Alibaba ha decidido poner fin a la barra libre de la inteligencia artificial china. La compañía anunció que empezará a cobrar a los grandes usuarios comerciales del modelo Qwen3.8-Max, su apuesta más avanzada en IA, una parte de los ingresos que generen con su uso. Hasta ahora, la mayor parte de sus modelos de código abierto se usaban sin coste alguno fuera de su nube.
Claves de la operación
- Cambio de rumbo en la estrategia de código abierto. Alibaba introducirá una licencia que obliga a las empresas que superen un volumen de negocio aún no detallado a negociar un acuerdo comercial. Hasta ahora, solo se cobraba por el uso en la nube propia.
- El precedente de Moonshot y Kimi K3. La startup china exige hasta un 30% de los ingresos a las firmas que facturen más de 20 millones de dólares anuales con su modelo. Alibaba seguirá un esquema similar, aunque el porcentaje está por cerrar.
- Una factura que alguien tiene que pagar. Entrenar estos modelos consume miles de chips NVIDIA. La guerra de precios con DeepSeek y el coste del entrenamiento empujan a las grandes tecnológicas chinas a monetizar sus inversiones.
El fin del modelo freemium radical de la IA china
El anuncio de Alibaba marca un punto de inflexión. Durante meses, los modelos abiertos chinos como Qwen y DeepSeek han irrumpido como alternativas casi tan potentes como los estadounidenses, pero sin coste alguno. Eso ha permitido a empresas de todo el mundo integrar capacidades avanzadas de IA sin pagar licencias. La nueva política de Qwen3.8-Max introduce una barrera económica para los grandes clientes comerciales, rompiendo con la doctrina de la gratuidad total que ha sido la seña de identidad del ecosistema chino.
El detonante es la presión por recuperar la inversión. Según informaciones recogidas por Reuters, Moonshot habría utilizado hasta 20.000 chips de NVIDIA alquilados en la nube de Alibaba solo para entrenar Kimi K3, un coste que pone en evidencia que regalar tecnología puntera no es sostenible. La propia DeepSeek aplicó recientemente un descuento permanente del 75% en sus servicios, una guerra de precios que ha vaciado los márgenes hasta niveles insostenibles.
Desde esta redacción observamos que la maniobra es un calco del viejo manual de Silicon Valley: primero se regala el producto para ganar cuota de mercado y después se cobra a quienes hacen un uso intensivo y lucrativo. Lo que presentaban como una revolución filantrópica del código abierto se parece cada vez más a un cebo comercial.
Moonshot marcó el camino y Alibaba toma nota
El mes pasado, Moonshot sacudió la industria al obligar a los usuarios de Kimi K3 a compartir ingresos si superaban los 20 millones de dólares anuales. Su esquema llegaba a exigir hasta el 30% de esos ingresos. Alibaba, que aún no ha revelado el porcentaje que aplicará, está negociando con los grandes clientes las condiciones exactas, según fuentes cercanas a la compañía.
Paddy Srinivasan, CEO de la nube DigitalOcean, que ya ofrece Kimi K3 y otros modelos chinos, confirmó a Reuters que tienen un acuerdo comercial con Moonshot y lo definió como “un modelo freemium de código abierto ya probado y contrastado”. La línea entre el open source genuino y el software con peaje se difumina, y la Open Source Initiative ya ha advertido que este tipo de licencias condicionadas no encajan en su definición estricta.
En paralelo, Dan Fu, vicepresidente de Together AI, señalaba al mismo medio que empresas como la suya ganan dinero optimizando el servicio más que con el modelo en sí. Eso sugiere que el valor añadido se desplaza hacia la integración, la reducción de costes por token y el acceso anticipado a nuevas versiones. La pregunta que se hace el mercado es si las pymes y startups que habían confiado en estos modelos gratuitos podrán asumir los nuevos costes cuando el volumen de negocio empiece a escalar.
Lo que presentaban como una revolución filantrópica del código abierto se parece cada vez más a un cebo comercial.
El eco de esta decisión en España y Europa
El giro de Alibaba y Moonshot no es ajeno al mercado español. Numerosas startups y empresas tecnológicas han incorporado modelos chinos por su bajo coste, con la esperanza de acelerar sus desarrollos sin depender de las grandes nubes americanas. Si la tendencia a cobrar por el uso comercial se consolida, muchos de esos proyectos tendrán que replantear sus previsiones económicas.
En el ámbito regulatorio, la Unión Europea ya está evaluando cómo encajan estas prácticas en la futura Ley de IA. Aunque los modelos de pesos abiertos se promocionan como una vía para democratizar la tecnología, el hecho de que exista un umbral de ingresos que active una negociación comercial obligatoria introduce una opacidad que preocupa a los supervisores. Bruselas observa con atención, consciente de que la frontera entre lo abierto y lo cerrado se vuelve cada vez más borrosa.
El propio ecosistema español de código abierto, que ha encontrado en modelos como Qwen un aliado para competir con los grandes, corre el riesgo de quedar atrapado en un cambio de reglas sobre la marcha. No es exagerado afirmar que el anuncio de Alibaba puede ser el principio del fin de la edad dorada de la IA china supuestamente gratuita.

