¿Qué impacto tiene? Las reservas de misiles Patriot han caído un 65% y las de THAAD un 38%, según el CSIS. La urgencia podría tensar aún más el presupuesto de defensa y la capacidad de apoyo a Ucrania.
El subsecretario de Guerra, Steve Feinberg, dio 21 días a los fabricantes para presentar planes de producción «más agresivos». La guerra contra Irán ha reducido los interceptores Patriot de 2.330 a apenas 827, y el Pentágono admite que los ciclos de desarrollo de varios años ya no sirven.
El memorándum que cambia las reglas: «Los ciclos de años no son aceptables»
Feinberg, en la nota filtrada por The Washington Post, exige a la industria «un cambio radical». Con un lenguaje inusualmente directo, ordena a los contratistas proponer inversiones para duplicar la capacidad de producción de sistemas antiaéreos, misiles superficie-aire, enlaces satelitales y rastreo espacial de misiles. La instrucción es clara: las empresas deben justificar plazos de entrega mucho más cortos y presentar un plan en menos de un mes.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, confirmó la autenticidad del documento y lo vinculó al presupuesto del año fiscal 2028. Subrayó que la medida responde a una estrategia de modernización anterior al conflicto, pero los números y el tono del texto revelan una urgencia operativa inmediata. La guerra contra Irán ha consumido misiles a una velocidad que Washington no anticipaba.
Los números del agotamiento: Patriot, THAAD y misiles tácticos
El think tank Center for Strategic and International Studies (CSIS) dibuja un panorama inquietante. Sus estimaciones, publicadas hace un mes, muestran que las reservas de interceptores Patriot cayeron de 2.330 antes del conflicto a 1.030 en el alto el fuego de abril, y ahora se sitúan entre 759 y 827 unidades, una reducción mínima del 65%. Los misiles del sistema THAAD (Terminal High Altitude Area Defense, defensa terminal de área a gran altitud) han pasado de 452 a una horquilla de 234 a 278, al menos un 38% por debajo de los niveles previos a la guerra.
El agotamiento de los Patriot no es solo un problema logístico: es una señal de que la defensa antimisiles de EE.UU. está perdiendo profundidad estratégica.
En las primeras semanas de combates, Estados Unidos lanzó más de 1.300 misiles balísticos tácticos del Ejército, según el CSIS. La cifra supera con creces los ritmos de producción actuales. Los acuerdos marco firmados recientemente con Northrop Grumman, Lockheed Martin y Raytheon para aumentar la producción de PAC-3, THAAD y Tomahawk no son vinculantes y dependen de un presupuesto que el Senado mantiene bloqueado. La factura de defensa de 1,15 billones de dólares, impulsada por la Casa Blanca, quedó estancada a mediados de julio por el veto demócrata, que rechaza el gasto masivo y la intervención militar en Irán sin autorización del Congreso.
Equilibrio de Poder
La presión del Pentágono a la industria armamentística trasciende las terminales de producción de Estados Unidos. El agotamiento de los arsenales norteamericanos debilita la capacidad disuasoria de la OTAN en un momento en que la Alianza mira con cautela el flanco este y la frontera sur. La doctrina del artículo 5 se sostiene, en buena medida, sobre la profundidad del inventario estadounidense, y la guerra con Irán está erosionando esa profundidad con una velocidad solo comparable a los peores meses del conflicto en Ucrania.
Para España, el escenario tiene implicaciones directas. La base de Rota, que alberga cuatro destructores AEGIS y es pieza clave del escudo antimisiles de la OTAN, depende en gran medida de los suministros de misiles Patriot y SM-3. Si la reposición se ralentiza, la eficacia del sistema en el Mediterráneo occidental quedará comprometida, justo cuando la presencia naval rusa en el Magreb se ha intensificado y Marruecos explora acuerdos de defensa con Pekín. La pérdida de profundidad del arsenal estadounidense obliga a Madrid a replantearse el gasto en defensa y a acelerar los programas europeos como el FCAS o el SAMP/T New Generation, todavía lejos de estar operativos.
La administración Trump, que niega escasez aunque admite que algunos sistemas están «un poco más ajustados», se enfrenta a una paradoja estratégica: quiere mantener un poderío militar aplastante, pero el coste de la guerra en Irán está vaciando los arsenales y limitando la capacidad de atender otros teatros, incluida la defensa de Taiwán. El recuerdo del «momento de quiebre» que supuso la retirada de Afganistán en 2021 planea sobre cualquier decisión de redirigir recursos. La gran pregunta es si Europa, y en particular España, aprovechará esta ventana de vulnerabilidad para construir una base industrial de defensa propia o seguirá dependiendo de un proveedor cuya atención está cada vez más dividida.
El bloqueo del paquete de defensa en el Senado, combinado con la oposición ciudadana a la intervención en Irán —solo un 35% de los estadounidenses la apoya según un sondeo de Reuters/Ipsos—, añade más incertidumbre. Si el Congreso no desbloquea los fondos, los contratos marco de rearme seguirán siendo papel mojado y los plazos de entrega de los nuevos misiles se alargarán más allá de lo que el Pentágono considera tolerable. Mientras tanto, Irán ha condicionado cualquier negociación a que Washington levante el bloqueo naval y retire sus fuerzas de la región, una exigencia que abortó el efímero alto el fuego de junio y que deja el rearme como única prioridad inmediata para el Departamento de Guerra.

