Los hutíes declaran un bloqueo naval contra Arabia Saudí y elevan la tensión en el mar Rojo

La milicia chií responde al bombardeo del aeropuerto de Saná con un embargo marítimo inmediato. Riad promete proteger sus barcos mientras el estrecho de Ormuz sigue cerrado por la guerra entre Estados Unidos e Irán.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Los rebeldes hutíes de Yemen han decretado un bloqueo naval contra Arabia Saudí, en represalia por el bombardeo del aeropuerto de Saná. La medida es inmediata y amenaza el tráfico en el mar Rojo.
  • ¿Quién está detrás? La milicia chií respaldada por Irán, que controla la capital yemení desde 2014. Su portavoz militar, Yahya Saree, anunció la decisión en un vídeo difundido en redes.
  • ¿Qué impacto tiene? El bloqueo tensa aún más una ruta marítima vital, que ya sufre las consecuencias de la guerra entre Estados Unidos e Irán y el cierre del estrecho de Ormuz. Las cadenas de suministro globales y la seguridad energética europea, incluida España, quedan en jaque.

Los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, declararon este lunes un embargo marítimo contra Arabia Saudí. La escalada, la mayor entre ambos bandos en años, responde al bombardeo saudí del aeropuerto internacional de Saná hace una semana, que pretendió impedir el aterrizaje de un avión iraní con una delegación hutí a bordo. La medida resucita los fantasmas de una guerra regional que nunca se apagó del todo y que ahora se solapa peligrosamente con el conflicto en el Golfo.

El anuncio lo formalizó Yahya Saree, portavoz militar de los hutíes, en un vídeo difundido en X. “Las Fuerzas Armadas yemeníes declaran un embargo marítimo contra el criminal enemigo saudí, basado en la ecuación de ojo por ojo, con efecto inmediato”, afirmó. Añadió que cualquier “acto insensato” de Riad “será respondido con una escalada amplia y decisiva”. El lenguaje remite a la doctrina de retaliación simétrica que el movimiento chií ha aplicado desde el inicio de la intervención saudí en 2015.

Arabia Saudí reaccionó con un comunicado contundente. El Ministerio de Asuntos Exteriores condenó enérgicamente a “la milicia terrorista hutí” y prometió “tomar todas las medidas necesarias para proteger sus buques, conforme al derecho internacional”. Riad no especificó si recurrirá a escoltas militares o a una ampliación de sus operaciones navales, pero la amenaza se produce en un mar Rojo ya militarizado por la presencia de flotas europeas, estadounidenses y asiáticas.

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El detonante del bloqueo fue el ataque contra el aeropuerto de Saná, que según fuentes yemeníes leales al gobierno reconocido internacionalmente buscaba frustrar el regreso de una delegación hutí desde Teherán. La operación aérea, atribuida a la coalición liderada por Arabia Saudí, reabrió una herida diplomática que llevaba meses cicatrizando parcialmente. Los hutíes interpretaron el bombardeo como una violación flagrante de los acuerdos tácitos de desescalada y respondieron con su arma de presión más efectiva: el estrangulamiento naval.

La seguridad del mar Rojo, conectado al Mediterráneo por el canal de Suez y al océano Índico a través del estrecho de Bab el-Mandeb, es crítica para el comercio mundial. Por esta ruta transita alrededor del 12 % del tráfico marítimo global, incluido buena parte del petróleo y gas que alimentan a Europa. El cierre prolongado de Bab el-Mandeb dispararía los costes logísticos y los seguros, un escenario que ya se vivió durante la etapa más álgida de los ataques hutíes a buques comerciales entre 2023 y 2025.

El bloqueo hutí, sumado al cierre del estrecho de Ormuz por la guerra entre Estados Unidos e Irán, convierte al mar Rojo en un cuello de botella crítico para la economía global y la seguridad energética de España.

El contexto geopolítico agrava la situación. El estrecho de Ormuz, otro de los puntos de estrangulamiento marítimo clave, permanece cerrado desde el estallido de la guerra abierta entre Washington y Teherán. Este mismo martes, según la información proporcionada por la fuente original, la aviación estadounidense bombardeó posiciones iraníes por décima noche consecutiva, mientras ambas capitales daban por rota la tregua que había entrado en vigor en mayo de 2025. Con dos de los tres principales chokepoints —Ormuz y Bab el-Mandeb— bajo amenaza simultánea, la presión sobre las cadenas de suministro energético alcanza cotas no vistas desde la crisis de los petroleros en los años ochenta.

Los hutíes ya demostraron su capacidad de perturbar el tráfico marítimo durante la guerra de Gaza, cuando lanzaron misiles y drones contra cargueros en solidaridad con los palestinos. Aquellos ataques cesaron en mayo de 2025, tras un alto el fuego pactado con Estados Unidos. El nuevo bloqueo contra Arabia Saudí rompe esa tregua de facto y abre una fase de incertidumbre para las armadas desplegadas en la zona, incluida la española a través de la operación Atalanta de la UE.

Equilibrio de Poder

La declaración hutí sitúa a la administración Trump —ya enfrascada en una guerra con Irán— ante una escalada simultánea en otro flanco. Mientras el Pentágono concentra sus recursos en el golfo Pérsico, el mar Rojo se convierte en una segunda línea de combate que Riyad difícilmente podrá gestionar en solitario. La doctrina de “máxima presión” contra Teherán está encontrando una respuesta asimétrica en Yemen, y el bloqueo naval es la última iteración de una estrategia que busca multiplicar los frentes para el bando saudí-estadounidense.

Para España, el impacto es directo. El gas natural licuado (GNL) que llega a las plantas de regasificación de Barcelona, Huelva o Cartagena atraviesa buena parte del recorrido por el mar Rojo y Suez; cualquier interrupción prolongada elevaría los precios mayoristas y tensionaría aún más la factura energética de empresas y hogares. Además, la presencia de la fragata Navarra en la operación Atalanta podría requerir un repliegue o una redefinición de sus reglas de enfrentamiento, algo que en Moncloa y en el Ministerio de Defensa se sigue con preocupación desde el inicio de la crisis del Golfo.

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La lectura estratégica a medio plazo es tan inquietante como familiar: cada vez que un conflicto bloquea Ormuz, el precio del crudo se dispara, y cada vez que se añade Bab el-Mandeb, la factura energética europea se duplica en semanas. La diferencia con 2024 es que ahora ambos puntos están comprometidos a la vez y ninguna diplomacia parece capaz de desactivar la mecha. El Consejo de Seguridad de la ONU, paralizado por el veto ruso y estadounidense, difícilmente ofrecerá una salida rápida. La próxima reunión de la Organización Marítima Internacional prevista para septiembre será el primer test de si la comunidad internacional puede articular una respuesta colectiva o si, como tememos, asumirá la militarización del mar Rojo como la nueva normalidad.