Nectarina: descubre 7 formas sorprendentes de cocinar con esta fruta de temporada

Desde ensaladas frescas hasta bizcochos jugosos, la nectarina va mucho más allá del postre veraniego. Sus beneficios nutricionales y su versatilidad la convierten en la aliada perfecta para platos dulces y salados.

No hay nada más frustrante que volver del mercado con una bolsa de nectarinas que prometían ser la joya del verano y, al primer mordisco, resultan insípidas o se deshacen en las manos. Con el calor apretando, una fruta de hueso que no cumple es un pequeño drama cotidiano. Pero la nectarina, esa prima hermana del melocotón de piel lisa y brillante, tiene mucho más que ofrecer cuando sabes cómo elegirla y, sobre todo, cómo meterla en la cocina.

Aunque muchos piensen que es un híbrido de melocotón y ciruela, la nectarina es en realidad una variedad del melocotonero (Prunus persica var. nucipersica) que surgió por una mutación natural hace miles de años, probablemente en China. Su piel lisa y fina la hace más vulnerable a los golpes, pero también mucho más agradable de comer a bocados, sin la pelusilla que a tantos echa para atrás. En España, Cataluña lidera la producción con más de 226.000 toneladas, seguida de Huesca y Murcia, que nos traen las variedades más tempranas cada campaña.

Yo siempre las prefiero firmes, con un punto crujiente que aguante en las ensaladas sin desmoronarse, aunque si las ves muy duras, un par de días a temperatura ambiente las convierte en pura mantequilla jugosa. Y aquí va lo que marca la diferencia entre frustrarse y triunfar.

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El secreto del éxito

  • El punto justo de firmeza: La nectarina debe ceder solo un poco al presionarla con el pulgar, sin zonas blandas. Así mantiene su textura al cortarla y no se oxida tan rápido en platos fríos.
  • Frío sí, pero después de madurar: Una vez que está en su punto óptimo, métela en la nevera. El calor la estropea en horas, pero el frío prematuro frena su dulzor natural.
  • Queso y hierbas, el tridente ganador: La combinación de nectarina con lácteos como el queso de cabra o el yogur, y hierbas frescas (albahaca, estragón), realza su dulzor y le da una dimensión salada que sorprende.

Beneficios de la nectarina

Con unas discretas 40-45 calorías por cada 100 gramos, la nectarina es un chute de hidratación y fibra para los días de más calor. Es rica en vitamina C y vitamina A, lo que la convierte en una aliada para la piel y el sistema inmune justo cuando más horas de sol acumulamos. Además, su aporte de potasio, magnesio y fósforo la hacen recomendable para deportistas. Eso sí, para aprovechar toda la fibra y los nutrientes, mejor lavarla bien y comerla con piel, que es finísima.

La nectarina no pide mucha técnica, solo pide el momento justo: ni verde ni pasada, y siempre con un lácteo cerca.

7 formas sorprendentes de cocinar con nectarina

La nectarina va mucho más allá del postre. Su sabor dulce con un leve amargor la hace perfecta tanto para platos salados como para conservas que te duran todo el año. Aquí van siete ideas para sacarle partido ahora que está en su mejor momento.

1. Ensalada de remolacha, aguacate y nectarina. Coloca rodajas finas de remolacha cocida como base, añade láminas de aguacate y gajos de nectarina firme. Desmenuza queso de cabra por encima, aliña con zumo de limón, aceite de oliva virgen extra, estragón fresco y semillas de sésamo. Es un plato que se bebe un vino blanco joven de Rueda sin pestañear.

2. Coca de nectarinas con franchipán de avellanas. Sobre una base de hojaldre, extiende una crema de avellanas molidas, mantequilla, huevo y azúcar, y cubre con láminas de nectarina pelada. Hornea a 180 °C unos 40 minutos y pinta en caliente con mermelada de albaricoque para un brillo de pastelería.

3. Bizcocho de nectarinas y arándanos. Incorpora daditos de nectarina y arándanos frescos a una masa clásica de bizcocho con ralladura de limón. Hornea a 160 °C (sin ventilador) hasta que el palillo salga limpio. El contraste ácido-dulce es puro verano.

4. Nectarinas a la parrilla con yogur y menta. Corta las nectarinas por la mitad, úntalas ligeramente con aceite y ásalas a la parrilla vuelta y vuelta. Sírvelas con yogur griego, un hilo de miel y hojas de menta fresca. Funciona como guarnición de carnes blancas o como postre ligero.

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5. Gazpacho de nectarina y tomate. Sustituye parte del tomate por nectarina madura en tu gazpacho tradicional. Aporta una dulzura suave que redondea la acidez sin necesidad de añadir azúcar. Un chorrito de vinagre de Jerez y listo.

6. Mermelada rápida de nectarina y vainilla. Cuece nectarinas troceadas con un poco de azúcar y una vaina de vainilla hasta que espese. Guarda en tarros esterilizados y tendrás desayuno con sabor a fruta de verdad todo el invierno.

7. Agua de nectarina y albahaca. Trocea dos nectarinas muy maduras, añade unas hojas de albahaca fresca, cubre con agua fría y deja infusionar en la nevera un par de horas. La bebida más refrescante y saludable para los días de calor extremo.

Variaciones y maridaje

Para una versión expresa de cualquiera de estas recetas, ten siempre nectarinas lavadas y fileteadas en un táper hermético dentro de la nevera; aguantan dos días y te ahorran el trabajo de cortar sobre la marcha. Si buscas un maridaje con alcohol, los vinos dulces de cosecha tardía o un moscatel joven realzan los postres con nectarina, mientras que una cerveza de trigo ligeramente cítrica acompaña de maravilla las versiones saladas. Si te sobra mermelada o compota, consérvala en la nevera hasta tres semanas en un tarro bien cerrado, o congélala en porciones pequeñas para usar más adelante sin desperdicio.