Alemania: la confianza en la Bundeswehr cae al 30% y la mayoría rechaza subir impuestos

Solo tres de cada diez alemanes confían en que la Bundeswehr pueda defender el país, según una encuesta de YouGov. La mayoría rechaza financiar el rearme con más impuestos o recortes de servicios.

La confianza de los alemanes en su ejército se ha desplomado hasta el 30%, el nivel más bajo entre los países encuestados por YouGov. La encuesta ‘International Flagship Survey’ revela que el 70% de los ciudadanos no confía en que la Bundeswehr pueda defender el país ante un ataque. Solo tres de cada diez creen que sus Fuerzas Armadas están a la altura.

El sondeo, realizado entre el 17 de junio y el 1 de julio a 2.079 adultos, muestra un escepticismo generalizado. Aunque el 40% admite que Alemania gasta demasiado poco en defensa, la disposición a pagar esa factura es mínima. El 77% rechaza subir los impuestos, el 62% se opone a recortar servicios públicos y el 59% desaprueba aumentar la deuda pública. Un cóctel que deja al Gobierno de Berlín con las manos atadas.

El país más escéptico de los siete

Alemania registra la peor valoración entre los siete países del estudio. En Polonia, un 57% duda de su ejército; en Reino Unido y Australia, un 53%; en Canadá, un 48%. Por contraste, el 52% de los franceses y el 77% de los estadounidenses sí confían en sus capacidades militares. Los datos subrayan una fractura dentro de la OTAN que va más allá del presupuesto.

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En esta redacción lo observamos como un síntoma de una desafección que no es nueva. La Bundeswehr arrastra problemas de personal, material obsoleto y una cultura de defensa debilitada décadas de paz. La reintroducción en enero de un sistema de registro militar reavivó el debate y las protestas. Según Deutsche Welle, las objeciones de conciencia se han disparado entre los jóvenes.

El dilema fiscal de un rearme que nadie quiere pagar

El gobierno alemán ha adoptado un plan para aumentar el gasto militar y expandir la tropa activa de 183.000 a 260.000 efectivos, además de elevar la reserva a 200.000. Pero el coste choca con una economía atenazada por la crisis del coste de la vida y los altos precios de la energía, agudizados por la ruptura con el gas ruso y la guerra en Oriente Medio.

Que el 77% rechace más impuestos no es sorpresa. La novedad es que ni siquiera la amenaza de Trump —que ha renovado sus advertencias de abandonar la OTAN si los europeos no se implican en la operación militar contra Irán— haya hecho mella. Trump tilda a la Alianza de ‘tigre de papel’, pero los alemanes no están dispuestos a rascarse el bolsillo.

Moscú, mientras tanto, condena lo que llama la ‘militarización’ de Alemania. Putin repite que no atacará a un miembro de la OTAN a menos que sea atacado primero. Pero la desconfianza germana no se alimenta tanto de la amenaza directa rusa como de la percepción de un ejército incapaz de cumplir su misión constitucional.

Berlín quiere más soldados, pero los ciudadanos ni confían en ellos ni quieren pagar la factura.

Equilibrio de Poder

El desplome de la confianza en la Bundeswehr resquebraja uno de los pilares de la defensa europea. Alemania es el motor económico del continente y, en teoría, el socio clave para que la OTAN pivote hacia una autonomía estratégica. Sin respaldo social, el incremento prometido del gasto militar queda en papel mojado. La lectura desde Moncloa es incómoda: si Berlín flaquea, España —que ya arrastra un déficit de inversión crónico— perderá al principal aliado continental para negociar frente a Washington y Moscú.

Para España, el impacto va más allá del gasto. La fragilidad alemana debilita el flanco sur de la OTAN, donde la Península Ibérica juega un papel de retaguardia logística y de proyección hacia el Magreb y el Sahel. Las bases de Rota y Morón se convierten en activos todavía más esenciales si la Alianza no puede contar con un socio fiable en el centro de Europa. Y la presión de Trump para que los aliados destinen el 5% del PIB —una cifra que Sánchez ha esquivado hasta ahora— se vuelve más difícil de aplazar sin el paraguas político alemán.

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En el plano histórico, la situación recuerda a los debates de la posguerra fría, cuando la defensa mutua era un valor compartido que no se discutía en términos de coste fiscal. Hoy, la crisis energética y la inflación han devuelto el proteccionismo monetario a las capitales. La diferencia es que entonces la amenaza convencional rusa parecía remota; ahora, con Ucrania en guerra abierta, la desconfianza social es un lujo estratégico que Europa no puede permitirse. A diez años vista, si Alemania no resuelve su paradoja fiscal y militar, la OTAN corre el riesgo de convertirse en una alianza de dos velocidades: los que pueden defenderse y los que prefieren no tener que pagar por ello.

Seguiremos de cerca los próximos sondeos y el debate parlamentario sobre los presupuestos de defensa de 2027, que se perfila como el primer test real para este nuevo escepticismo alemán.

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