Junqueras vaticina que Aliança Catalana hará inviable la gobernabilidad de Cataluña

El líder republicano vincula la permanencia en la mayoría de la investidura con la necesidad de frenar el avance del partido de Sílvia Orriols. Insta a Junts a no romper el bloque que sostiene al Gobierno para evitar que la ultraderecha condicione la política catalana.

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, lanzó este jueves una advertencia de calado sobre el futuro político de Cataluña: el ascenso de Aliança Catalana (AC), la formación que lidera Sílvia Orriols, ‘haría inviable la gobernabilidad’ del territorio si las encuestas que la sitúan en el Parlament se confirman. La declaración, pronunciada durante un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum, marca un punto de inflexión en el discurso republicano, que hasta ahora había evitado conceder a AC el estatus de amenaza sistémica.

Un fantasma inédito en la política catalana

Junqueras enmarcó el fenómeno en la ola de ‘populismo y ultraderecha’ que recorre Europa, pero subrayó una diferencia esencial: ‘En el Estado no es novedoso, ya lo hemos visto en otros momentos de la historia; sin embargo, en Cataluña sí supone un elemento inédito’. El líder republicano calificó a Aliança Catalana de ‘movimiento xenófobo’ y advirtió de que su irrupción en la cámara catalana rompería los equilibrios sobre los que se ha construido la política autonómica desde la Transición.

La advertencia no es retórica. Los sondeos más recientes otorgan a AC entre cuatro y siete escaños, un capital que, en un Parlament sin mayorías claras, la convertiría en árbitro involuntario o en fuerza de bloqueo. Junqueras dibuja un escenario de ingobernabilidad que trasciende la anécdota parlamentaria: lo que está en juego, según su análisis, es la capacidad de Cataluña para dotarse de presupuestos, aprobar leyes y mantener la interlocución con Madrid sin hipotecarse a una formación que cuestiona el propio marco autonómico.

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El cálculo de ERC es diáfano: si AC entra en el Parlament, cualquier mayoría que excluya sus votos será más frágil, y cualquier intento de aislarla acercará peligrosamente a los republicanos a una geometría de apoyos en la que Junts y el PSC podrían necesitarse mutuamente. ‘La gobernabilidad no se mide solo en escaños, sino en la capacidad de construir acuerdos estables’, dejó caer el president de ERC, consciente de que la aritmética catalana no perdona.

La gobernabilidad no se mide solo en escaños, sino en la capacidad de construir acuerdos estables.

El sostén a Moncloa como dique de contención

En una de las conexiones más reveladoras de su intervención, Junqueras vinculó directamente la permanencia de ERC en la mayoría de la investidura con la necesidad de frenar a la ultraderecha. ‘Seguimos con la mayoría de la investidura por responsabilidad. Porque sabemos que la alternativa, encarnada en el PP y Vox, supone un riesgo para la democracia liberal y para volver a un pasado oscuro de la historia del Estado’, afirmó sin ambages.

El argumento tiene doble destinatario: de puertas afuera, justifica ante un electorado republicano cada vez más crítico con los pactos en Madrid por qué ERC sigue sosteniendo al Gobierno de Pedro Sánchez a pesar de los casos de corrupción. De puertas adentro, sirve para tender un puente a Junts, al que Junqueras instó a no descolgarse del bloque que apoya la investidura. ‘Todos son imprescindibles. Sin alguno de ellos, no será posible ni el nuevo modelo de financiación, ni la condonación de la deuda del FLA, que jamás debió existir…’, subrayó el líder republicano.

La alusión no es casual. En la dirección de ERC saben que sin los siete votos de Junts en el Congreso, la legislatura española se tambalea y, con ella, cualquier expectativa de cumplir los compromisos pactados con el Govern. El llamamiento a la unidad, sin embargo, choca con la realidad de una competencia feroz entre ambas formaciones en el espacio independentista.

La lectura desde Moncloa y el factor judicial

El mensaje de Junqueras contiene una lectura en clave Moncloa que no ha pasado desapercibida. Al defender la mayoría de la investidura como ‘dique de contención’ frente a la ultraderecha, el president de ERC está ofreciendo al Gobierno central un argumentario para resistir las embestidas de la oposición, pero también está lanzando un aviso: ese apoyo no es incondicional ni eterno, y depende de que se cumplan los compromisos adquiridos. La condonación de la deuda del FLA y el nuevo modelo de financiación son, en este contexto, la llave que mantiene a ERC dentro de un bloque que, de romperse, tendría consecuencias inmediatas en la estabilidad del Ejecutivo de Sánchez.

En el plano judicial, Junqueras celebró el reciente fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) a favor de la ley de amnistía como ‘una victoria del independentismo, aunque incompleta’, y aprovechó para cargar contra el Tribunal Supremo. ‘Los derechos políticos no pueden depender de una parte de la judicatura que obedece a intereses partidistas’, afirmó en referencia a la negativa del alto tribunal a aplicar la amnistía completa a los encausados, entre ellos el propio Junqueras, que aún tiene pendiente el delito de malversación.

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La doble advertencia —política y judicial— configura un discurso en el que ERC se presenta como el actor responsable que contiene a los extremos, pero también como víctima de un sistema que, a su juicio, persiste en no aplicar la ley. En la sede de la calle Calàbria saben que mantener esa doble condición es clave para retener a un electorado que podría verse tentado por el discurso más radical de Junts o, en el extremo opuesto, por la desafección.

El tiempo, sin embargo, juega en contra. Las elecciones en Cataluña no tienen fecha fija, pero el deterioro de los consensos internos de la mayoría de la investidura y el avance de AC en las encuestas estrechan los márgenes de maniobra. Junqueras ha puesto nombre al peligro. Ahora falta saber si el resto de actores están dispuestos a escucharlo.