No es un visitante ocasional. El polvo sahariano forma parte del paisaje cotidiano de Canarias casi la mitad de los días del año. Y la situación empeora. Un estudio internacional publicado en la revista Nature y liderado por el Paul Scherrer Institute, con participación del IDAEA-CSIC, ha medido el alcance exacto de este fenómeno: en el archipiélago canario, los episodios de calima afectan al 40% de los días del año. Mientras la contaminación de origen humano se reduce en Europa gracias a las normativas, el polvo del desierto no deja de aumentar.
El 40% de los días: la calima como fenómeno estructural
Los datos de más de 100 estaciones de medición recogidos durante la última década no dejan lugar a dudas. La concentración media de partículas en suspensión de origen africano en el sur de Europa es de 5,3 microgramos por metro cúbico (µg/m³), pero en días de intrusión las cifras se disparan. En Canarias, el fenómeno es casi permanente: el 40% de los días del año está presente en el aire de las islas, con registros que duplican la media del sur del continente. Xavier Querol, investigador del IDAEA y coautor del trabajo, explica que en España aproximadamente un tercio del año se sufren episodios africanos y que, en una proporción importante, se puede superar el valor límite diario de protección a la salud de partículas PM10 (50 µg/m³).
“Hablamos de episodios que pueden ser extremadamente agudos”, advierte Querol. Durante eventos severos se han llegado a registrar 3.000 µg/m³ de PM10 en Almería y más de 1.000 µg/m³ en el interior peninsular. En el archipiélago, la combinación de los vientos alisios y la proximidad al continente africano convierte a Canarias en la región europea más castigada por este polvo en suspensión.
Un cóctel peligroso: polvo, contaminantes y cambio climático
El impacto va mucho más allá de la visibilidad reducida o la suciedad en los coches. Las partículas de polvo no viajan solas, sino que arrastran contaminantes de las plantas industriales del norte de África, donde los límites de emisión son mucho más permisivos que en Europa. De hecho, un estudio del IDAEA-CSIC en 2008 ya vinculó el aumento de la mortalidad con los días de polvo africano. La comunidad científica alerta ahora de que el cambio climático está detrás del incremento de estos episodios: la mayor sequía en el Sáhara y la alteración de la circulación atmosférica, facilitada por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero, llevan más arena al Atlántico.
“Nuestros conocimientos actuales sugieren que el aumento del polvo del desierto se ve facilitado por el calentamiento global”, señalaba Kaspar Dällenbach, investigador principal del estudio. La paradoja es dolorosa: mientras Europa logra avances históricos en la reducción de partículas contaminantes procedentes del tráfico o la industria, el polvo sahariano amenaza con devorar esos avances en las islas.
El sistema de alerta temprana del IDAEA y el CIEMAT, que funciona desde 2001 gracias a un convenio con el Ministerio para la Transición Ecológica, envía predicciones con 24 horas de antelación a más de 250 organismos —hospitales, redes de calidad del aire, sociedades de alergología— para que los colectivos vulnerables puedan tomar precauciones. Sin embargo, Querol insiste en que sería necesario ir más allá: reducir las emisiones locales de tráfico o industria durante los picos de calima para compensar el impacto en la salud.
El polvo del Sáhara no viaja solo. Según los investigadores, arrastra consigo contaminantes de las plantas industriales del norte de África, cuyas emisiones están mucho menos reguladas que en Europa.
El Pulso Territorial
La posición geográfica de Canarias la convierte en la avanzadilla de un problema que afecta a toda la fachada atlántica, pero con una intensidad que no tiene parangón en el continente. Mientras en el sur de la Península los episodios de polvo ocupan el 35% de los días y en el noreste rondan el 25-30%, el archipiélago canario dobla esa frecuencia. El Gobierno regional, presidido por Fernando Clavijo en coalición con el PP y ASG, colabora con el sistema de alertas estatal, pero las competencias en calidad del aire son compartidas y hasta ahora no se han adoptado restricciones específicas durante los episodios, como propone el CSIC.
El debate sobre cómo proteger a los canarios de la calima no es nuevo, pero los datos que aporta Nature obligan a ponerlo en la agenda política. La previsión es que la frecuencia e intensidad de las intrusiones sigan creciendo a medida que avanza la crisis climática. Las próximas reuniones entre la Consejería de Transición Ecológica y el Ministerio podrían ser el momento para evaluar si las alertas actuales bastan o si es necesario un plan de choque que limite el tráfico o la actividad industrial en los días de mayor riesgo.
Ficha Autonómica
- El caso: La calima sahariana, un fenómeno natural agravado por el cambio climático, se ha convertido en un problema de salud pública en Canarias. Un estudio internacional con participación del IDAEA-CSIC cuantifica por primera vez su recurrencia.
- Datos importantes: El polvo sahariano está presente el 40% de los días del año en las islas. En episodios severos, las PM10 pueden superar los 1.000 µg/m³. El sistema de alerta temprana envía avisos a más de 250 organismos desde 2001.
- Resumen: Los investigadores piden reforzar los sistemas de alerta y reducir las emisiones locales durante los episodios para proteger a la población. La tendencia al alza de las intrusiones de polvo exige medidas de adaptación urgentes ante un escenario climático que no va a mejorar.

