Trump anuncia aranceles del 200% a genéricos en 2028: Bruselas invoca el pacto de Turnberry

La Casa Blanca mantendrá los gravámenes al 0% hasta agosto de 2028, pero la subida escalonada amenaza las exportaciones farmacéuticas europeas. España, cuarto productor de genéricos de la UE, se enfrenta al desabastecimiento en el mercado estadounidense.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Donald Trump ha anunciado aranceles del 200% a los medicamentos genéricos importados, con un periodo de gracia hasta agosto de 2028.
  • ¿Quién está detrás? La Casa Blanca, que justifica la medida para forzar la relocalización de la producción farmacéutica en EE.UU.
  • ¿Qué impacto tiene? Bruselas invoca el pacto de Turnberry para proteger las exportaciones europeas, pero el sector español teme un colapso del mercado estadounidense y una guerra comercial farmacéutica.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este martes un plan para elevar hasta el 200% los aranceles a los medicamentos genéricos importados, aunque mantendrá los gravámenes al 0% durante los próximos dos años para dar tiempo a las farmacéuticas a trasladar su producción a territorio estadounidense.

El esquema, comunicado por el propio mandatario en redes sociales, establece tres fases: los genéricos seguirán libres de impuestos aduaneros hasta agosto de 2028; a partir de entonces, la tasa saltará al 100% durante doce meses, y en agosto de 2029 se aplicará definitivamente el arancel del 200% a todas las importaciones de este tipo de fármacos.

“Esto se hace para fomentar la relocalización de la producción farmacéutica de genéricos en Estados Unidos, con una penalización para las empresas que no construyan plantas y equipos dentro del plazo establecido”, advirtió Trump, que no ha dudado en alardear de que “se están construyendo instalaciones farmacéuticas a un ritmo sin precedentes” en el país.

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Bruselas responde con el pacto de Turnberry

Ante el anuncio, la Comisión Europea ha reaccionado de inmediato invocando el pacto de Turnberry, un acuerdo bilateral firmado en 2019 que blinda el comercio de genéricos entre la UE y Estados Unidos frente a barreras arancelarias unilaterales. La interpretación de Bruselas es clara: los fármacos europeos deben quedar exentos de cualquier subida que no haya sido negociada de forma conjunta. Fuentes comunitarias consultadas por Moncloa.com confirman que ya se ha activado el mecanismo de consultas previsto en el tratado.

El comisario de Comercio, en un comunicado breve, ha recordado que “el acceso a medicamentos asequibles no puede ser rehén de estrategias electorales” y ha advertido de que la UE está dispuesta a defender los intereses de su industria farmacéutica, que exporta a EE.UU. cerca de 40.000 millones de euros anuales en genéricos. La referencia al pacto de Turnberry, sin embargo, abre un frente diplomático delicado: Washington podría cuestionar su vigencia o reinterpretar sus cláusulas, en un contexto en el que la Administración Trump ya ha impuesto aranceles del 100% a los medicamentos patentados —que aún no han entrado en vigor— con una tasa reducida al 15% para los procedentes de la UE.

La escalada arancelaria de Trump no solo castigará a la industria farmacéutica europea: amenaza con vaciar las farmacias estadounidenses de genéricos asequibles, precisamente los que más consumen los hogares con menos recursos.

El sector, que conoce bien las consecuencias de guerras comerciales anteriores con el acero o el aluminio, teme que la exención temporal sea solo una tregua antes de una sacudida estructural. “Dos años no bastan para levantar fábricas desde cero, y menos en un sector tan regulado”, explica un portavoz de Farmaindustria a este medio. La patronal española insiste en que la incertidumbre paralizará inversiones ya planificadas.

El agujero español: genéricos que no llegarán a EE.UU.

España es el cuarto productor de medicamentos genéricos de la Unión Europea, con un volumen de exportación hacia Estados Unidos que supera los 2.500 millones de euros al año, según datos de la Agencia Española de Medicamentos. La planta de Alcalá de Henares, uno de los grandes centros de producción mundial, destina casi el 60% de su fabricación al mercado norteamericano. “Si el arancel se aplica, sencillamente dejaremos de vender allí”, sentencia un directivo de una de las compañías afectadas. El resultado inmediato sería un desabastecimiento de fármacos básicos como la metformina, los antihipertensivos o los antibióticos más comunes en las farmacias estadounidenses.

La administración Trump, sin embargo, confía en que la amenaza arancelaria obligará a los grandes laboratorios a construir centros de producción en suelo americano. Pero los plazos no cuadran: la construcción de una planta de genéricos puede llevar entre cuatro y seis años, y la rentabilidad solo se alcanza con grandes volúmenes de producción que el mercado estadounidense, por sí solo, no garantiza. “Es una jugada de presión, no una política industrial”, resume un analista del Real Instituto Elcano. Mientras, la industria española ya estudia redirigir sus exportaciones hacia Canadá o Latinoamérica si el escenario se complica.

El Eje del Poder Europeo

El pulso arancelario con Estados Unidos resucita viejas tensiones comerciales que la UE creía superadas con el diálogo transatlántico impulsado tras los aranceles al acero de 2018. Entonces, Bruselas respondió con represalias selectivas a productos icónicos como las motos Harley-Davidson, el bourbon o los vaqueros Levi’s, y logró sentar a Washington a negociar. Hoy, la Comisión Europea vuelve a manejar una lista de bienes estadounidenses susceptibles de represalia —desde maquinaria agrícola hasta componentes electrónicos—, pero es consciente de que un enfrentamiento en el sector farmacéutico tendría un coste humano y político mucho mayor.

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El pacto de Turnberry es la baza jurídica de Bruselas, pero su eficacia depende de la voluntad de ambos signatarios. En Berlín y París, la respuesta ha sido cautelosa: Francia insiste en que la UE no debe dejarse arrastrar a una escalada, mientras que Alemania, con una potente industria de genéricos, presiona para que se active el mecanismo de consultas del tratado con la mayor rapidez posible. Entre los países del sur, la preocupación es máxima: España e Italia —que juntos representan casi el 30% de las exportaciones de genéricos de la UE a EE.UU.— han pedido una reunión urgente del Consejo de Asuntos Exteriores dedicada a las consecuencias del plan de Trump.

La lectura estratégica de Moncloa es inquietante: el Gobierno español sabe que la imposición de aranceles del 200% supondría la pérdida inmediata de un mercado que absorbe buena parte de la producción nacional de genéricos, con un impacto directo en el empleo de zonas como la Comunidad de Madrid o Cataluña. Además, teme que la medida precipite una guerra comercial farmacéutica que afecte a la disponibilidad de fármacos en ambos lados del Atlántico. El precedente de los desabastecimientos durante la pandemia de COVID-19, cuando la dependencia de China dejó a la UE sin principios activos, está muy fresco en la memoria de los negociadores europeos. Bruselas no quiere repetir ese error, pero esta vez el riesgo viene de su principal aliado comercial.

El reloj ya corre: los dos años de margen son, en realidad, un plazo de incertidumbre total. Mientras tanto, la industria farmacéutica española se prepara para un escenario en el que la locución “desabastecimiento” se convierta en algo más que un sustantivo de lujo.