EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Sajonia-Anhalt celebra elecciones regionales este domingo con la ultraderechista AfD como clara favorita en los sondeos.
- ¿Quién está detrás? La AfD de Ulrich Siegmund supera el 40% en intención de voto, muy por delante de la CDU del presidente regional Sven Schulze.
- ¿Qué impacto tiene? Si obtiene mayoría absoluta, sería el primer gobierno regional de extrema derecha en Alemania desde 1945 y una prueba de fuego para el cordón sanitario europeo.
Alemania vota este domingo en Sajonia-Anhalt con la ultraderechista AfD al borde de un resultado inédito: su primer gobierno regional desde 1945. Unos 1,7 millones de electores están llamados a las urnas y los colegios permanecen abiertos hasta las 18:00. Las encuestas sitúan a la AfD con más del 40% de los votos, muy por delante de la CDU (23%) que lidera el presidente regional Sven Schulze.
La campaña llega a su fin con un clima tenso. Según el Politbarómetro de ZDF, un 26% de los votantes seguía indeciso en la recta final. Esa bolsa de indecisión es clave: el cabeza de lista de la AfD, Ulrich Siegmund, ha anunciado que solo quiere gobernar con mayoría absoluta de su partido. Para conseguirla, su formación necesita que pocos partidos pequeños superen la barrera del cinco por ciento.
Lo que se decide en Magdeburgo: mayoría absoluta o bloqueo
El reparto de escaños en el Landtag de Magdeburgo depende de cuántos partidos entren en el parlamento regional. Cuantos más superen el umbral del cinco por ciento, menores son las opciones de la AfD de alcanzar la mayoría absoluta de diputados. Ese cálculo ha llevado a distintos colectivos a pedir un voto táctico, una recomendación que incomoda a casi todo el arco político.
AfD, CDU, Die Linke, SPD, FDP y BSW, ven con recelo la campaña de voto útil. Solo Los Verdes la respaldan de forma explícita. La aritmética es tan ajustada que el resultado puede oscilar entre una mayoría clara para la extrema derecha y un bloqueo parlamentario que obligue a negociar una coalición sin precedentes.
El presidente regional Sven Schulze, de la CDU, lucha por mantenerse en el cargo. Los democristianos descartan una coalición con la AfD, pero su margen de maniobra es limitado: la cláusula de incompatibilidad aprobada en congreso les impide también pactar con Die Linke. Cualquier salida de gobierno requeriría romper ese doble bloqueo.
El cordón sanitario alemán se juega su supervivencia
El sistema político alemán ha mantenido desde 1945 un cordón sanitario frente a la extrema derecha. Esa barrera se ha sostenido incluso cuando la AfD crecía en el este del país. Este domingo, por primera vez, la Oficina para la Protección de la Constitución de Sajonia-Anhalt —dependiente del Ministerio del Interior que dirige la CDU— tendría que gestionar la posibilidad de un gobierno encabezado por un partido al que considera firmemente de extrema derecha.
El bloqueo institucional no es solo jurídico: es político y social. El propio Siegmund solo contempla gobernar en solitario, lo que reduce las opciones de una coalición de contención. Los colegios electorales cierran a las 18:00 y, a partir de esa hora, solo votarán quienes hayan llegado antes del cierre.
El resultado de Sajonia-Anhalt no se mide solo en escaños: se mide en la salud del cordón sanitario que ha sostenido la democracia alemana desde 1945.

El Eje del Poder Europeo
Desde Bruselas, la jornada electoral se sigue con una mezcla de cálculo y contención. Si la AfD logra gobernar, se abriría una crisis de legitimidad en el corazón del proyecto europeo. Alemania no es cualquier socio: es el principal contribuyente neto, el ancla del eje franco-alemán y el guardián del consenso sobre el Estado de Derecho. Un gobierno regional encabezado por la ultraderecha en Magdeburgo daría munición a los partidos que, en otros Estados miembros, reclaman acabar con el cordón sanitario.
Para España, la lectura es múltiple. El Gobierno de Pedro Sánchez no se juega una transposición directa, pero sí el relato europeo. Moncloa ha defendido históricamente que los valores del artículo 2 del Tratado de la UE —democracia, Estado de Derecho, derechos fundamentales— deben condicionar el acceso a los fondos europeos. Si Berlín tuviera que gestionar internamente un desafío de este calado, la presión para flexibilizar esos mecanismos crecería.
Observamos un precedente incómodo: cada vez que la extrema derecha ha avanzado en un Estado miembro grande, el debate sobre el respeto a los valores fundacionales de la UE se ha reabierto con más dureza. Pasó con Austria, con Italia y, en menor medida, con Francia. La diferencia en Alemania es estructural: no hablamos de un socio menor, sino del Estado que fija los equilibrios monetarios y presupuestarios del euro.
La próxima ventana crítica será la noche electoral y, después, la formación de gobierno en Magdeburgo. Si la AfD se queda a las puertas de la mayoría, el cordón sanitario habrá resistido una prueba más. Si la alcanza, Europa se verá obligada a decidir cuánto margen tolera a un gobierno alemán que desafía sus propios cimientos.

