Trump firma una orden ejecutiva para restaurar la confianza en el Smithsonian ante la ‘captura ideológica’

La orden ejecutiva, firmada el 24 de julio, denuncia la 'captura ideológica' del Museo Nacional de Historia Americana y ordena avisos temporales para los visitantes. La Casa Blanca acusa al Smithsonian de usar la historia como herramienta de transformación social.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Donald Trump firmó el 24 de julio una orden ejecutiva que denuncia la ‘captura ideológica’ del Museo Nacional de Historia Americana (Smithsonian) y ordena instalar carteles advirtiendo a los visitantes.
  • ¿Quién está detrás? La Casa Blanca, a través del Secretario del Interior y el Consejo de Política Doméstica, ejecuta la medida basándose en un informe previo sobre la gestión histórica del museo.
  • ¿Qué impacto tiene? Para España, la decisión no tiene consecuencias económicas directas, pero sí un valor simbólico: ilustra la intensidad de la guerra cultural estadounidense y la reescritura del relato nacional desde el poder ejecutivo.

Donald Trump ha firmado este 24 de julio una orden ejecutiva que busca ‘restaurar la confianza’ en el Smithsonian y, en concreto, en su Museo Nacional de Historia Americana. La medida responde a un informe que, según la Casa Blanca, demuestra que el museo no presenta la historia como una herencia compartida que celebrar, sino como una ‘herramienta principal’ para ideas de justicia social y transformación radical de la sociedad.

La orden, titulada ‘Restaurando la confianza en la Institución Smithsonian’, insta al Secretario del Interior y al director de la Oficina de Gestión y Presupuesto a utilizar todos los mecanismos a su alcance para promover la política de la administración. Pero el gesto más visible es la instrucción de colocar señalización temporal en las aceras y caminos del Servicio de Parques Nacionales que dan acceso al museo, para advertir a los visitantes de las supuestas inexactitudes y de que las exposiciones deberían renovarse siguiendo las conclusiones del informe.

Además, aprovechando el 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia, la orden critica al museo por no haber honrado adecuadamente a los 56 firmantes y obliga a instalar exhibiciones temporales o carteles que corrijan la información ‘inexacta’. Es una intervención directa del poder ejecutivo sobre un espacio museístico con una carga simbólica enorme.

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Una guerra cultural que se libra en los museos

La orden ejecutiva es la continuación de la directiva 14253, ‘Restaurando la verdad y la cordura en la historia americana’, firmada en marzo de 2025. El informe del Consejo de Política Doméstica, titulado ‘Salvando la historia de América: cómo la captura ideológica en el Museo Nacional de Historia Americana del Smithsonian borra nuestro patrimonio’, es el combustible de esta nueva acción. Según la administración, la dirección actual del museo no puede contar la historia de Estados Unidos con honestidad ni gratitud.

La respuesta del ámbito cultural no se ha hecho esperar. Historiadores y directores de museos han recordado que el Smithsonian siempre ha gozado de independencia editorial en sus narrativas. Pero desde la llegada de Trump a la presidencia, el control del relato nacional se ha convertido en una prioridad. La Casa Blanca no solo quiere contar su versión: quiere que los visitantes sepan que otras versiones son, a su juicio, falsas.

La Lógica de Washington

Para entender por qué un presidente dedica una orden ejecutiva a los carteles de un museo, hay que mirar más allá de la anécdota. Washington no improvisa: el combate por la historia es uno de los frentes más activos de la coalición que sostiene a Trump. La base conservadora lleva años denunciando que el Smithsonian y otros grandes museos han adoptado un enfoque de la historia americana que pone el acento en la esclavitud, el colonialismo y las desigualdades, en detrimento de los logros fundacionales y los valores patrióticos.

Es un eco de la batalla cultural que los republicanos libraron en los años noventa contra las exposiciones del Smithsonian sobre el bombardeo atómico de Hiroshima o sobre la esclavitud. Entonces, el Congreso intervino para modificar contenidos. Ahora, Trump da un paso más: no solo critica, sino que crea un dispositivo físico de aviso, una suerte de ‘disclaimer’ ideológico en la vía pública. La orden busca señalar al museo como un espacio bajo sospecha, una dinámica que refuerza el relato de que las élites culturales han secuestrado la verdad.

Para España, la decisión no tiene un impacto directo en exportaciones o inversiones. Pero sí es un termómetro del clima político con el que deben lidiar las instituciones culturales españolas que colaboran con museos americanos o que aspiran a organizar exposiciones en EE. UU. El realineamiento ideológico de la Casa Blanca afecta a la diplomacia cultural y puede condicionar futuros intercambios con museos que no se alineen con el discurso oficial.

La orden de Trump sobre el Smithsonian no es una mera excentricidad: es la declaración de que la historia americana se contará bajo la supervisión del poder ejecutivo.

La proyección a corto plazo incluye la instalación de los carteles en las próximas semanas y la probable reacción del Congreso, donde los demócratas ya han anunciado que pedirán explicaciones al Secretario del Interior. También se espera una oleada de críticas desde el mundo académico, aunque la administración ha demostrado ser inmune a ellas. Cosas que pasan en 2026.

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Ficha del Caso

  • El caso: Donald Trump firma una orden ejecutiva que denuncia la ‘captura ideológica’ del Museo Nacional de Historia Americana y obliga al Servicio de Parques Nacionales a instalar carteles de advertencia en los accesos al museo.
  • Datos clave: La orden se basa en un informe del Consejo de Política Doméstica. Afecta al museo del Smithsonian que atrae millones de visitantes al año. Se enmarca en el 250 aniversario de la Declaración de Independencia.
  • Para España: Ningún impacto económico directo, pero la medida muestra el grado de intervención política en el relato cultural de EE. UU., un factor a considerar para futuras colaboraciones museísticas y diplomacia cultural entre ambos países.