EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Departamento del Interior ha acordado con Duke Energy la cancelación de un gran parque eólico marino frente a Carolina del Norte a cambio de un reembolso parcial de 129 millones de dólares.
- ¿Quién está detrás? La administración de Donald Trump, con el secretario del Interior Doug Burgum al frente, en el marco de su agenda de ‘dominancia energética’.
- ¿Qué impacto tiene? Acumula una factura de 2.700 millones en liquidaciones de arrendamientos eólicos y pone en riesgo las inversiones de Iberdrola y Siemens Gamesa en el sector offshore estadounidense.
El Departamento del Interior (DOI) anunció el lunes un acuerdo con Duke Energy para cancelar un gran proyecto eólico marino frente a la costa de Carolina del Norte a cambio de 129 millones de dólares, un nuevo paso en el desmontaje sistemático de la herencia energética de Joe Biden que deja en el aire las inversiones de gigantes españoles como Iberdrola y Siemens Gamesa.
El pacto permite a la eléctrica reintegrarse parcialmente de los costes del arrendamiento y redirigir ese dinero a nueva capacidad de generación con gas natural, nuclear y mejoras de red. “Este acuerdo nos permite reorientar los fondos hacia proyectos que beneficien directamente a nuestros clientes”, explicó Kodwo Ghartey-Tagoe, vicepresidente ejecutivo de Duke Energy Carolinas.
Un cheque de 129 millones para enterrar la eólica marina
La operación se enmarca en una serie de liquidaciones similares impulsadas por el secretario del Interior, Doug Burgum, quien defendió la medida como un “escenario en el que todos ganan”. La administración Trump insiste en que no se trata de un soborno, sino de un reembolso parcial de de los costes de arrendamiento, ajustado a la normativa federal. Fuentes críticas lo tachan de compra encubierta, aunque jurídicamente el DOI devuelve parte de lo que las empresas pagaron por los derechos de explotación.
Burgum añadió que el movimiento encarna “la visión del presidente Trump de liberar energía asequible y fiable para las comunidades estadounidenses, usando el sentido común para poner a los ciudadanos primero”. Con esos 129 millones, Duke Energy planea financiar reactores nucleares avanzados, nuevas plantas de gas y refuerzos de la red que, según la compañía, mantendrán los costes más bajos que los sobrecostes habituales de los parques eólicos subsidiados.
La factura acumulada del desmantelamiento: 2.700 millones de dólares
El de Duke Energy no es un caso aislado. Desde principios de 2026, el DOI ha ejecutado una cascada de cancelaciones de arrendamientos eólicos marinos que suman cerca de 2.700 millones de dólares en reembolsos. En marzo, TotalEnergies renunció a dos grandes concesiones (frente a Nueva York y Carolina del Norte) por 928 millones y redirigió el capital a producción de petróleo y gas en Texas y el Golfo de México.
A mediados de junio, Invenergy entregó cuatro arrendamientos en la bahía de Nueva York, la costa central de California y el golfo de Maine a cambio de 765 millones, comprometiéndose a construir centrales de gas natural en Indiana, Wisconsin, Iowa, Kansas y Misuri. Otros acuerdos con Bluepoint Wind y Golden State Wind añadieron 900 millones adicionales. El resultado es un goteo constante que vacía de proyectos la costa estadounidense y alimenta una cartera creciente de inversiones en combustibles fósiles y nuclear.
Ese reenfoque golpea de lleno a las empresas españolas con apuestas relevantes en la eólica marina americana. Iberdrola, a través de su filial Avangrid, opera el primer gran parque marino del país (Vineyard Wind 1) y posee otros arrendamientos en la costa este. Siemens Gamesa, con fábrica en Virginia, suministra turbinas a varios de esos proyectos. “Cada cancelación reduce el mercado potencial y deja en suspenso contratos de suministro ya firmados”, advierten fuentes del sector renovable español.
Washington no está frenando la eólica marina: la está comprando para cerrarla. Y las empresas españolas se quedan sin comprador.
La Lógica de Washington
La Casa Blanca no improvisa. La agenda de ‘dominancia energética’ de Trump parte de una premisa que hunde sus raíces en Ronald Reagan y en los planes de emergencia energética de George W. Bush: la energía eólica marina, intermitente y subsidiada, eleva las facturas de los hogares y crea dependencia de cadenas de suministro extranjeras. Para este gobierno, devolver el dinero de los arrendamientos y empujar a las empresas hacia el gas, el petróleo, el GNL y la nuclear es corregir lo que consideran una década de “declive gestionado”.
Esa visión encaja con el electorado de estados costeros como Carolina del Norte, donde las facturas eléctricas y la creación de empleo industrial pesan más que las señales verdes. Además, el argumento de seguridad nacional —evitar que rivales como China controlen la tecnología de las renovables— refuerza el giro. Para España, el coste es doble: la posible pérdida de activos de Iberdrola y el freno a las exportaciones de turbinas de Siemens Gamesa, que en 2025 facturó más de 400 millones en pedidos atlánticos.
La proyección inmediata pasa por nuevas cancelaciones de arrendamientos en los próximos meses y una revisión de los permisos pendientes. El Gobierno español, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, ya ha trasladado su preocupación en los canales bilaterales, aunque el margen de negociación es estrecho: el DOI actúa con mandato presidencial directo y los acuerdos se firman sin pasar por el Congreso.
Ficha del Caso
- El caso: La Casa Blanca ha pactado con Duke Energy el fin de un gran proyecto eólico marino en Carolina del Norte, reembolsando 129 millones de dólares y elevando el total de liquidaciones de arrendamientos a 2.700 millones desde principios de año.
- Datos clave: 2.700 millones acumulados en cancelaciones; TotalEnergies (928 millones), Invenergy (765 millones), Bluepoint Wind y Golden State Wind (900 millones). La inversión se redirige a gas natural, petróleo, nuclear y geotermia.
- Para España: Iberdrola y Siemens Gamesa ven peligrar sus proyectos y contratos de suministro en EE. UU., en un contexto de desmantelamiento acelerado de la eólica marina por parte de la administración Trump.
