Greenpeace denuncia que más de 6.000 personas han muerto en España en 2026 por calor y fenómenos meteorológicos extremos, y exige un Pacto de Estado para abandonar los combustibles fósiles, gravar con impuestos a las petroleras y reforzar la adaptación al cambio climático.
La cruda cifra del calor: 6.375 muertes evitables y un verano de récords
Los datos oficiales y los informes de mortalidad revelan un verano letal. Según detalla Greenpeace, en lo que va de estío se han registrado 6.375 muertes atribuibles al calor en España, según los registros del Dr. Dominic Royé. A escala europea, la ola de calor de finales de junio dejó más de 10.000 fallecimientos por encima de la media, de acuerdo con EuroMOMO. La cifra española supone casi un tercio del total continental.
Los incendios forestales han duplicado su virulencia respecto al año pasado. Hasta la fecha se han contabilizado 18 grandes incendios forestales —el doble que en el mismo período de 2025—, con más de 50.000 hectáreas calcinadas. El siniestro de Los Gallardos (Almería) se ha convertido en uno de los más mortíferos de la historia reciente, con 13 personas fallecidas y 26 desaparecidas, a las que se suman otras tres muertes en incendios anteriores.
Las inundaciones también pasan factura. Un año y medio después de la dana que arrasó la provincia de Valencia, la Jueza de Catarroja ha contabilizado una nueva víctima, lo que eleva el total a 231 fallecidos por aquel episodio. A todo ello, señala Greenpeace, se suman muertes que todavía no se imputan directamente al cambio climático, como las derivadas de la reducción de la actividad física, la extensión de enfermedades tropicales o la contaminación provocada por los incendios.
«El cambio climático nos está, literalmente, matando y no podemos asumirlo como una cadena de récords inevitable. La emergencia climática tiene culpables: las empresas de combustibles fósiles que están destruyendo el planeta mientras les pagamos para que multipliquen sus beneficios», ha señalado Eva Saldaña, directora de Greenpeace España y Portugal.
Los sectores más expuestos: temporeros, incendios y una factura que no cesa
Entre las víctimas del calor figuran dos temporeros fallecidos recientemente en Huelva y Cataluña, un ejemplo de cómo los trabajadores del sector agrario y quienes realizan labores al aire libre soportan la peor parte de la crisis climática. La organización ecologista recuerda que el calor es el fenómeno meteorológico extremo que más muertes provoca en España, y que la falta de planes de adaptación, y de cultura del riesgo agrava la vulnerabilidad de la población.
La combinación de temperaturas extremas, sequía y tormentas torrenciales multiplica los escenarios de riesgo. A los incendios y las olas de calor se une la contaminación atmosférica asociada a las llamas, que afecta a las vías respiratorias de miles de personas. «Es vital que las administraciones, a todos los niveles, implementen planes de adaptación que protejan eficazmente a la población», ha añadido Saldaña.

Abandonar los combustibles fósiles: más impuestos y un pacto de Estado
La solución que plantea Greenpeace pasa por un giro radical en la política energética. La organización exige a los grupos parlamentarios “altura de miras y compromiso” para impulsar un Pacto de Estado frente a la emergencia climática, que saque la lucha contra el cambio climático de la polarización política y establezca medidas basadas en la ciencia, con participación social y consenso político.
En el centro de la propuesta está el abandono rápido, justo y ordenado de los combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. La mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero proceden de la quema de estos productos, y mientras tanto, las empresas del sector siguen engordando sus cuentas de resultados. Greenpeace cifra los beneficios extraordinarios de las petroleras en la Unión Europea en 81,4 millones de euros al día, atribuidos al aumento de los precios del combustible tras la guerra en Irán.
Para financiar la transición, Greenpeace pide nuevos impuestos a la industria fósil y la eliminación de todas las subvenciones que la sostienen. “Las nuevas políticas frente al cambio climático deben financiarse con más impuestos a los gigantes de los combustibles fósiles que calientan nuestro planeta”, recoge el comunicado. La factura, insisten, deben pagarla directamente los responsables de la crisis.
«Ante las muertes por el cambio climático, en la mejora de la gestión del territorio, en la mitigación y en la adaptación se tienen que involucrar todas las administraciones. No hay excusas: prevenir siempre es más barato que lamentar pérdidas humanas y materiales», ha declarado Pedro Zorrilla Miras, coordinador de la campaña contra el cambio climático de Greenpeace.
La urgencia de un giro real: más adaptación y menos retórica
Más allá de los combustibles fósiles, Greenpeace subraya la necesidad de construir una verdadera cultura del riesgo. Esto implica conocer los peligros, asumirlos, prevenirlos y estar preparados para actuar. La organización recuerda que el cambio climático no origina los fenómenos, sino que los agrava, y que una mala gestión del territorio —como la que ha permitido urbanizar zonas inundables o abandonar montes— convierte un evento meteorológico en una tragedia.
Las demandas incluyen inversiones ambiciosas en prevención, planes de protección para la población y restauración de los daños causados. Para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas, Greenpeace insta a restaurar ecosistemas degradados, proteger los terrestres y marinos, descarbonizar la vivienda y el transporte, y fomentar un sistema alimentario sostenible. “A cada nivel hay multitud de acciones urgentes y muy efectivas”, añade Zorrilla.
📊 Impacto climático en cifras
- Muertes por calor en España este año: 6.375, según los datos del Dr. Domic Royé.
- Grandes incendios forestales: 18 en lo que va de verano, el doble que en 2025, con más de 50.000 hectáreas quemadas.
- Víctimas de la dana de 2024: 231 fallecidos, tras añadirse una nueva víctima judicial.
- Beneficios extra de las petroleras en la UE: 81,4 millones de euros al día.
Análisis: el coste de no actuar, una factura que pagan los más frágiles
La denuncia de Greenpeace pone una cifra al drama que muchos economistas y científicos ya advertían: los costes del cambio climático no son una abstracción futura, sino pérdidas humanas y materiales presentes. España, por su ubicación geográfica y su modelo de desarrollo, es especialmente vulnerable. Cada ola de calor, cada incendio descontrolado, cada riada se traduce en vidas truncadas que rara vez aparecen en las cuentas de resultados de las compañías de combustibles fósiles.
Desde la entrada en vigor del Pacto Verde Europeo y la Taxonomía Verde, la Unión Europea ha dado pasos para reorientar el capital hacia actividades sostenibles. Sin embargo, las ayudas y exenciones a los combustibles fósiles siguen siendo cuantiosas. La Agencia Internacional de la Energía estima que las subvenciones mundiales a los combustibles fósiles superaron los 7 billones de dólares en 2022. En España, los mecanismos de compensación al gas y las centrales de ciclo combinado mantienen una red de seguridad para un sector que es, paradójicamente, el principal causante del problema.
La propuesta de Greenpeace de un Pacto de Estado recuerda a la unidad política que se alcanzó en otros momentos de crisis nacional. La diferencia es que, en esta ocasión, el enemigo no es un virus o una recesión, sino un modelo energético que aún no se ha desenganchado del carbono. Cada euro que se invierte en subvencionar fósiles es un euro menos para proteger a los temporeros, para limpiar montes o para adaptar las viviendas a las temperaturas extremas. La transición no es solo una cuestión de emisiones: es una cuestión de justicia social y sanitaria.
La experiencia de los últimos años demuestra que la adaptación y la prevención salvan vidas. La Comisión Europea ya obliga a incluir los riesgos climáticos en la planificación territorial, y el próximo Reglamento de Restauración de la Naturaleza añadirá más capas de obligación. Pero los plazos corren y los termómetros no esperan. Mientras, las petroleras registran beneficios récord y los ciudadanos sufren la peor cara de la crisis climática.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Si se abandona el carbón y el gas, se reducirían las emisiones que alimentan las olas de calor y los incendios, salvando miles de vidas cada año y evitando costes sanitarios millonarios.
- Modelo que cambia: Un Pacto de Estado que grave a las petroleras y redirija esos fondos a la adaptación sentaría las bases de un modelo de justicia climática, donde quien contamina paga por los daños que su actividad causa.
- Para las próximas generaciones: Cada hectárea que no arde, cada temporero que no muere de un golpe de calor y cada hogar que no se inunda gracias a una gestión responsable del territorio es un legado directo de una sociedad que asume su responsabilidad. No actuar hoy significa heredar un país más hostil y desigual.

