La UE y Reino Unido firman el acuerdo sobre Gibraltar que elimina la Verja: entra en vigor esta medianoche

El pacto, de más de mil páginas, establece un régimen fiscal especial y da a la Policía española la última palabra en inmigración. Sánchez derribará mañana la Verja en un acto simbólico que deja para siempre atrás la separación física que marcó a Gibraltar desde 1908.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Unión Europea y el Reino Unido firman hoy en Bruselas el acuerdo definitivo sobre Gibraltar. El pacto entra en vigor de manera provisional esta medianoche.
  • ¿Quién está detrás? Han rubricado el texto el comisario Maros Sefcovic y el secretario de Estado británico Stephen Doughty, con la presencia del ministro José Manuel Albares y el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo. Pedro Sánchez asistirá mañana al derribo de la Verja.
  • ¿Qué impacto tiene? Se elimina de inmediato la frontera terrestre; la Policía española controlará las entradas a Schengen; se crea una unión aduanera y un gravamen del 15% para compensar la ausencia de IVA en Gibraltar. España mantiene su reclamación de soberanía intacta.

El acuerdo entre la UE y el Reino Unido sobre Gibraltar elimina la Verja esta medianoche. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, participará mañana en el derribo simbólico de la barrera que dividía la colonia del resto del Campo de Gibraltar. Un pacto de 1.019 páginas cierra uno de los flecos más simbólicos del Brexit.

118 años de separación: la Verja desaparece a medianoche

La verja que separa Gibraltar de La Línea de la Concepción desde 1908 dejará de existir como control fronterizo esta medianoche. Francisco Franco la clausuró por completo en 1969 y no se reabrió hasta 1985, un año antes de la adhesión de España a las entonces Comunidades Europeas. Desde entonces, los 15.000 trabajadores que cruzan a diario han soportado colas y controles. El acuerdo firmado hoy convierte esa línea en un paso libre para personas y mercancías, aunque solo provisionalmente.

El derribo físico —un acto simbólico previsto para mañana con la presencia del presidente Sánchez— ilustra el cambio, pero la realidad operativa ya se aplica desde las cero horas de este miércoles. La Verja deja de ser un punto de inspección; los controles migratorios se desplazan a los puertos y al aeropuerto, donde España asumirá la competencia de Schengen.

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Qué cambia para los 15.000 que cruzan cada día: policía, impuestos y aduanas

El texto detalla un nuevo esquema de convivencia. La Policía española tendrá la última palabra sobre la entrada de pasajeros en los accesos aéreos y marítimos de Gibraltar, que queda integrado en el espacio Schengen. Reino Unido, ajeno a ese acuerdo de libre circulación, conserva el control inicial a través de agentes gibraltareños, pero la decisión final recae en los agentes españoles. Esa fórmula, negociada durante años, fue uno de los puntos más espinosos.

En el terreno comercial, Gibraltar se incorpora a una unión aduanera propia con la UE, suprimiendo aranceles entre ambos lados. Las inspecciones de mercancías se concentrarán en tres puntos —La Línea, Algeciras y Sagunto— y se instalarán cámaras de reconocimiento facial. Para compensar la falta de IVA en el Peñón, se crea un impuesto sobre las transacciones (transaction tax), que comenzará en el 15%, subirá al 16% en el segundo año y al 17% a partir del tercero. Actividades clave como los juegos de azar en línea y los seguros quedan exentas.

El mantenimiento de la soberanía sigue siendo una cuestión políticamente blindada. El artículo 2 del acuerdo recoge que nada de lo firmado “se entenderá sin perjuicio de las respectivas posiciones jurídicas” de España y Reino Unido. Madrid insiste en que Gibraltar es una colonia pendiente de descolonización, según el listado de Naciones Unidas; Londres lo considera un territorio propio. El referéndum de 2002 —con un 99% de rechazo a la propuesta de compartir soberanía— lo dejó claro.

Los trabajadores fronterizos ganan también una equiparación fiscal: quienes cobren menos de 60.000 euros anuales tributarán en Gibraltar y España no les exigirá diferencias. El pacto prevé mecanismos de coordinación de la Seguridad Social y prohíbe la discriminación por nacionalidad. Además, se autorizan vuelos entre Gibraltar y destinos de la UE, algo vetado hasta ahora. Varias aerolíneas han mostrado interés, pero las rutas requieren la autorización conjunta de Londres y Bruselas.

La entrada en vigor es provisional. Cualquiera de las partes —UE o Reino Unido— puede poner fin al acuerdo mediante notificación. La ratificación parlamentaria definitiva está aún pendiente, lo que mantiene una sombra de incertidumbre sobre un texto que ambas partes califican de histórico.

El acuerdo —frágil porque cualquiera de las partes puede ponerle fin unilateralmente— borra la frontera física pero mantiene intactas las posiciones sobre soberanía. La Verja cae, la disputa sigue.

El Eje del Poder Europeo

Este pacto sobre Gibraltar refleja la geometría variable que define las relaciones post-Brexit. La UE ha logrado rescatar un fleco que mantenía en vilo la frontera de Schengen en el sur de España, sin ceder un milímetro en las reclamaciones territoriales. El Reino Unido, por su parte, cierra una de las heridas más enconadas de su salida, demostrando que puede pactar con los Veintisiete fuera de los marcos estándar. Para España, el acuerdo ofrece un desbloqueo económico inmediato, pero sobre todo una victoria operativa —la policía nacional controla de facto las entradas Schengen— sin renunciar a la soberanía.

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La fragilidad radica en la provisionalidad del régimen. Si las tensiones sobre el aeropuerto —levantado sobre el istmo que Madrid no reconoce— o sobre la fiscalidad de los juegos de azar reaparecen, el mecanismo de denuncia unilateral podría convertir el histórico acuerdo en papel mojado. Basta recordar que en 2016 los gibraltareños votaron el 96% contra el Brexit, conscientes de que su prosperidad dependía del espacio común europeo.

La lectura estratégica para Moncloa es clara: Sánchez obtiene una imagen potente —derriba la Verja después de 118 años— y un respiro en un territorio que nunca fue cómodo para ningún gobierno español. Pero al mismo tiempo asume el coste de una unión aduanera que, mientras el pacto esté en vigor, ata la economía del Peñón a la UE sin que España deje de reclamar la soberanía sobre el istmo y las aguas. La próxima prueba de fuego será la ratificación definitiva, que en el Parlamento español reabrirá el debate sobre si el arreglo legitima o no la ocupación británica.