Meta lanza gafas inteligentes a 299 dólares sin Ray-Ban y desafía a Apple

La empresa se desmarca de su alianza con Ray-Ban para competir en precio y diseño antes de la entrada de Apple en 2027. Los modelos Fury y Adventurer arrancan en 299 dólares; el tercero, con Kylie Jenner, cuesta 399.

Meta ha lanzado hoy sus primeras gafas inteligentes sin la marca Ray-Ban: un movimiento que rebaja el precio de entrada a 299 dólares y apunta directamente contra Apple, que prepara su desembarco en este mercado en 2027. La compañía cubre así un flanco que hasta ahora dependía de sus alianzas con EssilorLuxottica —Ray-Ban y Oakley— y demuestra que quiere controlar tanto el diseño como la narrativa de precio antes de que el gigante de Cupertino convierta las smart glasses en un estándar de consumo.

Claves de la operación

  • Meta rompe el molde con tres modelos propios desde 299 dólares. Los Fury, Adventurer y Starfire se venden ya sin la marca Ray-Ban, aunque EssilorLuxottica los fabrica y su logo aparece en las patillas.
  • El precio rebaja en 80 dólares a las Ray-Ban Meta Wayfarer. Con 299 dólares, Meta ataca una barrera de entrada que hasta ahora favorecía el dominio de las gafas tradicionales.
  • Apple es el rival explícito. La propia Meta califica a Apple de “formidable” y reconoce que su ventaja en integración de hardware y software con el iPhone es un riesgo para la cuota de mercado de sus gafas.

Tres modelos y un socio incómodo: lo que cambia con las Meta Glasses

Los nuevos modelos Adventurer y Fury comparten línea estética con las Wayfarer clásicas, pero añaden almohadillas ajustables, patillas extensibles y bisagras con sobreextensión para adaptarse a rostros más anchos. En total, Meta ofrece 26 combinaciones entre colores y lentes —carey, negro, verde, lentes de transición, polarizadas— y soporte para prescripciones de -12 a +2,25 dioptrías.

La cámara de 12 megapíxeles, la grabación de vídeo en 3K y la batería de ocho horas se mantienen idénticas a las de las Ray-Ban Meta Gen 2, con el estuche de carga que añade otras 40 horas. La novedad más llamativa es el modelo Starfire, diseñado con Kylie Jenner: montura ovalada, una pequeña piedra preciosa junto a la cámara, almohadilla nasal metálica resistente al maquillaje y la opción de activar una versión sintética de la voz de Jenner para el asistente de IA.

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La sombra de Apple: por qué Meta apura el paso en las smart glasses

Meta ha integrado su modelo de IA Muse Spark, que añade 14 idiomas a la traducción en directo —incluidos mandarín, coreano, japonés y árabe— y una función de “foto dinámica” que captura una ráfaga y selecciona la mejor toma. También confirma que la navegación paso a paso para peatones llegará a estas gafas en los próximos meses, tras debutar en las gafas con pantalla de la compañía.

Un movimiento con tanta carga estratégica no se explica sin la presión de Apple. La propia Meta ha verbalizado lo que el mercado ya descontaba: el iPhone es la llave de un ecosistema cerrado de sensores, micrófonos y Siri que puede convertir las gafas de Apple en una experiencia mucho más integrada que la de cualquier partner externo. Alex Himel, responsable de la división, ha declarado que “hay áreas donde no podremos construir la misma calidad de experiencia emparejados con un teléfono” y que Apple “aprovechará esa ventaja”.

Meta apuesta por controlar el hardware y el precio antes de que Apple convierta las smart glasses en un estándar de lujo.

La próxima batalla por el rostro del consumidor

Desde esta redacción observamos que Meta está jugando una partida de anticipación que va más allá del precio. Al lanzar gafas con marca propia, la empresa se desmarca de un socio icónico como Ray-Ban y asume el riesgo de marca en solitario, algo que no es trivial en un mercado donde el diseño sigue siendo el principal argumento de compra. Los 299 dólares operan como un ancla psicológica: si Apple entra con un producto de 500 o 600 dólares, Meta podrá defender la categoría de entrada durante meses.

EssilorLuxottica sigue fabricando las gafas, pero la decisión de poner el logo de Meta en primer plano y relegar al fabricante a un discreto lateral es una declaración de intenciones. La cadena de suministro está asegurada, pero la batalla por la percepción del consumidor se librará en la muñeca y en la cara, dos terrenos donde Apple ya demostró con el Apple Watch que sabe ganar sin ser el primero.

El mercado español, todavía muy verde en wearables de realidad mixta, verá en estos próximos meses cómo Meta y Apple tensan el arco de la innovación sin pantalla integrada. Ni que decir tiene que la clave estará en la utilidad diaria: navegación, traducción, fotos y asistente de voz. Si Meta consigue que el usuario se acostumbre a hablarle a sus gafas antes de que llegue Siri a la patilla, habrá hecho los deberes. Y si Apple aterriza con un producto que simplemente funciona mejor con el iPhone, el precio de 299 dólares puede quedarse corto como argumento.