Camps desafía a Feijóo y exige un congreso regional para el PP valenciano

El expresidente de la Generalitat tensa la relación con Feijóo al reclamar que la militancia elija al candidato. Asegura que la gestora caduca el 14 de julio y que cuenta con avales suficientes.

Francisco Camps ha elevado el tono de su ofensiva para forzar un congreso regional en el PP valenciano, desafiando directamente la autoridad de Génova y de Alberto Núñez Feijóo. El expresidente de la Generalitat, que presidió el partido en la Comunidad entre 2004 y 2011, reclama que sea la militancia —y no la dirección nacional— quien designe al próximo candidato a la Presidencia de la Generalitat, en un movimiento que tensa el equilibrio interno del Partido Popular.

La comparecencia de este miércoles rompe un silencio de mes y medio y sitúa a Camps ante un calendario que él considera ineludible: la gestora que dirige actualmente el PPCV caduca el próximo 14 de julio, según los estatutos nacionales. Y el expresidente asegura tener ya compromisarios y avales preparados para competir sin que ningún aspirante pueda eludir el escrutinio de las bases.

El órdago de Camps: sin imposición de candidatos y con los avales listos

Camps fue especialmente crítico con la posibilidad de que el PP designe a su cabeza de cartel sin someterlo al respaldo interno. «No se puede tener miedo a los militantes para luego pedirles el voto», afirmó, y lanzó una pregunta incómoda para Génova: «¿Es que hay alguien que teme a los militantes del Partido Popular?». Recordó además que él mismo pidió un congreso extraordinario cuando fue designado candidato en 2002, y citó unas palabras de Feijóo en su etapa gallega: «Déjennos a los valencianos elegir nuestros diputados. Déjennos a los valencianos renovar nuestros órganos de dirección».

Publicidad

Aunque evitó acusar directamente a la dirección nacional de incumplir los estatutos, sí insistió en en que la gestora desaparece la próxima semana y que el vacío orgánico no puede prolongarse. Su estrategia no es solo discursiva: asegura tener ya más del 80% de los compromisarios necesarios y ha pedido expresamente a alcaldes, diputados y otros cargos que no le respalden públicamente para evitar presiones de la cúpula.

El expresidente presentó además una encuesta elaborada para su equipo que dibuja un escenario preocupante para el PP valenciano: los populares caerían al 31,5% de los votos y a 33 escaños, siete menos que en 2023, mientras Vox subiría seis escaños y Compromís llegaría a 20. Con ese reparto, la derecha mantendría 52 diputados —apenas dos por encima de la mayoría absoluta— pero con un PP debilitado. «Tenemos un problema singular», dijo Camps, porque no se estaría dando la transferencia de voto hacia el centroderecha que sí se percibe en otros territorios.

Presión estatutaria y respaldo silencioso: la cuenta atrás del 14 de julio

El argumento más sólido de Camps es cronológico. Los estatutos nacionales del partido fijan en seis meses la vigencia de una gestora, plazo que se cumple exactamente el 14 de julio. A partir de ese momento, sostienen los afines al expresidente, se abre un periodo de dos meses para convocar el congreso. «La semana que viene la gestora desaparece. Ya no tiene capacidad para decidir nada», afirmó. Génova, sin embargo, no ha fijado fecha y mantiene el pulso, consciente de que ceder ahora podría interpretarse como una señal de debilidad del presidente nacional.

La fractura que dibuja Camps es profunda: «Mi partido está partido», ha llegado a decir, y lamenta que nadie lidere el partido en la Comunidad. La dirección nacional observa la situación con cautela, mientras el presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, y otros dirigentes territoriales como la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, evitan tomar partido público. Camps asegura que esa prudencia es, en realidad, un respaldo soterrado que le permite avanzar sin desgastar a los suyos.

El Eje del Poder Popular

Lo que está en juego en Valencia no es solo un nombre. El pulso de Camps pone a prueba el modelo de partido que Feijóo ha querido consolidar desde su llegada a Génova: una estructura con liderazgos territoriales sólidos pero alineados con la dirección nacional. La presión del expresidente fuerza un debate interno que el PP valenciano ha evitado desde la etapa de Mazón, y que ahora se recrudece con el precedente de la crisis de Madrid de 2022, cuando la disputa entre Ayuso y Casado se saldó con un congreso que fortaleció a la presidenta madrileña.

La moneda tiene dos caras. Si Génova retrasa el congreso más allá de lo que marcan los estatutos, corre el riesgo de avivar la contestación de las bases y de que la herida se enquiste de cara a las autonómicas de 2027, donde la diferencia de dos escaños puede ser decisiva. Si lo convoca ya, se expone a que el debate interno opaque la labor de oposición al Gobierno y a que Camps logre permear el discurso con una línea más identitaria.

Publicidad

El pulso no es personal; es la materialización de un descontento orgánico que lleva meses sin respuesta.

Cosas que pasan en política. La lectura que hacemos en esta redacción es que lo que Camps ha activado no es solo una candidatura, sino un reloj que obliga a Génova a gestionar el riesgo territorial con la misma urgencia con que afronta el desgaste de Sánchez. El PP valenciano necesita un liderazgo incontestado antes de entrar en la precampaña, y la ventana se estrecha.

🏛️ El Apunte de Génova

  • Mensaje fuerza: La necesidad de un congreso regional no puede equipararse a una crisis de autoridad; es, según Génova, un trámite orgánico que se abordará en su momento, pero la realidad es que la presión de Camps acelera los tiempos.
  • Protagonista: Francisco Camps (expresidente de la Generalitat Valenciana).
  • Próximo hito: El 14 de julio caduca la gestora del PPCV, lo que podría activar automáticamente el plazo de dos meses para la convocatoria congresual.