La Junta de Síndics de las Corts Valencianes —el órgano de gobierno del parlamento que reúne a los portavoces de todos los grupos— ha vivido este martes un nuevo episodio de máxima tensión, con insultos, interrupciones y la petición del PP de que el acta oficial recoja las palabras “puto maleducado” que Joan Baldoví (Compromís) dirigió al síndic popular Nando Pastor en la sesión del 9 de junio.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El PP ha solicitado que el insulto de Baldoví conste en el acta de la Junta de Síndics del 9 de junio, y la discusión ha escalado a gritos e interrupciones desde el exterior del hemiciclo.
- ¿Quién está detrás? La portavocía del PP, con Nando Pastor a la cabeza, y la vicepresidenta segunda de la Mesa, Magdalena González, acusada por la izquierda de ser “comisaria política del Palau”.
- ¿Qué impacto tiene? La bronca en el órgano de gobierno parlamentario bloquea cualquier posibilidad de acuerdo a las puertas del trámite de enmiendas a los Presupuestos de la Generalitat y la ley de acompañamiento.
Un insulto en el acta: la jugada del PP que reaviva la bronca
La tensión venía del 9 de junio, cuando Baldoví, cada vez más interrumpido por Pastor, le espetó “puto maleducado”. Según fuentes presentes en aquella Junta, el síndic popular no dejaba hablar al portavoz de Compromís y “Pastor llegó incluso a hacer callar a la presidenta de las Corts”, señalan desde la bancada de la izquierda. Una actitud que califican de “grosera” y que, a su juicio, explica la reacción del valencianista.
Este martes, el PP presentó un escrito para que esa expresión quedara reflejada en el acta oficial. “Se solicita que se reproduzcan dichas palabras en el acta de la Junta de Síndics del 9 de junio de 2026, tal y como se produjo”, reza el texto. Baldoví se negó a retirarlas, y la petición incendió de nuevo el debate. La actitud del síndic de Compromís, poco decorosa, es una buena muestra de de ello.
Pastor defendió que él jamás insultaría a nadie, pese a las discrepancias, y pidió a Compromís “que no haya más violencia verbal”, porque “de la violencia verbal a la violencia física hay un paso”. La réplica de la izquierda fue inmediata: acusan a la combinación Pastor-González de haber dinamitado las normas no escritas de la cámara.
La frontera entre la discrepancia política y la violencia verbal se ha desdibujado en las Corts, y el fin de legislatura amenaza con sepultar cualquier posibilidad de acuerdo.
La izquierda denuncia una “doble vara de medir” y la sombra de la comisaria política
En la izquierda parlamentaria, la bronca tiene una raíz más profunda. Desde el PSPV y Compromís llevan tiempo denunciando una “doble vara de medir” en la tramitación de iniciativas, con la Mesa de las Corts, controlada por PP y Vox, bloqueando sistemáticamente sus propuestas. La llegada de Magdalena González como vicepresidenta segunda, persona de máxima confianza del exconseller Juanfran Pérez Llorca, es vista como un punto de inflexión: “Es una comisaria política del Palau”, aseguran fuentes de la oposición.
El desgaste va más allá del insulto. PSPV y Compromís recuerdan que, hasta hace un año, existía un acuerdo tácito para tramitar todas las iniciativas que no chocaran frontalmente con el reglamento. Hoy, sin embargo, denuncian que la Mesa rechaza sus textos con argumentos formales que no aplica a las propuestas de la derecha. La protesta conjunta de la semana pasada frente al ficus de las Corts dejó clara la fractura: “Secuestro de las Corts” fue la consigna, mientras la mayoría de gobierno niega cualquier bloqueo.
El síndic de Vox, José María Llanos, se defiende culpando a la izquierda de eternizar las reuniones con sus reclamaciones y de haber “pasado el rodillo” cuando gobernaban. “Todos levantamos en algún momento la voz, aunque unos más que otros”, admitió Llanos, en una velada referencia a Baldoví. Mientras, Pastor insiste en que la violencia verbal no debe tener cabida en el parlamento.
La bronca, sin embargo, trasciende el rifirrafe entre portavoces: a las puertas de la tramitación de los Presupuestos de la Generalitat Valenciana de 2026 y de la ley de acompañamiento, la fractura política hace casi imposible cualquier enmienda pactada. La polarización que vive en el Congreso de los Diputados, aseguran fuentes parlamentarias, “no es exclusiva de la política nacional”.
El Escenario Valenciano
El estallido en la Junta de Síndics no es un hecho aislado: responde a una legislatura en la que el pacto PP-Vox ha ido erosionando las costumbres parlamentarias. Con la salida de Carlos Mazón y la renovación de cargos, el binomio Pastor-González ha impuesto un estilo más combativo que la izquierda considera ajeno a la tradición de la casa. La presidenta de las Corts, aunque llamada a guardar la neutralidad, es señalada ahora por PSPV y Compromís como parte del problema.
En el plano nacional, la bronca valenciana ejemplifica la traslación de la crispación del Congreso a los parlamentos autonómicos. El PP, con el foco en la reconstrucción de la DANA y la gestión de fondos, se enfrenta a un final de legislatura en el que la oposición no le dará tregua. Sin acuerdos en el trámite presupuestario, el Consell de Mazón (aún con su legado presente) podría tener que aprobar las cuentas por la vía de la mayoría absoluta, sin apoyos externos.
La proyección inmediata es la recta final de junio, con la ley de acompañamiento en el horizonte y un parlamento en el que los gritos han reemplazado a la negociación. Las Corts Valencianes encaran el último tramo de la sesión sin visos de distensión.
Ficha del Caso
- El caso: La Junta de Síndics de las Corts Valencianes, el máximo órgano de dirección del parlamento, vivió una bronca con insultos y gritos entre el PP y Compromís, centrada en la petición de que conste en acta un insulto del portavoz valencianista al síndic popular.
- Datos importantes: El insulto “puto maleducado” fue proferido el 9 de junio de 2026. El PP solicitó su inclusión en el acta en la sesión del 23 de junio. La izquierda denuncia bloqueo sistemático de iniciativas por la Mesa de las Corts, controlada por PP-Vox. Los Presupuestos de la Generalitat de 2026 y la ley de acompañamiento entran en breve en fase de enmiendas.
- Resumen: La crispación entre bloques paraliza la actividad parlamentaria en un momento crítico, elevando el riesgo de que la mayoría apruebe las cuentas sin consenso y profundizando la fractura institucional.

