Trump instrumentaliza a la CIA y al FBI para sembrar dudas electorales con informes desclasificados

El presidente ordena al FBI, la CIA y el DHS una desclasificación masiva sin verificar para alimentar su relato de fraude. Bill Pulte forzó la revelación de nombres de oficiales y puso en riesgo a analistas.

El presidente de Estados Unidos ha ordenado al FBI, la CIA y otras agencias federales que desclasifiquen informes sensibles para alimentar su relato de fraude electoral. La maniobra, detallada por el medio especializado SpyTalk, convierte a los servicios de inteligencia en altavoces de una campaña de intoxicación que pone en riesgo a oficiales y dinamita la confianza en el sistema. Se trata de una politización de la inteligencia sin precedentes desde los tiempos de Hoover.

El momento de la desclasificación masiva

El viernes, el New York Times destapó que Trump ha entrenado ‘todo el arsenal del gobierno federal’ sobre una de sus obsesiones más persistentes: sembrar dudas sobre la seguridad de los sistemas electorales. El Departamento de Justicia el FBI el Departamento de Seguridad Nacional y el Servicio Postal han tomado medidas para revivir sus falsas afirmaciones sobre las elecciones de 2020 y tratar de imponer control federal sobre comicios estatales. El jueves, la maniobra recibió refuerzos adicionales: las agencias de inteligencia entregaron a la Casa Blanca un alud de evidencias desclasificadas que Trump exhibió como prueba de un sistema electoral roto.

La escenificación alcanzó su punto álgido en un discurso presidencial la misma noche. Pero lo que casi descarrila el montaje fue la injerencia del director de Inteligencia Nacional en funciones, Bill Pulte. Según dos altos funcionarios que hablaron con Politico bajo condición de anonimato, Pulte —conocido por su doble rol como responsable de vivienda federal y por investigar a demócratas con métodos originales— presionó para que se desvelaran los nombres de los oficiales de inteligencia acusados de ocultar injerencias electorales a Trump. La jefa de gabinete Susie Wiles tuvo que intervenir para evitar un desastre: revelar esas identidades habría puesto en peligro la vida de analistas y minado el argumento principal del presidente sobre las vulnerabilidades electorales.

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No es la primera vez que la administración utiliza el aparato de seguridad nacional para fines partidistas, pero sí la más descarada. Convertir a la CIA y al FBI en meros instrumentos de propaganda electoral quiebra el pacto tácito que mantenía a la inteligencia al margen del combate político.

Lo que realmente dicen los informes desclasificados

Entre los cientos de páginas liberadas por orden de Trump hay auténticas pepitas sobre espionaje chino —SpyTalk cita intentos de Pekín de influir en procesos electorales locales—, pero también documentos que refuerzan la tesis que el presidente niega con vehemencia: que Rusia se esforzó por ayudarle a ganar en 2020. Un informe fechado el 10 de septiembre de 2020 sostiene que Putin y altos cargos rusos supervisaban a intermediarios para difundir acusaciones contra Joe Biden y políticos ucranianos. Los agentes rusos Andrii Derkach y Konstantin Kilimnik, señala el texto, ‘conspiraban para orquestar un escándalo de corrupción de alto perfil’ con el objetivo de ‘derrotar al ex vicepresidente y asegurar la victoria del presidente’. Fragmentos de ese informe fueron difundidos con regocijo por Hunter Biden, entre otros oponentes de Trump.

El despropósito no acabó ahí. Al liberar material sensible sin la debida revisión, el presidente expuso a la luz pública valoraciones operativas que cualquier servicio de inteligencia mantendría bajo siete llaves. Julia Curlee, antigua oficial sénior de la CIA, calificó la maniobra de ‘peligrosa’ en declaraciones recogidas por el mismo diario neoyorquino. No le falta razón: si la contrainteligencia rusa o china cruzan esos datos, podrán deducir fuentes, métodos y capacidades.

El espionaje no está al servicio de la verdad, sino del poder; cuando el poder lo instrumentaliza para fabricar su propia verdad, la inteligencia se convierte en propaganda.

Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra

Lo ocurrido en Washington no es solo un escándalo político: es un caso de manual sobre cómo destruir la credibilidad de una comunidad de inteligencia desde dentro. Trump ha ejecutado una operación de bandera falsa en el terreno de la información: ha convertido material clasificado en munición doméstica, señalando la paja en el ojo chino mientras escondía la viga rusa. El problema para los aliados es mayúsculo. Los Cinco Ojos —la alianza de inteligencia que comparte señales e informes entre EE.UU., Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda— llevan años construyendo protocolos para evitar filtraciones presidenciales arbitrarias, pero este volcado masivo los dinamita.

Ya advertí en El quinto elemento que ‘el próximo 11S empezará con un clic’. Y aunque esta vez no haya habido un ciberataque, la amenaza es igual de corrosiva: la intoxicación informacional orquestada desde el Despacho Oval ataca la columna vertebral de la democracia —la confianza en el proceso electoral— y lo hace usando las herramientas que precisamente deberían protegerla. La desclasificación selectiva es una forma de ciberguerra blanda: no necesita vulnerar sistemas, porque el propio sistema la legitima.

Tengo claro, hablando con fuentes de la comunidad de inteligencia europea, que servicios como el CNI o el BND alemán observan esta deriva con alarma. La Casa de Castelló mantiene contactos estrechos con Langley, pero si la Casa Blanca utiliza a la CIA como correa de transmisión de bulos, cualquier confianza se resquebraja. El principal damnificado no es Trump, sino la arquitectura de contrainteligencia que protege a los agentes sobre el terreno.

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No obstante, el daño no es lineal. Hay quien en Moncloa respira aliviado: que Washington se dedique a peleas domésticas significa menos presión en el flanco sur. Pero ese alivio es miope. Si los rusos ven confirmadas sus audacias, redoblarán apuestas en el Mediterráneo y el Sahel. Y si los chinos detectan que la inteligencia estadounidense está distraída, utilizarán la brecha en el Caribe y en las rutas del litio.

Reconozco que esta maniobra de Trump me recuerda a otro precedente infame: la ‘caza de brujas’ que el senador Joseph McCarthy impuso sobre el Departamento de Estado en los años cincuenta, acusando a cientos de leales funcionarios de ser comunistas sin más prueba que el rumor. Entonces, como ahora, la inteligencia se corrompió al servicio del histrionismo político, y costó una generación reconstruir la confianza. Lo escribí hace años en Desnudando a Google y hoy lo repito: el rey va desnudo, solo que esta vez el monarca no es un algoritmo, sino un presidente que ha decidido que la verdad es lo que él dice que es.

Le adelanto que habrá consecuencias. El próximo informe del Inspector General de la Comunidad de Inteligencia sobre el manejo de material clasificado será un termómetro, pero el verdadero juicio llegará cuando un agente sea quemado a causa de esa desclasificación. Entonces no habrá discurso presidencial que pueda detener la sangría de confianza entre servicios aliados. Y usted, lector, lo verá reflejado en las portadas: la inteligencia no sabe dudar cuando se la utiliza a destajo; simplemente se calla.

CIA