La reunión Trump Sánchez en la final del Mundial: claves de un posible reset diplomático

El encuentro en el palco del MetLife Stadium, con la familia real española como testigo, pone fin a meses de desencuentros por el gasto en defensa y la guerra de Gaza. España, sin embargo, mantiene su veto al uso de las bases estadounidenses en el conflicto con Irán.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se encontraron ayer en el palco VIP del MetLife Stadium durante la final del Mundial entre España y Argentina. El gesto, breve pero simbólico, rompe casi dos años de distanciamiento diplomático y abre la puerta a un posible reinicio de las relaciones bilaterales.

El encuentro se produjo durante la victoria de Argentina, con la presencia de los Reyes Felipe VI y Letizia, así como de las princesas Leonor y Sofía. La familia real española fue testigo de un acercamiento que llega después de meses de fricciones por el gasto en defensa, la guerra de Gaza y el conflicto entre Estados Unidos e Irán.

Dos años de choques en defensa, comercio y Oriente Próximo

La tensión entre Washington y Madrid se ha centrado en la exigencia de que España alcance el objetivo del 5% del PIB en defensa de la OTAN, una meta promovida por Trump que Sánchez calificó de «irrazonable y contraproducente». Tras años de desencuentros, el último giro se produjo en la cumbre de la Alianza en Ankara, donde España aceptó un aumento sustancial de sus compromisos y Trump cambió el tono: de tildar a España de «causa perdida» pasó a decir que se había «redimido completamente».

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Las diferencias no se limitan al gasto militar. La calificación de «genocidio» por parte de España a la campaña israelí en Gaza —rechazada por Estados Unidos— y el veto español al uso de las bases de Rota y Morón para operaciones vinculadas al conflicto entre Washington e Irán tensaron aún más la relación.

Trump pasó de considerar a España una «causa perdida» a declarar su «completa redención» por el aumento del gasto en defensa pactado en Ankara.

La reconciliación verbal antes del saque inicial

Horas antes del partido, Sánchez cedió a la distensión. En una entrevista con RTVE felicitó a Trump por el 250 aniversario de Estados Unidos y evitó especular sobre quién entregaría el trofeo: «Lo que me importa no es quién lo entrega, sino quién lo recibe». Trump, por su parte, declaró en Fox News que «es difícil apostar contra Messi» y calificó al presidente argentino, Javier Milei —que no asistió al palco por superstición— como un «amigo».

La imagen de ambos líderes en el mismo espacio VIP fue el colofón a una secuencia de gestos cuidados. No hubo declaración oficial conjunta, pero el hecho de compartir palco durante el evento deportivo más visto del año envía un mensaje de distensión que en el Gobierno español interpretan como una ventana de oportunidad.

Un reinicio condicionado por la defensa y el comercio

El restablecimiento del diálogo personal puede facilitar la renegociación de los contenciosos comerciales que Trump ha amenazado con reactivar, pero la línea roja de la defensa permanece. Madrid mantiene su veto al uso de las bases estadounidenses en conflictos que no cuenten con aval internacional, y el compromiso de Ankara, aunque valorado, aún no satisface el objetivo del 5%.

Para España, el equilibrio es delicado: debe preservar su autonomía en política exterior sin cerrar la puerta a un socio estratégico en materia de seguridad y economía. El gesto de la final del Mundial, con la familia real como testigo, es el primer paso hacia un reencuentro que, de consolidarse, tendría un impacto directo en la posición de España dentro de la OTAN y en la estabilidad de las relaciones transatlánticas.

Lo esencial

  • 📌 ¿Qué ha ocurrido? Trump y Sánchez se vieron en el palco de la final del Mundial en Nueva Jersey, rompiendo casi dos años de tensiones.
  • 👤 ¿Quiénes están implicados? Los presidentes de EE.UU. y España, junto a la familia real española y Javier Milei, ausente por superstición.
  • ⏭️ ¿Qué pasa ahora? Se abre la posibilidad de renegociar los contenciosos comerciales y de defensa, aunque España mantiene el veto sobre las bases.