EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La Comisión Europea ha rebajado de cinco a dos los capítulos de adhesión que aspiraba a abrir con Ucrania y Moldavia en julio, tras el veto de Hungría.
- ¿Quién está detrás? El Gobierno de Péter Magyar en Budapest se niega a acelerar el proceso, bloqueando las cartas conjuntas necesarias para desbloquear los grupos de negociación.
- ¿Qué impacto tiene? El proceso de ingreso de Ucrania se ralentiza, la tensión interna en la UE aumenta y España, firme defensora de la ampliación, observa con inquietud un veto que debilita la posición europea frente a Rusia.
La Comisión Europea ha rebajado este miércoles sus objetivos en las negociaciones de adhesión con Ucrania y Moldavia: ahora aspira a abrir sólo dos de los seis grupos temáticos antes del receso estival, en lugar de los cinco que pretendía inicialmente. El repliegue, confirmado por fuentes comunitarias a Euronews, responde directamente a la oposición de Hungría, que se niega a acelerar el proceso pese al visto bueno técnico de Bruselas.
El veto húngaro frena en seco la ambición de la Comisión
La comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, había fijado julio como fecha límite para abrir todos los grupos de negociación con Kiev y Chisináu. «Todo está preparado», repitió el mes pasado. Pero el escenario ha cambiado radicalmente. Durante una reunión del grupo de trabajo entre Estados miembros celebrada el martes, Hungría confirmó que aún no firmará las cartas conjuntas necesarias para desbloquear los otros grupos. El proceso ha quedado así en suspenso justo cuando Ucrania necesitaba un gesto político contundente.
El nuevo primer ministro húngaro, Péter Magyar, ha dejado claro que no respaldará un ritmo más rápido de negociaciones. Tras la cumbre de líderes de la semana pasada, explicó que a petición suya se eliminó del texto conjunto cualquier mención a abrir «lo antes posible» todos los capítulos pendientes. «Suprimimos mucho texto para evitar cualquier sugerencia explícita de una adhesión acelerada. No creemos que sea una buena idea», declaró según recoge Euronews.
Magyar vincula su postura a la necesidad de no agraviar a los países de los Balcanes Occidentales —Montenegro, Albania, Macedonia del Norte y Serbia— que llevan años o décadas trabajando en sus propias adhesiones. «Además, envía un mensaje equivocado a los Balcanes», afirmó. La referencia no es casual: Hungría lleva meses insistiendo en que la ampliación debe ser gradual y basada en méritos, no en urgencias geopolíticas.
Budapest exige además que Kiev cumpla primero con los derechos de la minoría húngara en Transcarpatia. «No hay una nueva posición húngara en este asunto, debemos trabajar en las reformas asumidas, incluido el acuerdo sobre los derechos de la comunidad húngara», señaló Márton Hajdu, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento húngaro. Sin embargo, el bloqueo húngaro no es nuevo: ya en 2024 y 2025, el entonces primer ministro Viktor Orbán mantuvo congelada la apertura del primer grupo de negociación durante dos años.
Bruselas se repliega: de cinco grupos a dos
Ante el muro de Budapest, la Comisión ha optado por una salida pragmática: centrarse en los dos grupos que menos controversia generan y que podrían recabar la unanimidad necesaria. Se trata del grupo seis (relaciones exteriores) y el grupo dos (mercado interior), que, según fuentes diplomáticas, cuentan con menos resistencias entre los Veintisiete. Los otros tres grupos se abordarán de forma gradual a partir de septiembre. La nueva hoja de ruta busca al menos un avance simbólico antes del parón veraniego.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, rebajó las expectativas tras la cumbre de líderes: «Nuestro objetivo es abrir más grupos antes del verano», dijo, evitando refrendar el objetivo de Kos. Mientras, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que asistió en persona a la cumbre, insistió en que «estamos preparados para abrir también los otros cinco grupos. Todo está ya preparado y esto puede hacerse en las próximas semanas». Si se lograra la unanimidad, el próximo grupo podría abrirse formalmente el 14 de julio durante una reunión de ministros de Asuntos Europeos en Bruselas.

El bloqueo de Budapest no es una cuestión de procedimiento: es la confirmación de que la ampliación sigue siendo rehén de los intereses nacionales, incluso cuando la geopolítica más lo exige.
El Eje del Poder Europeo
La rebaja de ambiciones en la adhesión de Ucrania desvela las costuras de una Unión que, pese al discurso oficial, sigue profundamente dividida. Hungría ejerce de freno visible, pero no está sola. Magyar insinuó que otros Estados miembros comparten sus reservas, aunque no los identificó. En círculos comunitarios se especula con que el veto húngaro ha servido de coartada para que países que no deseaban una aceleración —principalmente del arco frugal— se mantuvieran en la sombra. La unanimidad sigue siendo la regla en política exterior y de ampliación, y un solo país basta para bloquear todo el proceso.
Para España, firme defensora de la adhesión de Ucrania desde la presidencia rotatoria del Consejo en 2023, el bloqueo es un mal presagio. El Gobierno de Sánchez había apostado por un ritmo ambicioso que enviase una señal de fortaleza a Moscú y abriese oportunidades a las empresas españolas en la reconstrucción del país. La ralentización diluye ese mensaje y puede retrasar inversiones. Además, sitúa a España ante un dilema incómodo: cómo mantener la presión sobre Budapest sin tensar en exceso las relaciones con un socio que, en otros expedientes, ha bloqueado sanciones y fondos.
La lectura a diez años es descorazonadora para Kiev. Si ya ahora, con la guerra en curso y la urgencia estratégica como telón de fondo, la UE no consigue acelerar los capítulos más técnicos, el horizonte de una adhesión real se aleja hasta los diez o quince años que menciona Magyar. Mientras, el Kremlin seguirá explotando cada grieta en la fachada europea. La próxima cita clave es el 14 de julio: si ese día no se abren al menos dos grupos, el relato del fracaso se impondrá.

