Inflación de la eurozona en julio: cae al 2,8% y aleja la presión sobre el BCE

El descenso de los precios en junio, el primero en 202, refuerza la pausa en la reunión del BCE de esta semana. España sigue siendo el país con mayor inflación (3,6%), lo que eleva la presión sobre el Gobierno y el Banco de España.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La inflación de la eurozona cayó en junio al 2,8%, frente al 3,2% de mayo, según Eurostat.
  • ¿Quién está detrás? El BCE se reúne el jueves. La moderación de precios refuerza una pausa en la subida de tipos, aunque la tensión en Irán podría reactivar el encarecimiento energético.
  • ¿Qué impacto tiene? España sigue a la cabeza (3,6%), lo que dificulta la competitividad y presiona al Gobierno a tomar medidas adicionales. La incertidumbre sobre la inflación subyacente y los servicios mantiene al BCE en modo “esperar y ver”.

La inflación de la eurozona dio en junio su primera tregua del año. El dato mensual, publicado este viernes por Eurostat, situó la tasa interanual en el 2,8%, un descenso de cuatro décimas desde el 3,2% de mayo. La mejora, extendida a 22 de los 27 Estados miembros de la UE, apuntala la tesis de que el Banco Central Europeo mantendrá los tipos de interés sin cambios en la reunión que celebra este mismo jueves.

Primer descenso de los precios en 202

La moderación fue general. La inflación subyacente (que excluye energía, alimentos, alcohol y tabaco) bajó del 2,6% al 2,4%, la energía se enfrió del 10,8% al 8,5% los servicios se moderaron del 3,5% al 3,2%. Solo cinco países registraron aumentos de precios, entre ellos Eslovenia y Estonia. La lectura es clara: el ciclo de recalentamiento de precios, que llevó al BCE a elevar la tasa de la facilidad de depósito del 2% al 2,25% hace apenas un mes, podría estar agotándose.

El comodín del petróleo: la guerra de Irán

BCE tipos interés

Sin embargo, el fantasma del petróleo sigue sobre la mesa. La guerra en Irán ha vuelto a encresparse. Tras un efímero alto el fuego que empujó el Brent hasta los 72 dólares, los choques entre Estados Unidos y Teherán han relanzado el barril hasta los 87 dólares. Esta escalada abre la posibilidad de una subida inesperada de tipos, como advierte ING, aunque el banco holandés ve más plausible que el BCE actúe en septiembre, cuando disponga de nuevas proyecciones económicas.

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La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha insistido en que las decisiones se toman «reunión a reunión». En Sintra, recordó que las proyecciones sitúan el regreso al 2% a finales de 2027 y que no hay una senda predeterminada. La reunión de esta semana no incluye revisión de previsiones, lo que da margen para aguardar.

España es, una vez más, la nota discordante. Con un 3,6%, la inflación española es la más alta de las grandes economías de la zona euro (Alemania: 2,4%; Francia: 2%; Italia: 3%). La brecha de precios respecto a sus socios erosiona la competitividad de las exportaciones y alimenta el debate sobre la política fiscal y las medidas de contención del precio de la energía. El Gobierno de Sánchez, que ya tiene planificado un paquete de ayudas, se juega buena parte de su credibilidad en la contención inflacionista. La cesta de la compra y la vivienda siguen tirando al alza, con el sector servicios mostrando una resistencia incómoda.

La pausa del BCE es una buena noticia para las cuentas de las familias y las empresas españolas, pero el diferencial de inflación con Europa se convierte en una soga que aprieta cada mes que pasa.

El pulso de los bancos centrales globales añade otra capa de complejidad. La Reserva Federal de Estados Unidos mantuvo sus tipos en el rango 3,50%-3,75% en junio, pero el tono más restrictivo de su nuevo presidente, Kevin Warsh, inquieta a los mercados. El Banco de Inglaterra también frenó, aunque dos miembros del comité votaron por subir al 4%, y el Banco de Japón elevó sus tasas al 1%, el nivel más alto en 31 años. El BCE, que fue pionero en endurecer, se enfrenta ahora a la disyuntiva de seguir apretando o frenar en seco.

El Eje del Poder Europeo

El descenso de la inflación tiene un claro ganador: el ala sur de la eurozona. Países como España, Italia o Grecia, con deudas públicas elevadas, respiran aliviados cuando los tipos de interés dejan de subir. Sin embargo, la tensión latente del petróleo y la resistencia del sector servicios muestran un equilibrio frágil. La cancillería alemana, siempre vigilante de la ortodoxia monetaria, no ha elevado protestas por ahora, pero el Bundesbank ya ha deslizado que la batalla contra la inflación no está ganada. En París, el Elíseo ve con buenos ojos cualquier alivio que facilite la inversión verde, pero la inquietud por los precios energéticos es máxima tras el invierno pasado.

Para España, el escenario es agridulce. La moderación general reduce la presión para que el Banco Central Europeo vuelva a subir, lo que mantiene el coste de la deuda bajo control. Pero la persistencia del diferencial inflacionario —3,6% frente al 2,8% de la zona euro— pone a prueba la eficacia de las políticas domésticas. En Moncloa, donde se preparan los Presupuestos Generales del Estado para 2027, la cifra del 3,6% es un jarro de agua fría. El margen fiscal, ya ajustado por las reglas comunitarias, se resiente de un IPC que no cede al ritmo de los socios. Las familias, castigadas por los alimentos y la energía, apenas perciben la “tregua” que celebra Bruselas.

En el tablero europeo, el BCE navega en aguas desconocidas. La combinación de una guerra en Irán avivando los precios del crudo, la incertidumbre sobre los salarios en el sector servicios y la divergencia de ciclos económicos entre el norte y el sur retrata un dilema existencial. Una pausa parece lo más probable, pero la historia reciente demuestra que una escalada del conflicto en Oriente Medio puede desencadenar un nuevo repunte inflacionista en semanas, obligando a Fráncfort a mover ficha. Como ocurrió en la crisis del euro, la política monetaria única vuelve a mostrar sus costuras: lo que es bueno para Alemania no lo es para España, y viceversa.

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De momento, el BCE mantiene los tipos en el 2,25%, pero los mercados ya descuentan otra subida en otoño si la energía se desmanda. La pelota está en el tejado de la geopolítica.