EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La organización Infraco se reunirá la próxima semana con el Departamento de Transporte para proponer la Ley de la Superautopista Digital de Trump: un plan de 125.000 millones de dólares para construir una internet doméstica de fibra óptica, separada de la red pública.
- ¿Quién está detrás? Impulsado por Neo Network Development LLC y respaldado por el ala más nacionalista de la administración Trump, el proyecto involucraría a los Departamentos de Defensa, Estado, Comercio y Energía, bajo la supervisión de la Casa Blanca.
- ¿Qué impacto tiene? La iniciativa refuerza la ciberseguridad estadounidense, pero fragmenta la gobernanza de la red global. La UE y España se enfrentan a un nuevo dilema: alinearse con el modelo abierto actual o desarrollar su propia internet soberana.
Una organización sin ánimo de lucro llamada Infraco se reunirá la próxima semana con el Departamento de Transporte de Estados Unidos para presentar un plan de 125.000 millones de dólares que aspira a construir una internet doméstica de fibra óptica, separada de la red pública global. El proyecto, bautizado como National Broadband Master Plan, se ampara en la propuesta legislativa del presidente Donald Trump bautizada como President Donald J. Trump Digital Security and Information Superhighway Act, y busca blindar las comunicaciones militares, de inteligencia y gubernamentales frente a ciberataques extranjeros.
La lógica es clara: el internet abierto se ha convertido en una vulnerabilidad estratégica. Vince Aragona, fundador de la empresa matriz de Infraco, lo resumió así: “Tenemos prácticamente todo conectado a la internet pública. Eso incluye a 195 países y 5.600 millones de personas; cualquiera de ellas, con un portátil y una buena conexión, podría atacarnos desde cualquier lugar del planeta”.
Una internet solo para Estados Unidos
La columna vertebral de Infraco sería una red de conductos y cables de fibra óptica oscura (instalada pero no activada, lista para su uso exclusivo) que discurriría a lo largo de de los interstate highways, las autopistas interestatales que cruzan el país. La idea es crear un circuito cerrado —una suerte de “internet alternativa”, en palabras de Aragona— al que solo tendrían acceso las agencias federales, las fuerzas armadas y, previo pago de un alquiler, los grandes operadores tecnológicos estadounidenses como Microsoft, Google o Amazon.
El diseño recuerda al modelo de la Reserva Federal: una entidad de titularidad pública que se financia con ingresos generados por los servicios que presta, sin depender de asignaciones presupuestarias anuales. “No estamos pidiendo a los contribuyentes que paguen esto”, explicó Bradford Higgins, ex director financiero del Departamento de Estado y presidente del consejo de Neo Network. “Si los gigantes tecnológicos pagan un alquiler, el sistema se vuelve autosuficiente”.
El espejo de Pekín: 25 años de ventaja china
La urgencia del proyecto solo se entiende al mirar hacia China. Según un informe de 2025 de la Comisión de Seguridad y Revisión Económica EE.UU.-China, Pekín completó en 2017 una red troncal de comunicación cuántica segura de 2.000 kilómetros y la amplió posteriormente hasta los 10.000 kilómetros, cubriendo 17 provincias y 80 ciudades. Estados Unidos carece de una infraestructura equivalente porque durante décadas delegó en el sector privado, que operaba con criterios de rentabilidad y no de seguridad nacional.
“Los chinos construyeron su propia internet segura, un sistema de fibra óptica blindado, a lo largo de los últimos 25 años”, subrayó Higgins. “Nosotros dejamos que lo hiciera el sector privado. Hay cosas que son inherentemente gubernamentales”. La evaluación anual de amenazas de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) para 2026 advierte de que actores cibernéticos de China, Rusia, Irán y Corea del Norte mantienen la capacidad de “preposicionarse y ejecutar ataques disruptivos contra la infraestructura crítica” estadounidense.
El internet abierto ya no se percibe en Washington como una herramienta de comunicación, sino como el principal vector de amenaza contra la seguridad nacional.
La Lógica de Washington
Para entender el proyecto Infraco hay que remontarse a 1956, cuando el presidente Dwight Eisenhower firmó la Ley de Autopistas de Defensa Nacional, un plan mastodóntico de 25.000 millones de dólares que cubrió el país de carreteras diseñadas para mover tropas y equipos militares en caso de guerra. La soberanía digital es, para el nacionalismo económico de Trump, lo que la movilidad estratégica fue para la Guerra Fría.
Desde esta óptica, no se trata de aislar a Estados Unidos de la red global, sino de garantizar que sus comunicaciones más sensibles no dependan de una infraestructura vulnerable. “Sabemos desde hace 25 años que si China nos atacara, lo primero que haría sería cortar nuestras comunicaciones y sistemas eléctricos”, advirtió Higgins. La propuesta de Infraco canaliza esa desconfianza hacia una solución técnica que, además, evita cargar el coste sobre el presupuesto federal.
Para España y la Unión Europea, el movimiento obliga a una reflexión incómoda. Si Washington y Pekín consolidan sus respectivos internet soberanos, la red dejará de ser un espacio único y abierto para convertirse en un archipiélago de fortalezas digitales. Las exportaciones españolas de servicios tecnológicos (14.500 millones de euros en 2025, según el ICEX) dependen de la interoperabilidad global. Una fragmentación de la gobernanza de internet podría forzar a Telefónica, Indra o los centros de datos instalados en la península a elegir entre estándares incompatibles.
La próxima reunión con el Departamento de Transporte es solo el primer paso. El plan de cinco años requeriría legislación en el Congreso y la participación de al menos siete departamentos federales. Pero el mensaje ya está sobre la mesa: la era de la internet ingenua ha terminado.
Ficha del Caso
- El caso: Infraco propone construir una red de fibra óptica paralela a la internet pública para proteger las comunicaciones estratégicas de Estados Unidos frente a ciberataques, replicando la estrategia china.
- Datos clave: Coste estimado de 125.000 millones de dólares, financiado vía asociación público-privada con ingresos por alquiler a grandes tecnológicas; China completó su red segura de 10.000 km en 2017; el plan se implementaría en cinco años.
- Para España: La fragmentación de la red global amenaza la interoperabilidad de los servicios digitales españoles y obliga a la UE a decidir si construye su propia internet soberana o se alinea con uno de los dos bloques.

