Un caso pionero que quita el escudo a las petroleras
Una mujer falleció por golpe de calor durante el día más caluroso de la historia del estado de Washington. Las temperaturas alcanzaron los 42 grados centígrados en junio de 2021 y los científicos concluyeron que aquella ola de calor habría sido “prácticamente imposible” sin el cambio climático. Ahora, un juez de King County ha permitido que la demanda por homicidio imprudente presentada por la hija de la víctima contra Exxon Mobil, BP, Chevron, Shell y otras grandes petroleras siga su curso hacia el juicio. Es la primera vez que un tribunal acepta analizar si la industria puede ser considerada responsable de una muerte concreta vinculada al calentamiento global.
El fallo es un hito, según Mike Meno, portavoz del Center for Climate Integrity. “Es la última modalidad de responsabilidad legal que las petroleras temen desesperadamente y van a luchar con uñas y dientes para evitarlo”, explica. La demanda alega que las compañías conocían desde hace décadas los efectos destructivos de las emisiones de combustibles fósiles, pero engañaron al público para retrasar cualquier acción que hubiera podido salvar a la madre de la demandante.
Una cuarentena de frentes judiciales abiertos y la fase de descubrimiento que inquieta al sector
Según la base de datos de litigios climáticos del Sabin Center de la Universidad de Columbia, ya hay cerca de 40 demandas activas contra petroleras en todo el país. Cinco de ellas —presentadas por Massachusetts, Vermont, Connecticut, el Distrito de Columbia y Honolulu— han superado los trámites iniciales y se encuentran en la fase de descubrimiento de pruebas, la antesala del juicio oral. En esa etapa, ambas partes tienen acceso a documentos internos y pueden interrogar a testigos, lo que pone a los ejecutivos del sector ante un escenario inédito: la posibilidad de tener que defender sus decisiones ante un jurado.
Algunos procedimientos, como el de Boulder (Colorado) contra Exxon Mobil y Suncor Energy, están a la espera de cómo resuelva el Tribunal Supremo un recurso clave este otoño. La ciudad reclama una compensación multimillonaria para sufragar los sobrecostes de adaptación a olas de calor, incendios e inundaciones. El resultado podría redibujar el mapa de los litigios climáticos.

“Estamos ante un goteo constante de reveses judiciales”, resume Meno. “Big Oil está en modo pánico”.
Las grandes petroleras se enfrentan a lo que más temen: un juicio con jurado que ponga precio a décadas de ocultación climática.
La contraofensiva: escudos de inmunidad y presión federal
La reacción del sector no se ha hecho esperar. El American Petroleum Institute, su principal grupo de presión, situó entre sus prioridades para 2026 “frenar la política extrema de responsabilidad climática”. Varios estados controlados por los republicanos —Utah, Iowa, Tennessee, Oklahoma y Luisiana— han aprobado leyes que blindan a las empresas de combustibles fósiles frente a demandas por emisiones de gases de efecto invernadero. Otras reformas han redefinido el concepto de “molestia pública” para bloquear este tipo de reclamaciones.
En paralelo, el Departamento de Justicia reorientó su actuación tras una orden ejecutiva firmada en 2025 por el presidente Donald Trump. El pasado mayo, la administración presentó su propia demanda contra Minnesota justo cuando el estado había logrado avanzar en la fase de descubrimiento de su litigio climático, argumentando que las reclamaciones locales interfieren con la regulación federal de las emisiones. La llegada de un veterano abogado de Exxon a la ahora rebautizada “División de Energía y Recursos Naturales” —antes “de Medio Ambiente”— completa el giro.
La ciencia de la atribución se consolida frente a los intentos de desprestigio
Mientras los tribunales avanzan, la ciencia de la atribución —que cuantifica la contribución del cambio climático e incluso de las emisiones de empresas concretas a fenómenos extremos— gana solidez. Un reciente y exhaustivo informe de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina concluye que las evidencias que vinculan el calentamiento global con las olas de calor, el frío extremo y las lluvias torrenciales son “cada vez más robustas”. El propio Trump ha arremetido contra la institución.
Las petroleras han intentado desacreditar el proceso antes de que la ciencia pueda usarse en los juicios. Una firma de investigación opositora solicitó los correos internos de los miembros del panel científico, y varios fiscales generales republicanos presionaron para que el Federal Judicial Center retirara de su manual de referencia un capítulo sobre clima. El centro aceptó; las Academias Nacionales, no.
Análisis: el riesgo legal silencioso que ya pesa sobre la valoración del sector
El precedente no es trivial. Big Tobacco pagó cientos de miles de millones de dólares en indemnizaciones cuando se demostró que había mentido sobre los riesgos del tabaco. El sector de los combustibles fósiles teme una repetición del guion. “Ellos solo necesitan ganar una vez; nosotros tenemos que ganar siempre”, admitió Justin Anderson, abogado de Exxon, en un foro de la Federalist Society.
Las demandas climáticas han dejado de ser una anécdota legal para convertirse en un riesgo ESG material. Los inversores comienzan a descontar en sus modelos un posible pasivo que podría alcanzar cifras comparables a las de los grandes acuerdos por daños medioambientales. La paradoja es evidente: mientras la industria presiona para obtener inmunidad legislativa, el propio activismo corporativo reconoce implícitamente la solidez de las reclamaciones. Si el fondo del asunto fuera inconsistente, no haría falta mover tantos resortes políticos.
El eco de cada fallo judicial resuena más allá de las fronteras estadounidenses. La directiva europea sobre diligencia debida en sostenibilidad (CSDDD) ya abre la puerta a demandas transnacionales por daños climáticos. Lo que ocurra en los tribunales de Seattle o Honolulu será observado con lupa por despachos de abogados, aseguradoras y fondos de inversión de todo el mundo.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Por primera vez, la cadena de responsabilidad climática puede traducirse en indemnizaciones que reflejen el coste real de los fenómenos extremos, acelerando la internalización de las externalidades del carbono.
- Modelo que cambia: El blindaje legislativo que el sector obtiene en algunos estados choca con un frente judicial cada vez más activo; se rompe la idea de que las petroleras pueden externalizar los daños sin consecuencias financieras.
- Para las próximas generaciones: Las sentencias que obliguen a compensar el daño climático pueden redirigir miles de millones de dólares hacia la adaptación y la transición energética, reescribiendo el equilibrio entre el beneficio privado y la factura ambiental colectiva.

