El alcalde de Bilbao, Juan María Aburto (PNV), ha descartado instalar pantallas gigantes para la final del Mundial de fútbol entre España y Argentina, prevista para el próximo domingo. La decisión ha provocado un contraste inmediato con otras capitales vascas y navarras que sí retransmitirán el partido, y ha desatado críticas de la oposición municipal.
La justificación de Aburto: ‘no hay necesidad ni demanda’
En una rueda de prensa este viernes, el regidor presentó el balance del área de Acción Social y fue cuestionado por la ausencia de pantallas. Aburto argumentó que en sus casi doce años de mandato nunca ha instalado una pantalla para grandes eventos deportivos, ni siquiera para finales del Athletic Club. «No hay necesidad ni demanda», subrayó, y añadió que la única petición formal recibida fue la del PP, a la que el Ayuntamiento de Bilbao dio curso autorizándole a montar su propio dispositivo.
El primer edil preguntó retóricamente si existe una «demanda generalizada» que justifique una actuación municipal, y alertó de que sus críticos le reprocharían después el botellón o la suciedad asociados a este tipo de concentraciones. Asimismo, envió un mensaje de apoyo a los jugadores del Athletic Club que militan en la selección española —Unai Simón, Nico Williams y Aymeric Laporte—, aunque confesó que no verá el encuentro «con pasión» como haría con un partido de su club.
Un mapa de pantallas: Donostia, Vitoria y Pamplona sí emitirán la final
A diferencia de Bilbao, otras localidades han confirmado la instalación de pantallas gigantes. En Donostia-San Sebastián, el alcalde del PNV Jon Insausti sí ofrecerá la retransmisión al aire libre; en Vitoria-Gasteiz, la regidora del PSE-EE Maider Etxebarria hará lo propio. En Pamplona-Iruña, el alcalde de EH Bildu Joseba Asiron también instalará una pantalla, aunque ha asegurado sentirse incómodo y que la decisión responde a la obligación de acatar la mayoría del pleno.
Otros municipios como Barakaldo, Ermua, Irún o Eibar se sumarán a la iniciativa, según han confirmado sus respectivos consistorios. La divergencia entre Bilbao y Donostia —dos ciudades gobernadas por el PNV— pone de relieve que la última palabra corresponde a cada regidor, sin una directriz partidaria uniforme.
La decisión de Bilbao contrasta con la actitud de otros municipios vascos, incluidos los gobernados por el PNV, que sí han optado por facilitar la retransmisión del partido.
Reacciones políticas: el PSE-EE y el PP cargan contra el alcalde
El grupo del PSE-EE en el consistorio ha reprochado a Juan María Aburto que la negativa a instalar pantallas coloque a Bilbao en una posición «alejada del sentir mayoritario» y que desaproveche una oportunidad para mostrar cohesión con el resto del país. Fuentes socialistas han calificado la postura de incoherente con el perfil institucional de la ciudad.
El PP, que solicitó por escrito la autorización para montar su propia pantalla, ha ido un paso más allá. La formación conservadora instalará una pantalla gigante costeada por el grupo municipal y ha acusado al alcalde de «falta de sensibilidad con los aficionados españoles» y de actuar por «criterios ideológicos». El líder popular en la ciudad ha anticipado que la pantalla se ubicará en un espacio céntrico, una vez obtenido el permiso municipal.
La controversia se inscribe en el tradicional rechazo de sectores del nacionalismo vasco a los símbolos asociados a la selección española. Sin embargo, ni el PNV ni EH Bildu han trasladado una instrucción homogénea: mientras el alcalde de Pamplona, pese a sus reservas, accede a la mayoría y coloca una pantalla, en Bilbao prima la doctrina de «años sin pantallas» de Aburto. Este episodio cobra especial relevancia al ser Bilbao una de las ciudades candidatas a ser subsede de la Copa del Mundo de 2030.
La polémica, que Aburto calificó de «absolutamente artificial», refleja la sensibilidad de las disputas simbólicas en Euskadi, un territorio donde el equilibrio entre identidades se gestiona con delicadeza, especialmente en un contexto en el que el PNV es un socio parlamentario crucial para la estabilidad del Gobierno central.

