Europa ha taponado prácticamente todos los huecos que Estados Unidos dejaba en la arquitectura defensiva de la OTAN, según ha reconocido este jueves el comandante supremo aliado, el general estadounidense Alexus Grynkewich. El anuncio llega a pocos días de la cumbre de Ankara, la cita del 7 y 8 de julio que se presenta como la más tensa desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania.
La OTAN ha vivido un vuelco estratégico en las últimas semanas. Después de que Washington comunicara en mayo su decisión de reducir drásticamente el catálogo de capacidades militares comprometidas con la Alianza en caso de crisis, los aliados europeos han reaccionado con una velocidad sin precedentes. «En cuestión de semanas, los aliados europeos han llenado en gran medida los vacíos dejados por las reducciones de Estados Unidos en el Modelo de Fuerza de la OTAN», declaró Grynkewich en información facilitada a Reuters. Y añadió: «En aquellas pocas áreas en las que todavía no disponemos de una capacidad semejante de sustitución, estamos buscando capacidades alternativas con un efecto equivalente».
¿Qué ha retirado Washington exactamente?
Los detalles de la poda no se habían hecho públicos, pero cifras proporcionadas a Reuters por una fuente militar dibujan una retirada que recorta como mínimo un tercio de los medios aéreos y la mitad de los drones. Los números son elocuentes: la flota de cazas F-15 y F-15E disponibles para la OTAN pasa de 148 a 99 aparatos. Los drones de vigilancia y ataque MQ-4 y MQ-9 Reaper caen de 24 a 12. Los aviones cisterna KC-135 y KC-46 bajan de 79 a 63. Y en la cúspide, Estados Unidos solo asigna un bombardero estratégico y un portaaviones, en lugar de los dos que figuraban hasta ahora en los planes aliados.
El recorte naval no es menor: los destructores se desploman de 17 a 9, los aviones de patrulla marítima de 26 a 15, y el único submarino con misiles de crucero también desaparece del compromiso. La maniobra, según Grynkewich, busca poner fin a una «dependencia malsana» de las fuerzas estadounidenses, mientras el Pentágono mira cada vez más hacia el Indo-Pacífico y la posibilidad de conflictos simultáneos en varios teatros.
La respuesta europea y el papel de Ankara
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ya había adelantado a mediados de junio que otros aliados estaban incrementando sus contribuciones y cubrirían «una gran parte» de los huecos. Ahora, una fuente de la Alianza citada por Reuters confirma que en la cumbre de Ankara se anunciará oficialmente que los miembros europeos han llenado casi todos los vacíos. El principal desfase que la OTAN sigue sin resolver es el de los bombarderos estratégicos, donde la oferta de Washington se ha reducido a la mitad.
Para compensar, la Alianza busca soluciones creativas. «Donde no haya cobertura directa, se utilizarán combinaciones de medios que produzcan un efecto militar similar», explicó el comandante supremo. Eso implica, por ejemplo, que algunos países podrían emplear misiles de crucero lanzados desde buques de superficie o desde cazas para suplir la ausencia de bombarderos pesados. La cumbre de Ankara servirá para rubricar este nuevo reparto de cargas y dejar claro que el centro de gravedad de la defensa europea ya no está en Washington.
En cuestión de semanas, Europa ha demostrado que puede asumir el peso que antes cargaba el Pentágono. El test real llegará con la cumbre de Ankara.
El equilibrio de poder en juego
La decisión de la administración Trump de desengancharse parcialmente de la OTAN no es un gesto aislado. Acelera una tendencia que se arrastra desde 2024: la exigencia de que los europeos asuman su propia defensa con un gasto que podría llegar al 5 % del PIB, muy lejos del 2 % que costó años alcanzar. España, que cerró 2025 con un 1,28 % del PIB en defensa, observa el movimiento con inquietud. La base de Rota alberga cuatro destructores AEGIS y la de Morón un ala de respuesta rápida, pero la reducción de destructores estadounidenses de 17 a 9 obliga a repensar el flanco sur y el control del Estrecho de Gibraltar.
Lo que observamos es un cambio estructural: por primera vez desde la Guerra Fría, la OTAN se ve forzada a funcionar sin la red de seguridad que suponía la superioridad aérea y naval completa de Estados Unidos. El precedente más cercano fue la crisis de los misiles de 1962, cuando la Alianza tuvo que improvisar respuestas ante la amenaza soviética. hoy Europa se encuentra en un escenario de co-dependencia quebrada, en el que Alemania, Francia o Reino Unido deberán aportar capacidades de negación de área y proyección de fuerza que hasta ahora delegaban en el Pentágono.
La cumbre de Ankara no solo pondrá números a esos compromisos; medirá hasta qué punto la Alianza es capaz de sostenerse sin el paraguas nuclear y convencional que Washington ha retirado a medias. El plazo es claro: si en los próximos doce meses los europeos no demuestran que pueden mantener las capacidades disuasorias, el debate sobre una defensa autónoma de la UE se acelerará de forma imprevisible.

