Adiós a las ensaladas aburridas: el truco del ajo laminado para la mejor ensalada de pimientos asados

Dos ajos laminados dorados en buen aceite y un golpe de cebolleta fresca transforman el pimiento asado en una ensalada que repites todo el verano. Lista en 10 minutos si ya tienes los pimientos hechos.

La lechuga y el tomate cansan. Llega julio y el cuerpo pide frescura, pero sin caer en la monotonía de la ensalada de bolsa o la campera de siempre. La solución: la ensalada de pimientos asados, un plato que no necesita más que un buen pimiento rojo, ajo y cebolleta para brillar en la mesa. Es el clásico del verano que nunca falla, una guarnición tan sencilla que casi da vergüenza llamarla receta.

Todos hemos recurrido a los pimientos asados en conserva, pero nada como hacerlos en casa. El pimiento rojo está en su mejor momento y asarlo es tan sencillo como encender el horno y olvidarse durante 45 minutos. De hecho, yo suelo preparar cuatro o cinco de golpe y los guardo en la nevera: así esta ensalada se monta en apenas cinco minutos. Y la diferencia de sabor entre un pimiento de bote y uno recién asado es abismal.

El secreto del éxito

  • Asado impecable: Pimientos rojos carnosos, horneados a 200 ºC hasta que la piel se arruga y casi se quema. Después, sudan en una bolsa cerrada para pelarlos sin esfuerzo.
  • Ajo laminado, no picado: Cortar el ajo en láminas finas y dorarlo a fuego suave en aceite de oliva virgen extra. Así libera todo su aroma sin quemarse ni amargar.
  • Sal en escamas: Nada de sal fina de mesa. Las escamas o una sal gruesa de calidad aportan el crujiente final que contrasta con la melosidad del pimiento.

Con estos tres gestos, la ensalada de pimientos asados pasa de correcta a memorable.

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Ingredientes

  • 1 pimiento rojo asado (o más, según comensales)
  • 2 dientes de ajo
  • ½ cebolleta
  • Sal gruesa o en escamas
  • Aceite de oliva virgen extra

Si partes de pimientos ya asados, el trabajo es mínimo. En caso contrario, enciende el horno a 200 ºC, coloca los pimientos enteros, sin nada de aceite ni sal, y ásalos unos 45 minutos o hasta que la piel esté completamente arrugada y con ampollas oscuras. Mételos en una bolsa de plástico cerrada para que suden: cuando se enfríen, la piel saldrá sola. El vapor hace el resto. Puedes asarlos también en freidora de aire, como comentaré luego, pero el horno es más fiable para grandes cantidades.

Corta los pimientos en tiras de un dedo de grosor y colócalos en una fuente. Pica la cebolleta en juliana fina —casi transparente— y repártela por encima. La cebolleta fresca, con su punto crujiente y suave, es el contrapunto perfecto.

Lámina los ajos con paciencia. Calienta un buen chorro de de aceite de oliva virgen extra en una sartén pequeña y añade las láminas de ajo. Cocínalas a fuego bajo: queremos que se doren lentamente, no que frían. Cuando los ajos empiecen a coger un color dorado tostado (unos tres minutos), retira la sartén del fuego. Este es el paso que marca la diferencia: un ajo quemado amarga toda la ensalada; uno bien dorado perfuma el aceite y te regala ese toque a fruto seco que encaja de maravilla con el pimiento.

El truco de esta ensalada no está en los pimientos, sino en el aceite donde los ajos han soltado todo su perfume.

Deja que los ajos y el aceite se atemperen un par de minutos. Así evitas que el calor residual cueza la cebolleta cruda, que debe mantenerse viva y crujiente.

Luego vierte el contenido de la sartén —aceite aromatizado incluido— sobre los pimientos y la cebolleta. Notarás cómo el olor a ajo confitado llena la cocina.

Mezcla todo con suavidad y termina la ensalada de pimientos asados con un pellizco generoso de sal en escamas. No necesita más. Si quieres un punto ácido, unas gotas de vinagre de Jerez le van de maravilla, pero la receta original brilla sin él. La sal en escamas, además del punto justo de salinidad, añade un crujiente que contrasta con la textura sedosa del pimiento.

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Variaciones y maridaje

Esta ensalada de pimientos asados es tan versátil que se presta a mil combinaciones. Para un plato más contundente, añade un par de huevos duros en cuartos y unas anchoas de calidad: la salazón redondea el dulzor del pimiento. Si buscas una comida completa, mezcla la misma preparación con espaguetis fríos y un extra de aceite; tendrás una ensalada de pasta rápida y llena de sabor.

En cuanto al maridaje, un rosado navarro bien frío o un verdejo joven le van como anillo al dedo, ya que su acidez equilibra la untuosidad del aceite y el dulzor del pimiento.

Para los que usan freidora de aire, los pimientos asados salen perfectos a 200 ºC durante 25-30 minutos, con la ventaja de no encender el horno en pleno verano. Una vez asados, el proceso de aliño es el mismo.

Si el tiempo apremia, puedes usar pimientos asados en conserva de buena calidad. Escúrrelos bien y procede igual con el ajo laminado; la diferencia será menor de lo que imaginas.

La ensalada aguanta dos días en la nevera, pero el ajo pierde parte de su magia: mejor aliñar justo antes de servir.