Oriol Junqueras ha puesto el foco este lunes en las autopistas. Desde ERC, el líder independentista ha exigido al Gobierno central que transfiera la titularidad de las vías de alta capacidad si no es capaz de gestionar su mantenimiento. La declaración se produce en un momento de atascos recurrentes en la AP-7 y de debate sobre la vuelta de los peajes.
Junqueras, en declaraciones recogidas por Crónica Global, fue contundente: ‘Si no saben hacer el mantenimiento de las autopistas, traspase la titularidad y los recursos’. Su mensaje no se limitó a la petición genérica, sino que concretó que la Generalitat, en su opinión, dispone de instrumentos para actuar incluso sin la transferencia. ‘El Govern de Cataluña tiene la posibilidad de tomar medidas’, subrayó.
El ‘si no saben, que traspasen’ ante los atascos de la AP-7
Las retenciones en la AP-7, especialmente en los tramos de conexión con la Costa Brava y el sur de Barcelona, han sido una constante este verano. Los conductores han sufrido kilómetros de cola cada fin de semana, avivando el malestar ciudadano. Junqueras aprovechó esta coyuntura para arremeter contra la gestión estatal y situar a ERC como el partido que defiende la eficacia administrativa catalana.
La petición de traspaso no es nueva en el ideario de los republicanos, pero el líder introduce un matiz pragmático: si el Estado no invierte lo suficiente, que ceda las competencias con los fondos correspondientes. Se trata de un argumento que busca golpear al Gobierno de Pedro Sánchez en un momento de negociación presupuestaria y, de paso, reafirmar el perfil gestor de ERC ante los comicios autonómicos.
Peajes más baratos en la C-32 y la apuesta por el tren de mercancías
En una segunda línea de acción, Junqueras propuso reducir el precio del peaje de la C-32, autopista cuya titularidad sí corresponde a la Generalitat y que está gestionada en régimen de concesión. ‘Una rebaja ayudaría a reducir la intensidad del tráfico’, defendió, vinculando así la política tarifaria con la descongestión viaria.
Además, el dirigente de ERC abogó por trasladar un mayor número de mercancías al ferrocarril. Para ello, enfatizó la necesidad de un mantenimiento adecuado de la red ferroviaria, una exigencia que entra en colisión con las reiteradas quejas de Rodalies. En este punto, Junqueras conectó la movilidad con la calidad del servicio público, un discurso que espera calar entre los votantes del área metropolitana.
La polémica no es nueva. La posibilidad de reintroducir peajes en algunas autovías catalanas, descartada en 2021, ha vuelto a la mesa del Govern en los últimos meses. La Generalitat, con el PSC al frente, sopesa fórmulas para financiar el mantenimiento viario, y la propuesta de ERC de bajar el peaje de la C-32 parece ir en la dirección contraria. Junqueras intenta así marcar territorio y ofrecer un alivio al bolsillo de los conductores frente a las tentaciones recaudatorias del ejecutivo de Illa.
La demanda de traspaso de autopistas no es una novedad: ERC vuelve a colocar la infraestructura como moneda de cambio en plena precampaña.
A la ofensiva viaria se sumó, no obstante, un giro hacia otro frente que también preocupa a la ciudadanía: los incendios forestales. Junqueras aprovechó para mostrar su cercanía con el mundo rural y agrario, al afirmar que la mejor manera de gestionar los bosques es apoyando a los ganaderos y a los pastores. ‘La mejor manera de gestionar los bosques es apoyando las actividades agrarias y ganaderas’, declaró, en en un intento de capitalizar el descontento en las zonas afectadas por el fuego.
La intrahistoria: ¿una exigencia de gestión o un rédito político?
La propuesta de ERC tiene varias capas. Por un lado, reivindica la capacidad de gestión de la Generalitat y pone en evidencia las carencias del Estado en una infraestructura clave para la movilidad catalana. Por otro, sitúa a Junqueras en el centro del debate político en un momento en que los partidos independentistas compiten por mostrar utilidad más allá del procés. La financiación, la gestión de competencias y el precio de los peajes se han convertido en terreno de disputa entre ERC y Junts, y también con el PSC.
Lo que observamos es una estrategia que intenta combinar la crítica al Gobierno central con la oferta de soluciones concretas: menos peaje en la C-32, más tren de mercancías, más apoyo al campo. El riesgo es que la propuesta quede en un ejercicio retórico si no va acompañada de un calendario de negociación con Madrid. El tiempo dirá si la presión de Junqueras logra alguna concesión o si, como en otras ocasiones, la reivindicación de competencias se diluye en el intercambio de declaraciones.
El verano de 2026 será recordado, al menos, como el que reabrió el debate sobre quién debe gestionar las carreteras que más tráfico soportan en Cataluña. Mientras tanto, los atascos siguen.
