Economía Alicante 2026: récord de empleo pero salarios bajos, inflación alta y vivienda disparada, según Ineca

El Instituto de Estudios Económicos de la Provincia de Alicante (Ineca) presenta su informe del primer trimestre de 2026, que muestra una economía pujante en empleo y actividad empresarial, pero que no logra mejorar la renta per cápita, los salarios siguen entre los más bajos de

La provincia de Alicante ha registrado un récord histórico de 750.879 afiliados a la Seguridad Social en el primer trimestre de 2026. Pero esa cifra, la más alta para un mes de marzo, oculta una realidad tozuda: el PIB per cápita alicantino sigue en el puesto 42 de 52 provincias españolas, según el último informe de coyuntura del Instituto de Estudios Económicos de la Provincia de Alicante (Ineca).

Crece, sí. Pero no enriquece.

El estudio, presentado por el presidente de Ineca, Alfredo Millá, y su director general de Estudios, Santiago Carbó, desmenuza una paradoja que define la economía alicantina: la provincia genera empleo y empresas a ritmo récord, pero los salarios siguen siendo bajos, la inflación castiga más que en el resto del país y el acceso a la vivienda se convierte en un privilegio para pocos. “Hay que crecer de otra manera para que el bienestar llegue a todos los estamentos sociales”, ha advertido Millá.

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Un crecimiento que no se traduce en riqueza

Los 750.879 afiliados suponen el mejor mes de marzo de la serie histórica. La creación de sociedades mercantiles crece un 30,3% y el tráfico aéreo supera los 3,9 millones de pasajeros. Son datos que reflejan dinamismo, pero no corrigen las fracturas de fondo.

Con 2.030.037 habitantes, Alicante es la cuarta provincia más poblada de España, pero su PIB per cápita (23.539 euros) apenas alcanza el 76% de la media nacional. La brecha de productividad se mantiene. Mientras la afiliación marca máximos, la tasa de paro EPA se sitúa en el 12,87%, casi dos puntos por encima del promedio nacional (10,83%). “El mercado de trabajo crea empleo, pero no al ritmo suficiente para cerrar una brecha de desempleo estructural que tiene raíces profundas”, señaló Francisco Llopis, autor del informe.

La inflación agrava la sensación de estancamiento. El IPC alicantino escaló al 3,64% en marzo, por encima del 3,45% estatal. Durante años, Alicante gozó de una inflación más baja que la media; esa ventaja ha desaparecido. En un territorio con la base media de cotización en el puesto 47 de 52 provincias, la subida de precios silenciosa erosiona el poder adquisitivo de trabajadores y pensionistas. Además, la no deflactación de las tablas del IRPF hace que la recaudación del impuesto crezca un 10,3% sin que haya una mejora real de la renta.

La provincia genera empleo a un ritmo histórico pero no logra convertir ese vigor en mayor bienestar para sus habitantes.

Vivienda: el privilegio de vivir donde se trabaja

El precio del suelo urbano se disparó un 30,1% interanual, hasta los 274,8 euros el metro cuadrado, casi el triple que en el conjunto de España. Mientras, las operaciones de compraventa cayeron un 13,4%. Menos transacciones con precios al alza revelan un mercado fracturado: compradores solventes —nacionales y extranjeros— y trabajadores locales que quedan fuera. Con las viviendas terminadas retrocediendo un 27,2% y la demanda firme, la presión sobre los precios no se aliviará en el corto plazo.

La disociación entre el lugar de trabajo y el lugar donde se puede vivir es, a juicio de Millá, “el desafío social más urgente” de la provincia. El presidente de Ineca ha insistido en la necesidad de políticas activas de vivienda asequible para que “quien sostiene la economía de la provincia no quede excluido de vivir en ella”.

A ello se suma una paradoja financiera: Alicante capta 43.721 millones de euros en depósitos (la quinta provincia española en este capítulo) pero solo otorga 0,75 euros de crédito local por cada euro depositado. El ahorro alicantino financia el crecimiento de otras regiones mientras la propia provincia perpetúa una base productiva de bajo valor añadido.

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El Escenario Valenciano

El informe de Ineca no ha suscitado, por ahora, una reacción oficial del Consell que preside Juanfran Pérez Llorca (PP-Vox). Sin embargo, sus conclusiones encajan en un debate latente dentro de la política valenciana: la necesidad de un cambio de modelo productivo. Tanto el PSPV como Compromís han reclamado en las Corts Valencianes un plan de reindustrialización y mejoras en la financiación autonómica precisamente para atajar brechas como las que denuncia el estudio.

En la dimensión nacional, la radiografía alicantina coloca sobre la mesa la reforma del sistema de financiación regional, una promesa incumplida del Gobierno de Pedro Sánchez. La Comunitat Valenciana arrastra una infrafinanciación crónica y los datos de Alicante —con un PIB por habitante en el puesto 42 y salarios entre los más bajos— ilustran las consecuencias de esa asimetría. Mientras, la subida del IRPF sin deflactar que señala el informe es una cuestión que compete al Ministerio de Hacienda, lo que sitúa el debate en clave estatal.

De cara a los próximos meses, el Consell deberá decidir si incorpora las recomendaciones del informe —políticas de vivienda asequible, deflactación de tablas fiscales o apuesta por sectores de mayor valor añadido— en el Presupuesto de la Generalitat para 2027. La oposición ya tiene un argumentario cuantificado.

Ficha del Caso

  • El caso: El informe de coyuntura del primer trimestre de 2026 elaborado por Ineca revela que Alicante bate récords de empleo (750.879 afiliados) y creación de empresas, pero sigue con un PIB per cápita bajo (puesto 42 de 52), salarios reducidos, inflación superior a la media (3,64%) y precios de vivienda disparados (el suelo sube un 30,1%).
  • Datos importantes: PIB per cápita de 23.539 euros (75,99% de la media nacional), tasa de paro EPA del 12,87%, IPC provincial del 3,64% frente al 3,45% estatal, precio medio del metro cuadrado de suelo urbano en 274,8 euros (+30,1%), depósitos de 43.721 millones de euros con un ratio de crédito local del 0,75.
  • Resumen: La economía alicantina crece en volúmen pero no logra convertir ese vigor en calidad de vida para sus ciudadanos. Las brechas de productividad, vivienda y poder adquisitivo exigen políticas activas que el Consell y el Gobierno central aún no han articulado.