Irán cierra el Estrecho de Ormuz al petróleo y el Brent salta un 10% en un solo día

El IRGC bloquea el paso de hidrocarburos en represalia por los bombardeos estadounidenses. El Brent se dispara un 10% y las aseguradoras cuadruplican las primas para buques en la zona. España, que importa más del 10% de su crudo por Ormuz, se enfrenta a una tormenta energética in

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) ha bloqueado el Estrecho de Ormuz al tráfico de hidrocarburos hasta que Washington cese sus ataques. El Brent se disparó un 10% en una sola jornada.
  • ¿Quién está detrás? El IRGC, fuerza paralela al ejército iraní, ejecuta el cierre en represalia por los bombardeos estadounidenses contra radares costeros y plataformas navales iraníes.
  • ¿Qué impacto tiene? La interrupción de la principal arteria del petróleo mundial eleva el crudo a 86 dólares y coloca a España —que importa más del 10% de su crudo por esta ruta— ante una crisis energética inmediata.

El estrecho de Ormuz amaneció hoy cerrado al paso de los hidrocarburos. La decisión del IRGC, comunicada al filo de la medianoche, responde a la última oleada de bombardeos de Estados Unidos contra objetivos militares en la costa iraní. En cuestión de horas, el Brent se disparó un 10%, su mayor salto intradía desde 2020, y la tensión ha vuelto a disparar todas las alarmas del suministro energético global.

El comandante militar iraní, general Mohammad Akraminia, ha advertido que los efectivos del IRGC permanecerán «hasta el último aliento» y que no cederán «ni un milímetro» de lo que consideran sus derechos en el paso. La Casa Blanca, por su parte, ha insistido en que mantendrá abierta la vía marítima, y Donald Trump ha asegurado que Estados Unidos será «el guardián» del estrecho, llegando a proponer un peaje del 20% a los cargamentos que transiten por él. Una ocurrencia que el presidente brasileño Lula da Silva ha calificado sin ambages de «piratería».

El cierre supone un vuelco radical tras el frágil entendimiento alcanzado el mes pasado, cuando Washington levantó su bloqueo naval y Teherán se comprometió a facilitar el tránsito de buques comerciales. Aquel memorándum quedó hoy hecho añicos. Ambas partes se acusan mutuamente de violarlo, y los hechos sobre el terreno dibujan una escalada que parece lejos de contenerse.

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Los misiles que han encendido la mecha

El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha confirmado ataques de precisión contra radares costeros, baterías antiaéreas y plataformas de lanzamiento de misiles y drones en las inmediaciones del estrecho. El argumento oficial es proteger la «libertad de navegación». Sin embargo, la respuesta iraní no se ha limitado al cierre del paso: según fuentes militares citadas por la inteligencia estadounidense, misiles de crucero iraníes impactaron en dos petroleros con bandera emiratí que transitaban la banda sur, en aguas territoriales omaníes. Al menos un tripulante indio murió y otros ocho resultaron heridos. El incidente ha elevado la presión diplomática: India ha convocado al encargado de negocios iraní y Brasil, Rusia y China han pedido contención.

Los datos de tráfico marítimo recogidos por Reuters muestran un desplome inmediato del paso de petroleros —el nivel más bajo en dos meses— mientras las aseguradoras se preparan para multiplicar las primas de los buques que se aventuren en la zona. Es el enésimo recordatorio de que los seguros de guerra se convierten, en cuestión de horas, en un estrangulador económico de primer orden.

El precio del crudo se dispara: ¿hacia los 100 dólares?

El Brent saltó un 10% en la sesión del lunes y hoy martes se estabilizaba en torno a los 86 dólares por barril. El West Texas Intermediate (WTI) sigue la misma estela, por encima de los 80 dólares. La magnitud del movimiento no se veía desde los primeros compases de la pandemia, aunque se mantiene lejos del pico de 120 dólares que alcanzó durante la fase más dura de las hostilidades entre Washington y Teherán, hace apenas unos meses. Los analistas consultados por Moncloa.com no descartan una subida hasta los 100 dólares si el bloqueo se prolonga más de dos semanas. «La capacidad de almacenamiento estratégico es limitada y la demanda asiática no se va a evaporar», apunta un operador de una gran petrolera europea.

El factor psicológico es demoledor: cada barril que no atraviesa Ormuz son casi 20 millones de barriles diarios de crudo y gas natural licuado que dejan de llegar a los mercados. Aunque Estados Unidos es hoy menos dependiente gracias al fracking, sus aliados europeos y asiáticos siguen atados a una ruta que Teherán puede cerrar con una orden. España, que importa más del 10% del petróleo que consume a través del estrecho, se ve directamente afectada.

La fragilidad del suministro se mide por el hecho de que un solo misil costero iraní puede disparar el precio del litro de gasolina en una estación de servicio de Valencia.

Equilibrio de Poder

La decisión del IRGC sitúa a Estados Unidos ante un dilema viejo: bombardear para despejar la vía puede prolongar el bloqueo y convertir el estrecho en un polvorín permanente. La retórica de Trump, que reivindica el control estadounidense del paso y se inventa un «peaje» de protección, revela una deriva transaccional que inquieta a los socios de la OTAN. En Bruselas se sigue con estupor una propuesta que, de aplicarse, vulneraría el derecho internacional y encarecería aún más los fletes. Moscú, por su parte, se frota las manos: cada dólar que sube el crudo alivia sus cuentas fiscales, aunque el canciller Lavrov haya lamentado el «cierre de la puerta» que el memorándum parecía haber abierto.

Para España, el golpe es doble. El flanco sur mediterráneo, ya tensionado por la presión migratoria y la inestabilidad del Sahel, se convierte ahora en el vector energético más vulnerable de la Península. Los contratos de suministro con Catar y Emiratos Árabes Unidos dependen de la libre circulación por Ormuz. Una disrupción prolongada no solo dispararía el IPC y la inflación subyacente, sino que obligaría a revisar el calendario de la transición ecológica, acelerando la vuelta a centrales de ciclo combinado y a un mayor consumo de carbón. Moncloa, que hasta ahora había sorteado la crisis gracias al acuerdo de junio, se enfrenta a un otoño caliente si el crudo se instala por encima de los 90 dólares.

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La lectura estratégica a medio plazo es incómoda: la capacidad de Irán de estrangular el tráfico marítimo con misiles antibuque de corto alcance —como los Noor o los Zafar— y lanchas rápidas del IRGC demuestra que la geografía sigue ganando a la tecnología más avanzada. El precedente recuerda a los pulsos del mar de la China Meridional, con la diferencia de que aquí la energía europea está en juego. La próxima ventana de riesgo se abre esta misma semana: si los bombardeos estadounidenses continúan y la India, China o Japón deciden escoltar sus propios mercantes, el conflicto podría saltar del ámbito bilateral a un choque con potencias asiáticas que no tolerarán un encarecimiento indefinido de su factura energética. El tiempo, como siempre en el estrecho, se mide en horas de navegación.