La banca europea urge a Bruselas a acelerar el mercado único digital de banca

La gran banca española y los neobancos reclaman a Bruselas un mercado único digital que acabe con las trabas regulatorias a los servicios financieros. La Comisión recoge el guante en un informe sobre competitividad que presentará el 15 de julio.

Un frente común bancario, desde los gigantes tradicionales hasta los neobancos más disruptivos, ha lanzado este lunes un mensaje claro a Bruselas: sin un auténtico mercado único para los servicios financieros digitales, Europa seguirá perdiendo competitividad frente a Estados Unidos y Asia. Santander y BBVA, junto a entidades como Revolut y N26, lideran una presión que, según fuentes del sector recogidas por Expansión, apunta a eliminar las barreras nacionales que todavía dificultan operar con un mismo modelo de negocio en toda la Unión.

Bruselas ya es consciente del problema y prepara un paso al frente. El próximo 15 de julio, la Comisión Europea presentará un informe sobre competitividad en el que, según avanza el borrador al que ha tenido acceso este medio, se reconoce que la aplicación fragmentada de normas como la prevención del blanqueo o la protección de datos puede desincentivar los servicios transfronterizos. La señal es clara: la presión del sector empieza a cuajar.

Un clamor unánime del sector financiero europeo

Las entidades denuncian que se enfrentan a requerimientos operativos distintos o a interpretaciones divergentes de una misma norma en cada mercado. Desde la identificación mediante firma electrónica hasta la evaluación de solvencia, cada país añade su capa de fricción. BBVA ha expandido su oferta digital a Italia y Alemania —con cerca de un millón y más de 100.000 clientes respectivamente— pero su presidente, Carlos Torres, admitió hace unas semanas que la experiencia, aunque “muy exitosa”, habría sido mucho más sin las “fricciones regulatorias” que obligan a adaptar procesos.

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“Si un banco puede desplegar la misma aplicación y los mismos procesos en distintos países, las economías de escala son enormes. El problema es que todavía existen muchas diferencias nacionales que obligan a modificar esa plataforma mercado por mercado”, explica Santiago Fernández de Lis, responsable de Regulación de BBVA.

Los neobancos trasladan el mismo mensaje. Revolut reclama eliminar la discriminación por IBAN y avanzar hacia estándares comunes de blanqueo de capitales. N26 subraya que el reto ya no es lanzarse a nuevos países, sino escalar de forma eficiente en un entorno fragmentado pese al pasaporte europeo. El crédito al consumo es el ejemplo recurrente: aunque existe una normativa europea común, su aplicación varía en función del país en aspectos como periodos de reflexión o límites a los tipos de interés, impidiendo desplegar el mismo producto en todos los mercados.

Estas divergencias generan costes operativos importantes y dificultan aprovechar plenamente las economías de escala que debería ofrecer el mercado único, insisten desde las entidades.

El mercado único no existe realmente mientras abrir una cuenta digital en Alemania requiera los mismos trámites que una hipoteca.

Las fricciones regulatorias que fracturan el mercado único

La banca lleva años pidiendo armonización, pero la presión se intensifica en un momento en que Bruselas busca reforzar la competitividad de la economía europea. Según el presidente de BBVA Carlos Torres, la fragmentación desincentiva la inversión transfronteriza en banca minorista, precisamente el segmento donde España tiene dos campeones digitales. El informe sobre competitividad que la Comisión presentará el 15 de julio ya admite que la aplicación de las normas sobre prevención del blanqueo o ejecución hipotecaria puede desincentivar la prestación de servicios, y se compromete a supervisar el potencial digital.

Bruselas apoyará el open banking y la tokenización de activos como palancas de integración. El desarrollo de la inteligencia artificial también está en el radar: la Comisión cree que estas tecnologías serán determinantes para mejorar la eficiencia y reforzar la competitividad. Pero sin una base regulatoria común, advierten las fuentes consultadas, los avances técnicos chocarán con los mismos muros nacionales de siempre.

El Eje del Poder Europeo

La petición de la banca no es solo técnica: es profundamente política. Lo que se está discutiendo es hasta dónde están dispuestos a ceder soberanía los supervisores nacionales —desde el BaFin alemán hasta la ACPR francesa— en favor de un supervisor único digital. Alemania, por ejemplo, mantiene reticencias a ceder el control de los datos financieros de sus ciudadanos, mientras que Países Bajos y los nórdicos temen que una armonización precipitada rebaje sus estándares de protección al consumidor. En el lado opuesto, Italia y España ven una oportunidad para que sus grandes bancos compitan en igualdad de condiciones con los challenger banks anglosajones.

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Para España el impacto sería directo y de gran calado. Santander y BBVA ya han demostrado que el modelo digital es exportable, pero cada nuevo mercado exige un esfuerzo de adaptación que lastra la rentabilidad. Un mercado único real permitiría a esos bancos desplegar su aplicación y sus procesos en toda la UE con un único desarrollo, multiplicando las economías de escala. Además, la tokenización y el open banking abrirían la puerta a nuevos servicios financieros que podrían crearse desde Madrid, reforzando el papel de España como hub de innovación europeo. La banca española se juega, por tanto, mucho más que un ahorro de costes: está en juego su capacidad de competir de tú a tú con los gigantes tecnológicos que acechan el negocio financiero.

La Comisión Europea, presionada por el informe sobre competitividad que ella misma encargó, tiene ahora la oportunidad de dar un salto cualitativo. Pero la historia reciente muestra que los intentos de integración financiera —desde la Unión Bancaria hasta el mercado único de capitales— siempre han topado con los intereses nacionales. El 15 de julio será una primera prueba: si el informe se queda en buenas palabras sin un calendario vinculante, el mercado único digital seguirá siendo una promesa incumplida. Y los bancos, mientras tanto, seguirán tropezando con las mismas fronteras invisibles.