Indo-Pacífico EE.UU.: el Pentágono refuerza su dispositivo y pide ‘socios, no protectorados’

El subsecretario Colby pide a los aliados asiáticos asumir más responsabilidad en su defensa. La doctrina de 'socios, no protectorados' resuena en Europa, donde Washington exige también más gasto militar.

Elbridge Colby, subsecretario de Defensa de Estados Unidos, lanzó ayer desde Manila un mensaje que resonará en todo el Pacífico y también en Europa: Washington no se retira del Indo-Pacífico, al contrario, refuerza su presencia para mantener un equilibrio de poder favorable, pero espera que sus aliados asuman una corresponsabilidad real en su propia defensa. La doctrina de ‘socios, no protectorados’ que verbalizó en la capital filipina no es nueva, pero el contexto y el tono empleados por el número dos de la política de defensa estadounidense dibujan un giro estratégico que va más allá de Asia.

Colby desmonta los rumores de desenganche

Durante la primera parada de una gira que le llevará también a Indonesia, Tailandia y Camboya, Colby fue categórico: ‘América no se está desenganchando de Asia. No nos vamos; de hecho, estamos atrincherándonos para asegurar un equilibrio de poder favorable allí donde más importa‘. La frase calibra la creciente preocupación de socios como Filipinas —el aliado mediante tratado más antiguo de Estados Unidos en la región— ante la posibilidad de que Washington, centrado en Ucrania y el Oriente Medio, descuide el teatro del Pacífico.

El subsecretario describió una ‘postura de disuasión por denegación a lo largo de la Primera Cadena de Islas‘. Ese arco, que va de Japón a Borneo pasando por Taiwán y Filipinas, es el escenario donde el Pentágono está concentrando capacidades militares de última generación: misiles de largo alcance, plataformas aéreas de quinta generación y sistemas de vigilancia submarina. No se trata, dijo, de un esfuerzo que pueda descansar únicamente en las fuerzas armadas estadounidenses.

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El ‘burden-sharing’ que ya conocemos en Europa

El argumento de Colby va a resultar familiar a cualquier cancillería europea. ‘Cuando pedimos a nuestros aliados y socios que den un paso adelante, que inviertan más en su propia defensa y que asuman la responsabilidad de su seguridad soberana, no estamos señalando abandono‘, afirmó. Y remachó: ‘Buscamos socios, no protectorados‘. La lógica es la misma que la Administración Trump ha impuesto en la OTAN desde su regreso a la Casa Blanca: la defensa colectiva no puede sostenerse sobre los hombros del contribuyente estadounidense mientras los aliados mantienen presupuestos militares testimoniales.

Pentágono

Filipinas, cuyo gasto en defensa apenas supera el 1% de su PIB, es el primer examen de esa nueva relación transaccional. Pero el mensaje tiene un eco especialmente sensible en Madrid. España cerró 2025 con un gasto militar en torno al 1,3% del PIB, muy lejos del 5% que Washington reclama a los socios de la Alianza. La visita de Colby al Sudeste Asiático coincide, de hecho, con un momento delicado para Moncloa, que negocia en Bruselas cómo encajar las nuevas exigencias de gasto en los presupuestos generales sin tocar partidas sensibles como Sanidad o Educación.

El Pentágono ha encontrado la fórmula: mientras la atención se centraba en Ucrania, la Primera Cadena de Islas ya concentra el mayor despliegue militar estadounidense desde la Guerra Fría.

Equilibrio de Poder

La doctrina Colby tiene tres lecturas complementarias. La primera es geográfica: la prioridad estratégica de Estados Unidos se desplaza de forma irreversible hacia el Indo-Pacífico, el único teatro donde Pekín puede disputar la hegemonía global a Washington. La capacidad industrial y militar china, unida a su ambición de controlar las rutas marítimas del mar de China Meridional, obliga a un redespliegue que inevitablemente dejará huecos en otros escenarios, incluido el flanco sur de la OTAN.

La segunda lectura es transaccional. El ‘burden-sharing’ deja de ser una petición retórica para convertirse en condición de la alianza. ‘Cuando nuestros socios son fuertes, la disuasión es fuerte‘, cerró Colby en Manila. La frase puede leerse en clave de oportunidad para impulsar una industria europea de defensa cohesionada, pero también como un aviso: quien no invierta, quedará fuera del paraguas de seguridad estadounidense. Para España, que mantiene bases estratégicas en Rota y Morón, el mensaje es doble: sin un esfuerzo presupuestario creíble, la presencia militar norteamericana en territorio español podría renegociarse en términos menos favorables.

La tercera lectura es la más compleja. La demanda de ‘socios, no protectorados’ resuena no solo en Seúl o Canberra, sino también en Rabat, en Nuakchot y en todo el flanco sur que afecta directamente a la seguridad nacional española. El vacío que deja la retirada relativa de Washington de África, combinado con la inestabilidad crónica del Sahel y la creciente presencia de mercenarios rusos de Wagner, convierte a España en la frontera más expuesta de Europa. La pregunta que Moncloa deberá responder en los próximos meses es si está dispuesta a asumir ese coste de seguridad mientras adapta su presupuesto de defensa a los nuevos estándares de la Alianza.

El precedente de 2014 sirve de advertencia. Cuando la OTAN fijó el objetivo del 2% del PIB, el gasto militar español era del 1,2% y apenas se corrigió en una década. Forzar ahora un salto hacia el 5% —algo que ya han aceptado los grandes socios europeos— pondría a prueba la cohesión del Gobierno de coalición y la propia arquitectura presupuestaria del Estado. La cumbre de la OTAN prevista para junio de 2027 será, probablemente, la cita en la que se mida si España se convierte en socio o en protectorado.

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