Trump pide a la Corte Suprema revocar la protección a venezolanos: el impacto en las empresas españolas

El Departamento de Justicia ha pedido al alto tribunal que tumbe la protección migratoria de 600.000 venezolanos. Las compañías españolas con negocio en Venezuela se juegan la estabilidad de un mercado ya muy castigado.

La noticia llega desde Washington y, otra vez, el epicentro está en Venezuela. El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha solicitado a la Corte Suprema que revoque la protección migratoria de 600.000 venezolanos. La cifra, leída en clave española, va mucho más allá de un dato demográfico: toca de lleno los intereses de las empresas de nuestro país que todavía operan en el país caribeño.

La petición, presentada hace apenas unos días, busca tumbar el fallo del Tribunal de Apelación del Noveno Circuito, con sede en San Francisco, que en enero consideró ilegal la decisión de la exsecretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem de acabar con el Estatus de Protección Temporal (TPS). Esa figura permite a ciudadanos de países afectados por conflictos o desastres vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos mientras no sea seguro regresar a sus hogares.

Para entender lo que se juega España conviene recordar que Venezuela no es solo un origen migratorio. Es un mercado en el que compañías como BBVA, Mapfre o Telefónica mantienen una exposición relevante, y donde cualquier onda sísmica política se traduce en provisiones, depreciaciones o pérdidas millonarias. El TPS ha sido hasta ahora un dique de contención: si centenares de miles de venezolanos pierden su estatus y son forzados a retornar, la presión sobre una economía ya quebrada se multiplicaría, arrastrando consigo a los negocios españoles que resisten en el país.

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El Departamento de Justicia argumenta que la administración anterior, la del presidente Joe Biden, concedió esa protección de forma irregular y que la secretaria Noem actuó dentro de sus competencias. Pero los jueces del Noveno Circuito dictaminaron lo contrario en una demanda impulsada por migrantes y la Alianza Nacional del TPS. Ahora, el Tribunal Supremo de Estados Unidos tiene la última palabra.

Qué está en juego con el TPS

El Estatus de Protección Temporal fue diseñado para situaciones de emergencia: guerras, terremotos, crisis humanitarias. El gobierno de Biden lo extendió a los venezolanos en 2023 ante la evidencia de que enviarlos de vuelta a un país sin servicios básicos ni garantías suponía un riesgo inaceptable. La decisión de Noem, en febrero de 2025, intentó cerrar ese paraguas, y el litigio ha escalado hasta el máximo tribunal.

La cifra de 600.000 personas no es menor: equivale a la población de una ciudad como Málaga. Si la Corte Suprema avala la revocación, el regreso forzoso de una parte importante de esos ciudadanos a una Venezuela con una inflación descontrolada y un aparato productivo destruido agravaría aún más la emergencia humanitaria. Y ahí es donde el péndulo golpea de lleno a las compañías españolas.

Una revocación masiva del TPS no sería solo un drama migratorio: pondría en jaque la frágil estabilidad de la economía venezolana y, con ella, los balances de las empresas españolas que aún mantienen actividad en el país.

El impacto directo en las empresas españolas

Venezuela fue durante décadas uno de los principales destinos de la inversión española en América Latina. La crisis política y económica que estalló en 2014 obligó a la mayoría de los grandes grupos a replegarse, pero varios mantienen afiliadas con licencias bancarias, pólizas de seguro o redes de telecomunicaciones. Un deterioro adicional del entorno venezolano dificultaría la repatriación de dividendos, dispararía la morosidad y devaluaría aún más los activos denominados en bolívares.

Además, hay que sumar un factor indirecto. El vínculo entre España y Venezuela es humano tanto como económico: la colonia venezolana en España supera las 400.000 personas y una parte importante de las remesas familiares fluye hacia Caracas. Un repunte de la inestabilidad alteraría esos flujos y complicaría las relaciones comerciales bilaterales, justo cuando algunas empresas españolas empiezan a tantean tímidas oportunidades de reconstrucción.

Una historia recurrente: cómo las crisis venezolanas han golpeado a España

No es la primera vez que un giro político en Estados Unidos provoca ondas expansivas que alcanzan a las empresas españolas con intereses en la región. Basta con recordar el bloqueo de bienes de Pdvsa en 2019 o las sanciones que afectaron a filiales de Repsol. En todos los casos, la conexión fue la misma: una decisión de Washington desata un ajuste brusco en Venezuela y las compañías con presencia en el país se ven obligadas a revisar sus cuentas.

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Esta vez el mecanismo es distinto —no son sanciones, sino una resolución judicial sobre políticas migratorias— pero el efecto puede ser igual de corrosivo. El caso TPS muestra, una vez más, que la estabilidad de Venezuela sigue siendo una variable que cotiza en los consejos de administración de los grandes grupos españoles. Y, mientras el Supremo de Estados Unidos delibera, los directores financieros de esas compañías hacen sus propios cálculos.

La vista está puesta en los próximos meses. Si la Corte Suprema acepta la solicitud del Departamento de Justicia y programa una audiencia antes de fin de año, la incertidumbre se prolongará. Si, por el contrario, ratifica la protección temporal, el alivio para la diáspora venezolana —y para los intereses económicos españoles— será inmediato. Por ahora, solo hay una certeza: cada movimiento en Washington se lee, también, en los balances de las empresas que mantienen el pulso en Venezuela.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: El Departamento de Justicia de EE.UU. pide a la Corte Suprema que revoque la protección migratoria (TPS) que ampara a 600.000 venezolanos.
  • Datos importantes: El TPS fue renovado por Biden en 2023. El Noveno Circuito anuló en enero el fin de la protección decretado por Kristi Noem. La decisión final del Supremo puede agravar la crisis venezolana.
  • Resumen: Un fallo adverso desestabilizaría aún más Venezuela, perjudicando a las empresas españolas con presencia en el país y alterando los flujos migratorios y de remesas.