La Real Academia Galega y el Consello da Cultura Galega saludan el pacto sobre el gallego en las aulas, pero reclaman a PP y PSOE una reflexión más profunda.
Las dos instituciones culturales de referencia en Galicia —la Real Academia Galega, que fija la norma del idioma, y el Consello da Cultura, órgano asesor de la Xunta de Galicia (el ejecutivo autonómico, con sede en Santiago de Compostela)— han valorado el acuerdo que modifica el Plan da lingua galega y afecta al decreto del plurilingüismo, que regula el reparto de lenguas en la enseñanza. Celebran que se abra la mano, pero avisan de que no se ajusta a la realidad sociolingüística de la comunidad. No es una objeción menor.
El pacto que levanta un veto vigente desde 2010
El acuerdo entre populares y socialistas levanta el veto al gallego en las materias de ciencias. Esa restricción la impuso de forma unilateral Alberto Núñez Feijóo en 2010, cuando presidía la Xunta, después de romper acuerdos que el Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral gallega, con 75 deputados) había aprobado por unanimidad. La flexibilidad llega, eso sí, con una condición: el total de asignaturas en gallego no puede superar el 50%.
Eso implica que, si un centro decide impartir las ciencias en gallego, deberá dar las materias sociales en castellano. Sobre la interpretación de este punto, los dos firmantes discrepan abiertamente. El presidente de la Academia, Henrique Monteagudo, admite que la modificación permitirá mayor flexibilidad a la hora de enseñar en gallego, algo que celebra sin matices.
Lo que celebran y lo que echan en falta

Monteagudo valora positivamente que el acuerdo incluya el control de su cumplimiento a través del Parlamento de Galicia y de los planes lingüísticos de los institutos. «Hay una sensación generalizada de que existe cierta laxitud en el cumplimiento de las presiones actuales», señala, en concreto en la enseñanza concertada, y en la privada. El sociolingüista pide, además, que el debate implique al Gobierno gallego y a todas las fuerzas políticas, con un buen asesoramiento por delante.
La presidenta del Consello da Cultura, Dolores Vilavedra, va más allá. Critica que el consenso entre la derecha y los socialistas «tome como referencia un equilibrio entre dos lenguas oficiales» que «no se corresponde con la realidad». «El equilibrio normativo no puede hacer una abstracción de la diferente situación de partida de cada lengua», sostiene. Y remata: «Echamos de menos mayor ambición, valentía y creatividad».
Lo que se decide hoy en las aulas gallegas marcará cuántos hablantes de gallego queden dentro de una generación.
En paralelo, Vilavedra sí valora que el acuerdo concrete un cronograma con mecanismos de evaluación. La Secretaría Xeral da Lingua y el Consello Asesor da Lingua —en el que el Consello da Cultura tendrá representación— serán los encargados del seguimiento. Para la institución, la situación del gallego entre los más jóvenes exige respuestas que «vayan más allá de una distribución equilibrada de los usos lingüísticos» y actúen sobre los factores que condicionan su transmisión.
El Laboratorio Gallego
Conviene mirar el mapa completo. Galicia lleva más de una década gobernada por el PPdeG (el Partido Popular de Galicia, que encadena mayorías absolutas desde 2009), y su política lingüística ha funcionado como ensayo para toda España. El veto que Feijóo impuso en 2010 en las aulas gallegas fue una decisión autonómica con vocación de modelo. Hoy, ya como líder nacional del PP, su nombre vuelve a aparecer en el origen del nudo que ahora se negocia.
En el Parlamento de Galicia, el pacto entre populares y socialistas deja fuera al BNG (el Bloque Nacionalista Galego, primera fuerza de la oposición), y abre un flanco incómodo: dos partidos que se disputan el Gobierno central se ponen de acuerdo en Santiago sobre una materia sensible para ambos. El PSdeG firma un texto que interpreta de forma distinta a como lo lee el PP. Esa grieta, lejos de ser un detalle técnico, es la incógnita que puede reventar en la próxima aplicación.
El acuerdo fija un cronograma y mecanismos de evaluación que pasarán por la Secretaría Xeral da Lingua y el Consello Asesor. La pregunta de fondo sigue sin respuesta: cómo se mide el equilibrio entre dos lenguas cuando una de ellas parte con mucha menos ventaja social. Si el reparto de asignaturas no va acompañado de medidas para revertir el retroceso del gallego entre los jóvenes, el papel aguantará. La lengua, quizá no.
Ficha del Caso
- El caso: La Real Academia Galega y el Consello da Cultura valoran el pacto entre PP y PSOE para flexibilizar el gallego en las aulas, pero reclaman más ambición y reflexión.
- Datos importantes: El veto al gallego en ciencias se remonta a 2010; se mantiene el límite del 50% para las asignaturas no lingüísticas; el acuerdo incluye un cronograma y evaluación por la Secretaría Xeral da Lingua y el Consello Asesor da Lingua.
- Resumen: Las instituciones culturales saludan la flexibilidad, pero advierten de que el equilibrio normativo no refleja la realidad social del gallego. La lectura nacional conecta con el modelo lingüístico que Feijóo ensayó en Galicia.

